La ciudad todavía espera por una ley que proteja su patrimonio histórico y cultural

En Comodoro Rivadavia hay más de 120 edificios, monumentos y objetos que han sido reconocidos como patrimonio histórico y cultural. También figuran en esa lista algunos patrimonios naturales, principalmente en Mosconi, Kilómetro 5, Kilómetro 8, Diadema y Astra, los cinco barrios que ya fueron declarados patrimonios históricos de la ciudad. Sin embargo, en el Concejo Deliberante todavía descansa una ordenanza que en caso de ser tratada permitirá regular la conservación de esos espacios públicos o privados para evitar que sean demolidos o que se deterioren por falta de mantenimiento, entre otros aspectos.

Compuesto por edificios y objetos que lograron sobrevivir al paso del tiempo o que alguien se encargó de preservarlos, el patrimonio es el reflejo de la historia de un país o de una ciudad. Constituye parte de la identidad de una comunidad.
En Comodoro Rivadavia esa herencia simbólica tiene un peso importante, tanto que incluso es una de las pocas ciudades de Argentina que cuenta desde 1985 con una ordenanza que determina cuáles son las condiciones que debe tener una pieza histórica para ser declarada como patrimonio y crea una comisión evaluadora encargada de esa tarea.
Así, hoy en esta ciudad existen 128 edificios, objetos y bienes culturales e incluso lugares naturales que constituyen el patrimonio de la ciudad.
En cuanto al patrimonio edilicio, la mayor parte está situado en el casco céntrico, por ser el núcleo de la historia, pero también se extiende a aquellos barrios que tuvieron un origen como campamentos petroleros. Es el caso de Kilómetro 3, Kilómetro 5, Kilómetro 8, Diadema y Astra.
Sin embargo, más allá de su importancia patrimonial, hoy ese centenar de lugares no están protegidos -aunque hay excepciones- ya que en el Concejo Deliberante todavía espera la sanción de un proyecto de ordenanza que fue enviado hace seis meses para que cada uno de estos lugares tenga una protección efectiva como sitio u objeto histórico.

UNA ORDENANZA
EN los CAJONes
Según explicó la arquitecta Sandra Cristiani, integrante de la Comisión Evaluadora del Patrimonio Histórico, Cultural y Natural (CPHCN) de Comodoro Rivadavia, y asesora técnica de la Secretaría Municipal de Cultura, el proyecto titulado "Listado de Nuevos bienes", tiene su base en una vieja ordenanza de 1989, que fue modificada en 2009, pero que nunca fue sancionada como tal.
Su objetivo es proteger legalmente cada uno de estos sitios y para ello se actualizó a modo de catálogo los bienes patrimoniales de los barrios antes mencionados, pero también de otros, indicando su ubicación, tipología, uso, antigüedad, propietario y si tiene dictamen o declaración a nivel municipal, provincial o nacional.
De esa forma, en el listado se puede encontrar desde el archivo fotográfico de Teo Nürnberg hasta la Casa Flagel edificada en 1910 en Kilómetro 3.
Si la ordenanza fuese tratada y aprobada por el Concejo, se completaría un proceso de transformación de cómo se considera al patrimonio en Comodoro Rivadavia, lo que comenzó en 2014 con el reconocimiento de los cinco barrios históricos (11501/14) y continuó con la sanción de la ordenanza (11533/14) que reimpulsó a la Comisión Evaluadora de Patrimonio Histórico, Cultural, y Natural de la ciudad.
Esta última ordenanza actualiza la aprobada en 1985 y permitió establecer los alcances e incumbencias de ese equipo de trabajo conformado por nueve profesionales de distintas disciplinas e instituciones que se especializan en patrimonio, ampliando también el peso de sus decisiones.
Es que la normativa legisla que la comisión debe asesorar tanto al Ejecutivo como al Legislativo, siendo su palabra vinculante. Por otro lado, también permite cambiar la mirada sobre lo que se considera patrimonio, ya que hasta entonces, había una visión más elitista, según explicó la historiadora, antropóloga y abogada Graciela Ciselli consultada por El Patagónico.
"Nos seguíamos rigiendo por una concepción culturalista, donde tenías una legislación que era la Convención del Patrimonio Mundial del 72 que en Argentina se ratificó en el 78. Para mi gusto era una concepción bastante elitista porque tenía que ver con la excelencia, la genialidad o la historia y la naturaleza", argumentó.
"Entonces se aportó una visión mucho más democrática del patrimonio, no como representación ideológica, sino como de múltiples identidades y objetos que presentan las expresiones diversas de la identidad. Al Patrimonio Mundial no lo podés medir con la misma vara que el patrimonio local", reflexionó.

UN TRABAJO DE HORMIGA
Lo real es que mientras se aguarda la posible sanción del proyecto, la Comisión Evaluadora de la ciudad continúa trabajando. En la actualidad está integrada por la geóloga Marcela Rodríguez; la directora de Patrimonio Cultural y Natural, María Laura Morón; los profesores de Historia Viviana Bórquez y Daniel Márquez; la antropóloga Ciselli; la profesora en Turismo, Juana María Collueque; y las arquitectas Liliana Carnevale (subdelegada ICOMOS de la Región Patagonia-Comahue) y Ana Lorena Moreno (delegada Chubut por la Comisión Nacional de Museos, y de Monumentos y Lugares Históricos).
Su trabajo consiste en intervenir en todos los casos donde esté involucrado el patrimonio de la ciudad. De esa forma, no solo puede actuar de oficio ante la detección de un valor patrimonial, sino también asesorar a privados e interesarse ante el descubrimiento de un hallazgo que quiera ser resguardado, como sucedió en 2013, cuando se encontró una placa de gran valor para Comodoro Rivadavia.
La historia de este hallazgo comenzó en el barrio Gas del Estado, en un viejo depósito de esa emblemática empresa donde ahora funciona Transportadora Gas del Sur. Allí un grupo de trabajadores que había formado parte de la compañía, encontró una placa conmemorativa por la creación del primer gasoducto que unía Comodoro Rivadavia con Llavallol, provincia de Buenos Aires.
Según recordaba la historia, la placa de 2 metros por 1,50 metros había sido colocada sobre un muro a modo de celebración por la inauguración del gasoducto el 1 de enero de 1974, pero luego al ser derribado el edificio quedó depositada en el olvido.
Así tras el aviso de los trabajadores, la comisión se puso en marcha, con el objetivo de darle valor a través de un dictamen y de su restauración, labor que contó con el apoyo de la empresa que ahora usa esas instalaciones.
El trabajo fue largo, y por el momento solo resta que sea instalada otra vez, quizás en el mismo barrio que lleva el nombre de esta histórica empresa estatal, o en el Chalet Huergo, otro símbolo de la ciudad.
Esa es una parte del trabajo de la Comisión que también ha asesorado a privados, como sucedió en Astra, donde el dueño de un predio planificaba lotear un terreno para iniciar un negocio inmobiliario. En ese caso, fue el agente inmobiliario quien se acercó a la comisión. Así un equipo de trabajo visitó el lugar y encontró el histórico Casino de Empleados de Astra, aún en buen estado, más allá de su valor histórico.
En este caso desde la comisión se plantearon algunas inquietudes ya que el loteo en el terreno de 1.000 cuadrados no respetaba el entorno de Astra, algo fundamental cuando se habla de patrimonio.
Esto fue comunicado a su propietario, quien se dio cuenta del valor histórico que la tierra tenía y decidió colaborar. "Fue él mismo quien se mostró interesado por esto. El a pesar de querer hacer un negocio quería respetar el patrimonio y ofrecerlo al mercado de otra forma", recordó Cristiani sobre este caso.
Es que según explicó la arquitecta, trabajar el patrimonio no consiste en entorpecer o presentar obstáculos, sino soluciones bajo ciertos parámetros que permitan la conservación. "Ese el miedo que tenían los concejales cuando querían sancionar la ordenanza de 2014, pero el patrimonio no implica que no se pueda hacer nada, sino que hay respetar ciertas reglas", explicó.
"Igual hay que tener en cuenta que para que algo sea declarado de interés patrimonial no tiene que ser necesariamente una arquitectura local con ciertos parámetros de armonía. Tal vez arquitectónicamente un bien no dice mucho, pero dice lo que pasó en ese lugar. Y la raíz histórica es muy importante", agregó al explicar que el concepto de patrimonio puede ir más allá de una fachada bonita.
Con ella coincide Ciselli. En su caso la antropóloga trabaja en esta herencia desde 2003, cuando junto a estudiantes de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, realizó una investigación para cristalizar un libro sobre Kilómetro 5 que indagaba en la identidad del barrio, algo que tiene vínculo directo con esta temática, planteó.
"Ese es el sustento simbólico del patrimonio, es la cuestión de la identidad. Siempre hay que tener en cuenta qué elementos los habitantes de un lugar consideran significativos, qué elementos seleccionan y piden proteger, porque son los grupos sociales los que lo piden, entonces después uno avanza políticamente o jurídicamente, pero el primer punto está la sociedad", explicó.

UNA DECISION CONJUNTA
Tal como lo mencionó Ciselli y lo planteó también Cristiani, trabajar en patrimonio no es una decisión de una sola persona, sino que consiste en la decisión y colaboración de la comunidad y de los poderes Legislativo y Ejecutivo, que en última instancia aceptarán si un bien es patrimonio.
Por esa razón, es necesario continuar trabajando desde distintas esferas, tanto para concientizar a la comunidad como para seguir descubriendo el origen de lo que necesariamente debe tener valor en la ciudad, para pensarlo como una reforma de reconstrucción y revalorización del pasado.
Y teniendo en cuenta también que se debe seguir trabajando en los barrios protegidos, ya que la protección con la que gozan es solo el puntapié inicial, "un primer paraguas de protección" que permitiría iniciar una acción de amparo en caso de que se intente realizar algo extremo con un bien de esos barrios.
Así, el objetivo es seguir avanzando con la puesta en práctica de la ordenanza de 2014 y evitar de ese modo que se cometan daños sobre los bienes, impulsar su recomposición en caso de que fuera posible, o por qué no su indemnización a la sociedad en caso de que se viole el valor de un patrimonio, además de trabajar en la identificación de los lugares y el armado de circuitos turísticos con cartelera unificada.

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