El dilema de cómo reaccionar al ser víctima de la delincuencia

En plena tarde del martes un comerciante armado con un filoso cuchillo puso en fuga a dos ladrones que pretendían robar en su kiosco. Ese mismo día, por la noche, dos delincuentes irrumpieron en una vivienda, el dueño de casa habría intentado disuadirlos, pero los asaltantes abrieron fuego e hirieron a su hijo, quien falleció 24 horas después.
Esos dramáticos episodios ocurrieron en Comodoro Rivadavia y vuelven a poner en debate si vale la pena resistirse y poner en riesgo la vida para defender lo que tanto esfuerzo nos ha costado.
“Hay que enfrentarlos, no queda otra”, comentó el temerario dueño de un drugstore que funciona en Sarmiento al 1.000, quien encaró a los ladrones que amenazaban a su esposa en el mostrador. Los corrió con un cuchillo sin importarle ser apuntado con una pistola. Su osada actitud impidió que los delincuentes se alzaran con la recaudación y con mercadería.
Trágico, en cambio, fue el desenlace del asalto que se produjo en el barrio Pueyrredón. De acuerdo a la información judicial, un hombre de 82 años habría empuñado un revólver que tenía para defender su hogar e intentó amedrentar a dos ladrones, igualmente armados, que amenazaban a su esposa, de 78, y a su hijo, de 41. Terminó baleado un delincuente, pero también resultaron heridos los tres integrantes de la familia y el más joven perdió la vida.
En los últimos cinco años se produjeron en Comodoro Rivadavia alrededor de una veintena de casos de homicidios de ciudadanos en ocasión de robo, hayan hecho frente o no a los delincuentes, como Alejandro Balle y Nélida Rodríguez, asesinados en sus viviendas durante 2013. O comerciantes asaltados como Otilio Catrihual, en 2010, y José Luis García, en 2012, entre otros. Sin embargo, también se contabilizan situaciones de resistencia de las víctimas con el resultado de victimarios fallecidos.
Durante la tarde del 9 de marzo de 2010, en el recién inaugurado barrio Co.Vi.Cup. de Kilómetro 4, un joven de 18 años que regresaba a su casa luego de ir a buscar a su hermanita al jardín de infantes, sorprendió a un adolescente robando en la vivienda. Forcejeó con el ladrón quien tenía un cuchillo. El delincuente sufrió un corte en la arteria femoral y pese a escapar malherido en el automóvil donde lo esperaba un cómplice, se desangró y fue encontrado muerto en el asiento trasero del coche abandonado en otro punto de la ciudad.
En la noche del 12 de junio de 2011, dos individuos protagonizaron un asalto a mano armada en un locutorio de San Martín y Los Nogales, en el barrio La Floresta. El comerciante se resistió al robo y a pesar de que los asaltantes estaban armados, la víctima logró apoderarse de un arma que tenía en el local y respondió al tiroteo que ya habían iniciado los ladrones. Así fue como le asestó un tiro en la cabeza a uno de ellos, de 20 años, quien falleció luego de permanecer varias horas en grave estado.
Las crónicas policiales también recuerdan que en la mañana del 30 de julio de 2012 un hombre de 22 años murió de la puñalada en el tórax que le propinó el dueño de una vivienda de Próspero Palazzo a la que ingresó con la presunta intención de cometer un robo.
El 5 de julio de este año, en tanto, murió Gabriel Plaza, de 21 años. Estaba hospitalizado luego que el 22 de junio resultara herido de bala en un confuso incidente ocurrido en una vivienda del barrio Cerro Solo que habría intentado asaltar junto a otros hombres. El fallecido cumplía una condena, pero gozaba de salidas transitorias y estaba próximo a ser beneficiado con la libertad anticipada debido a la superpoblación carcelaria.
En el país también existe una serie de episodios emblemáticos para la sociedad donde las víctimas decidieron, frente a una situación dramática, convertirse en “justicieros”. Desde el recordado caso del ingeniero Horacio Santos, quien el 16 de junio de 1990 persiguió y mató a dos asaltantes que robaron el pasacassette de su auto en Villa Devoto hasta uno de los más recientes, como el ocurrido el 12 de marzo de 2012 cuando el conductor radial y televisivo Baby Etchecopar mató a uno de los ladrones que entraron en su casa. En el tiroteo resultaron gravemente heridos tanto él como su hijo.
¿Cuál es el límite que estamos decididos a cruzar frente a delincuentes dispuestos a todo?, en la mayoría de los casos reincidentes y con pesados antecedentes. “Ya jugados”, como dirían ellos en su propia jerga.

Más allá del derecho a la legítima defensa, es necesario ponerse en la piel de quien reacciona al verse acorralado por la delincuencia para comprender cómo actúa. Pero hay que preguntarse también hasta qué punto es recomendable enfrentar o resistirse, correr el riesgo de perder la propia vida o la de un ser querido. O en el otro borde, padecer consecuencias penales y cargar con el remordimiento de haberle dado muerte a una persona que nos quiso hacer daño. Incluso vivir expuesto también a las posibles represalias de sus familiares o de sus cómplices.
“Es mentira que el arma sirve para defenderse. El arma sirve para matar. La persona que elige comprar un arma de fuego para defenderse por sí misma de la delincuencia es la que corre el peor riesgo. El que va a atacar, a robar, se dedica a eso, pero la víctima no. Está probado en muchos países del mundo que la peor forma de defenderse del delito es con un arma: si cuando te roban exhibís un arma, el delincuente disparará la suya seguro. Pero existe un agravante: cuánto más la gente se arma, más posibilidades tiene el delincuente de obtener armas para sí”, analiza Gabriel Conte, miembro de la Comisión Latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada.
En el otro extremo de los episodios de inseguridad que terminaron con resultados fatales, se encuentra uno ocurrido también el martes en la localidad bonaerense de Villa Elisa, que parece una escena inspirada en la película “La vida es bella”, del italiano Roberto Benigni.
La víctima fue un profesor de Astronomía que usó toda su creatividad para que sus hijas de 1 y 2 años no entraran en pánico. El robo se produjo de madrugada, cuando dos ladrones armados con cuchillos irrumpieron en la vivienda familiar. Para que sus nenas no se asustaran, el hombre les dijo que se trataba de “un juego”.
Luego de permanecer en la casa unos 40 minutos, sin golpear a las víctimas, los delincuentes escaparon
llevándose un vehículo, tres televisores, dos notebooks y prendas de vestir.
A pesar de la impunidad con la que actuaron los ladrones y de la situación de indefensión y de las pérdidas materiales sufridas por la familia, lo más importante es que gracias a su decisión mesurada ese padre evitó que sus hijas carguen el resto de sus vidas con un recuerdo traumático.
“Ante la ausencia del Estado, cada uno busca su propia salvación. Y el camino más corto es comprar un arma. Esa salvación individual termina casi siempre en tragedia. Sin embargo, es necesaria una mirada más amplia. La solución a este gran problema de la inseguridad y la violencia no es armarse ni endureciendo las penas, sino asegurar el cumplimiento de las penas existentes”, reflexiona Adrián Marcenac, padre de Alfredo Marcenac, un joven asesinado en 2006 en Buenos Aires por el denominado “Tirador de Belgrano”.

Fuente: Víctor Latorre

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