¿El Mundial de Neymar?

Con 26 años en la partida de nacimiento, nueve en Primera, seis temporadas y 83 partidos internacionales con la camiseta de su selección, Neymar goza de todo el crédito y a la vez de todo el compromiso delegado por 207 millones de brasileños que imaginan en él un par del Pelé del 58, del Garrincha del 62, del Jairzinho del 70, del Romario del 94 y del Ronaldo del 2002.

Brasil, se sabe, es uno de los principales candidatos a ganar la Copa del Mundo y Neymar el abanderado por antonomasia, pero dadas las circunstancias todo está hoy ad referéndum de la evolución positiva de su lesión en el quinto metatarsiano del pie derecho, de la que ya dio un buen síntoma de recuperación con su ingreso goleador en el amistoso del pasado domingo ante Croacia.

Descontado el mejor de los escenarios, que no haya secuelas de las que lo alejen de su plenitud, Neymar acaba de disipar la fuente de inquietud que suponía su compleja relación con París Saint-Germain y la renovada posibilidad de incorporarse al Real Madrid.

Su mejor versión la entregó desde el 23 de mayo de 2016 hasta finales de junio de 2017 y en sociedad con Lionel Messi, Luis Suárez y Andrés Iniesta, aunque abundaron quienes aludían a un Neymar a la sombra de las otras estrellas y urgido de poner pies en polvorosa, una hipótesis abonada por el silencio del propio malabarista brasileño y por los hechos mismos cuando acordó seguir su carrera en París tras el desembolso de 222 millones de euros por parte de los magnates qataríes.

En la Ciudad Luz también escribió páginas destacadas y elaboró una foja de números notables (28 goles y 19 asistencias en 30 partidos), pero el ejercicio de pasar el peine fino dejará al descubierto no menos de tres ingredientes de corte negativo: el afán de hacer pesar su estrellato todo el tiempo así lloviera y tronara que generó varios roces al interior del vestuario; el relativo brillo que en la Ligue 1 supuso competir contra adversarios de mucho menor poderío y lo inoportuno de una lesión que lo marginó del equipo en el momento más indispensable, cuando en la Champions League era todo o nada para era el todo o nada.

De las finanzas se encargó siempre su padre, Neymar da Silva Santos, un exfutbolista mediocre y un tiburón para los números que más temprano que tarde intuyó que su hijo sería una descomunal fuente de divisas, tal vez desde cuando era un niño y hacía maravillas en torneos de fútbol sala.

Neymar Júnior nació el 5 de septiembre de 1992 en un municipio del Gran Sao Paulo, Mogi das Cruzes, a los 10 años se mudó a Sao Vicente, a los 15 a Vila Belmiro y todo lo demás lo ha vivido en Barcelona y en París, al tiempo que subió peldaño por peldaño con “La Canarinha” y brilló en las juveniles, y lideró la conquista del anhelado oro olímpico, pero adeuda la atesorada cuesta de coronar en una Copa del Mundo.

Como en 2010, el jugado en su casa, una lesión lo retiró de la escena y alimentó los peores presagios, hoy, con rozagante madurez personal y futbolística, 52 goles en 80 partidos y el indiscutido rol de dueño del equipo, Neymar irá a Rusia en pos del cartón lleno.

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