Nunca más inoportunos los números que cuando pretenden sintetizar, caprichosamente, las realidades sociales. Nunca más desafortunada su difusión pública, cuando las estadísticas pretenden ser enarboladas como una verdad revelada. Tal es el inevitable efecto que logran en la opinión pública algunas de las mediciones hechas públicas esta semana por el director general de Estadística y Censos del Chubut, Fernando Laveglia.
DESOCUPACION
El funcionario suministró datos sobre la desocupación en la provincia, según encuestas del último trimestre de 2012. Expuso que la medición realizada en el aglomerado Comodoro-Rada Tilly arrojó un índice de desocupación del 4,2%, mientras que en Trelew-Rawson fue de 3,7%. En promedio, el índice de desempleo de la provincia sería de un 3,9%, ubicándose debajo de la media a nivel país, que se ubicó en el 7,1%.
Afirmó en tono celebratorio que desde el año 2006 estos datos se ubican entre los más bajos del país y de la región patagónica, a excepción de Río Gallegos, donde la desocupación es casi nula, pero con un 80% de empleo en el sector público. Y sostuvo que en Chubut dicha relación representa exactamente un 50 % de empleos dependientes de la administración estatal, y la mitad restante ofrecida por los privados en el comercio, industria y servicios.
Aún más surrealista fue el informe de Laveglia cuando se refirió al renglón de los “sub ocupados”. El técnico desnudó verdaderamente el imaginativo recurso de los sociómetras que –con una sola pregunta, y dando por infalible que todo entrevistado dice la verdad– determinan en forma inapelable la actitud global del universo de los encuestados: “si alguien trabaja menos de 30 horas en la semana que se le hizo la encuesta, pero no quiere trabajar más horas, es no demandante. Si requiere mayor trabajo, es demandante y por lo tanto se suma a la problemática del mercado laboral porque va a competir con quienes están buscando trabajo”.
De este modo, estipuló que a los desempleados se deben sumar los subocupados demandantes, pero aún en esos casos, dijo, los resultados muestran cifras bajas: en Comodoro hay un 1,9% y en Trelew, un 2,2%, por lo que la problemática laboral subiría al 7%. El funcionario concluyó enfatizando que en la provincia la desocupación es, en la práctica, la mitad del promedio nacional, que se ubica entre 13 y 14 por ciento.
INFORMACION
Desde aquellos tiempos en que la inefable Isabel Alf dirigía en los setenta y los ochenta el destino de las estadísticas provinciales, seguimos con fruición los datos que arrojan los inventarios humanos. El conteo de las personas, sus condiciones de vida, su crecimiento comunitario. Con aquella pudorosa funcionaria aprendimos a apreciar la relatividad de los resultados que tamaña tarea representa; sus informes a la prensa –generalmente requeridos por su riqueza informativa– resultaban prudentes clases magistrales sobre la cautela con que debían ser considerados. Más como herramienta para consumo interno de los gobernantes y sus decisiones, que para exhibir como catálogo de logros irrefutables.
Pero más allá de la imposibilidad de asignarles absoluta certeza, tanto como de considerarlos directamente inciertos, lo que en realidad preocupa son los efectos colaterales perniciosos que produce la alegre difusión de esos áridos trámites de gobierno.
EFECTOS
Y es que todavía castiga nuestras retinas uno que otro impactante reporte de los diarios de mayor circulación nacional en la década pasada, en que con exagerados titulares y escasa responsabilidad se presentaba a nuestra zona como la exultante meca del porvenir.
En marketineras redacciones porteñas se tomaba la laboriosa y seria recopilación de los corresponsales locales, y se les daba el toque “nota color” con recuadros, agregados y comparaciones, que eran una franca invitación a todo desocupado y mal entretenido del continente, a mandarse irreflexivamente hacia estas playas.
Aquellos irreflexivos ríos de tinta porteños en los diarios de mayor circulación, multiplicados al infinito por su mención en radios y televisoras incontables, son sin duda buena parte del origen del colapso de nuestras redes de servicios públicos esenciales en la última década. Lo que sería lo de menos: también fueron los propiciadores del turismo delictivo que aún en estos días soportamos.
Hay un parrafito más en las declaraciones del director de las estadísticas provinciales: “se considera empleado a una población que haya trabajado por los menos dos horas en la semana de referencia” en que se realizó la encuesta.
Preferimos pensar que hubo un error de transcripción del periodista. Nadie en su sano juicio puede confesar semejante cosa. Y mucho menos poner ese dato en manos de un gobernante, como instrumento para un buen gobierno.
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Por Daniel Alonso
- 12 mayo 2013