Contexto para el desarrollo

En el mundo académico es cada día más numerosa la bibliografía que confirma que la confianza y las normas de reciprocidad vigentes en un determinado entorno social favorecen la acción colectiva para la producción de bienes públicos y privados; que la confianza interpersonal tiene una relación positiva y significativa con indicadores de desarrollo socio-económico y democrático; y que en las sociedades donde existe confianza el gobierno es más eficaz y la corrupción menos intensa. Afirmaciones son especialmente útiles a la nueva agenda 2030 de desarrollo sostenible aprobada por Naciones Unidas en septiembre de 2015 debido a que desde el inicio reconoce que la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones constituye un requisito indispensable a la construcción de un mundo más equitativo y respetuoso del medioambiente y de los derechos humanos. El escenario de responsabilidad compartida que en lo económico refiere a la puesta en marcha de una economía dinámica e innovadora centrada en las personas que modifique modalidades insostenibles de producción y consumo. La responsabilidad asociada al crecimiento económico inclusivo con empleo decente y productivo para todos; con empoderamiento económico de las mujeres; sin trabajo forzoso ni infantil; con inclusión financiera; con acceso a servicios energéticos sostenibles y modernos; con sistemas de transporte sostenibles y con una infraestructura resiliente y de calidad.

La primera gran tarea que tenemos por delante tiene que ver, entonces, con definir, mucho antes de la gestión, marcos de referencia que resulten aptos para conducir la transformación 2030. Lo cual requiere del diseño de rutas de cambio de largo plazo que sean planteadas como dinámicas relacionales de tipo colaborativo que incluyan a los pobres. Aspecto relevante a la sostenibilidad económica debido a que es en el plano social donde se establecen vínculos e interrelaciones que establecen órdenes de exclusión/inclusión que luego se trasladan al campo económico iniciando una dinámica interdependiente en constante retroalimentación.

Una sociedad como la argentina, con altos niveles de corrupción y bajos niveles de confianza interpersonal y social en la cual el individualismo y la desconfianza se consideran conductas bastantes presentes resulta, como se comprende, uno de los más significativos obstáculos a dicha meta.

Esperemos que el camino común que demanda la sostenibilidad no se vuelva demasiado aterradora ni termine, tal como vaticinaba G. Hardin a fines de los años 60, en tragedia.

Sino por el contrario, en oportunidad para volver a conectarnos con la esencia de lo humano, cuidando a las personas y a la creación. Postura que, como sostiene el Papa Francisco, no debe ser descalificada como irracional o romántica sino, por el contrario, como una opción audaz y transformadora posible.

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