Sol y piel: el cuidado en los niños

La protección natural en la niñez no está desarrollada y en ellos el daño solar es máximo y acumulativo, de manera que una adecuada protección desde la infancia disminuirá el riesgo de desarrollar cáncer en la edad adulta.

El cáncer de piel puede prevenirse limitando la exposición solar mejorando los hábitos solares. La infancia, es un periodo de la vida en el cual es frecuente una exposición solar prolongada, debido sobre todo a los hábitos de juego de los niños.

La promoción de hábitos de protección solar en la infancia enseñando los efectos beneficiosos y perjudiciales del sol y como utilizar los fotoprotectores, tiene una importancia capital en la prevención del cáncer de piel.

Por tanto, el principal objetivo de la fotoprotección va a ser el de prevenir el daño que ocurre en nuestra piel como resultado de su exposición a la radiación ultravioleta (UV).

Dicha prevención es aconsejable a todas las edades, pero es en la población infantil y en los adolescentes en quienes se debe hacer especial énfasis. Los niños se consideran más susceptibles a los efectos nocivos de las radiaciones UV que los adultos por varios motivos.

Así, los episodios de quemaduras durante- la infancia y la adolescencia han sido propuestos como un factor de riesgo independiente para el desarrollo de melanoma en la vida adulta. Además, existe una asociación entre la exposición solar en la infancia y el desarrollo de nevus melanocíticos (lunares).

No obstante, tan importantes como estas justificaciones epidemiológicas son los aspectos pedagógicos; es decir, aquellos comportamientos que se adquieren de forma temprana, en la infancia, tienden a perdurar a lo largo de la vida más que los que se adquieren tardíamente: la niñez es una etapa crucial en el desarrollo, en la que existe una gran receptividad y permeabilidad para el aprendizaje y la asimilación de hábitos saludables duraderos y actitudes positivas para la salud.

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