Tiene ocho hijos y su casa está a punto de derrumbarse

Delia vive en el barrio Juan Corti, en Km 12, frente a Ciudadela, y desde hace más de un año pide una respuesta al IPV debido al estado de su vivienda. Las rajaduras de las paredes van de lado a lado y denuncia que el olor a gas es insoportable.

Delia y su familia viven desde hace seis años en una casa recuperada por el IPV en el barrio Juan Corti, ubicado en Km 12, frente a Ciudadela. Ubicada en la calle Cerro Torres 109, la vivienda permitía darles techo a sus ocho hijos y una nieta, pero todo cambió hace más de un año. La vivienda comenzó a hundirse y tiene pérdidas de gas. Los reclamos se multiplicaron, pero todavía no obtiene respuestas y teme que pase algo grave.

El 22 de diciembre de 2017, el IPV le cedió la vivienda recuperada. Los meses pasaron y el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) ofreció hacerle los papeles para que el inmueble pasara a su nombre. La docente no pudo afrontar los costos que implicaba la operación, por lo que el trámite quedó en stand by.

Los problemas comenzaron en pandemia. Las primeras grietas aparecieron en el piso y en algunas paredes. En el año 2021, las rajaduras comenzaron a ser cada vez más grandes y la situación se volvió más que preocupante.

En la casa viven Delia, su marido, ocho hijos y una nieta. El espacio lo reparten como pueden ante las diferentes grietas.

La habitación donde duermen sus hijos más pequeños tiene rajaduras por todos lados. La ventana está caída y no se puede cerrar. Las aberturas más grandes están en la base de las paredes, lo que hace que el techo tenga desprendimientos. Las grietas se esconden por las camas que ya no se puede correr por la cantidad de cajas que tiene en su vivienda porque no pueden acceder a un placard para guardar ropa y objetos.

En la cocina, las grietas van de par a par y la familia tuvo que sacar la alacena porque la pared se venía abajo. Los zócalos también sufren las consecuencias de estos problemas. La pared que separa el comedor de la cocina posee la grieta más grande de la casa que se extiende por una parte del techo.

El baño es el único espacio donde se pueden cerrar el ventiluz y las puertas, pero los azulejos se comenzaron a romper.

Hay un común denominador entre todos los ambientes y es que las ventanas no pueden cerrarse producto del hundimiento y las grietas de la casa. Las rajaduras también hicieron que cuando llueve, se inunde toda la vivienda.

A todos estos problemas se le suma el fuerte olor a gas. Delia teme que la presión de la casa haga que explote una cañería y provoque una tragedia.

“Se siente mucho olor a gas de noche. Estamos esperando una respuesta, no quiero que me regalen nada. Necesitamos una respuesta urgente porque un día puede explotar la cañería de gas por la presión de las paredes y puede pasar cualquier cosa. Cuando se arrima la puerta del comedor, la pared tiembla”, describió la mujer.

Los reclamos comenzaron hace tres años, pero todavía no hay respuestas por parte del IPV. El Concejo Deliberante envió una nota pidiendo ayuda al Gobierno provincial. Sin embargo, ésta nunca llegó.

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