Buenos Aires (Télam)
Por cuestiones de gusto y un estilo definido, Alfio Basile desde su llegada como entrenador a la selección nacional se “pronunció” por los delanteros habilidosos, rápidos, conocidos como “los bajitos”.
Sin embargo, contra Ecuador acudió a Julio Cruz y Rodrigo Palacio para “sacar las papas del fuego”. Ya a fines 2006 “Coco” Basile hablaba de Lionel Messi, Carlos Tévez y Sergio Agüero.
Más de una vez intentó con ellos y no siempre los resultados fueron los mejores. Al menos en los partidos “complicados”. Ecuador, el domingo, neutralizó ese juego.
El año pasado en la Copa América los “bajitos” funcionaron hasta la final con Brasil. Un dilema. La realidad indica que, a veces, no siempre jugadores de la misma condición técnica -gambeta endiablada, velocidad para superar al adversario en el “uno contra uno”- determina, por sí misma, una ventaja en el trámite. No siempre “tener figuras” asegura una superioridad manifiesta.
Tampoco puede ser el cerebral Juan Román Riquelme “y diez más” como se dice desde la exagerada visión de parte de “la cátedra” futbolera. Al menos, no lo fue el domingo último en el Monumental. Ecuador se plantó bien y sorprendió.
Entre el 59 y 60 la Argentina tras la debacle de Suecia apeló a varias formaciones. El entrenador “vitalicio” Guillermo Stábile (1940/1958) dejó su lugar a un terceto formado por Victorio Spinetto, José Della Torre y José Barreiro, éstos últimos ganadores con Racing y San Lorenzo, respectivamente.
La Argentina ganó el Torneo Sudamericano del 59 con Oreste Corbatta, Juan José Pizzuti, Rubén Héctor Sosa, Eugenio Callá y Raúl Oscar Belén. Delanteros no muy altos -el “Marqués” Sosa fue la excepción con 1,80 de estatura- e ingresaban Angel Osvaldo Nardiello y Juan José (Yaya) Rodríguez, tampoco “lungos”.
Por entonces, recién empezaba a instalarse el ahora viejo debate: si ganan los partidos los jugadores habilidosos por su “inventiva” o es la táctica determinante que les permite a esos mismos jugadores -con otros- utilizar los atributos naturales, adelante.
En 1960 llegaba la selección de España en una gira invicta al cabo de seis o siete partidos por América. Entre el Real Madrid, Barcelona y Atlético Madrid, los españoles juntaron a Alfredo Di Stéfano, nacionalizado; el catalán Luis Suárez, pero también a Pereda, Joaquín Peiró y Collar.
La selección nacional con los mismos entrenadores optó por “chiquitos” como Norberto Menéndez y José Francisco Sanfilippo, arriba.
El terceto lo completó un exquisito de la gambeta corta como Oscar Pablo (Coco) Rossi, apenas unos centímetros más que sus compañeros. Fueron las figuras del partido. Ganó la Argentina 2 a 0 con dos goles del “Nene” Sanfilippo al legendario arquero Ramallets (célebre en el Barsa) y otras destacadas actuaciones en defensa, como la del santiagueño Rubén Marino Navarro (Hacha Brava) fallecido hace cinco años.
El propio César Menotti no estaba muy convencido de hacer jugar “un lungo” hasta dos meses antes del Mundial 78. El “Flaco” convocó a Mario Kempes, al cabo “decisivo”, a 50 días de la iniciación. En el 76 hasta había probado con José Luis “Poroto” Saldaño, de Huracán, cuando Kempes ya era el mejor delantero argentino.