Fernando Barrio hace de la canaricultura un arte

A pesar de las dificultades, el precursor de la canaricultura en Comodoro Rivadavia continúa con la pasión que inició cuando aún era un niño. Con los años, Barrio sigue perfeccionando la raza y transmitiendo su experiencia a las nuevas generaciones de cultores de ese arte.

Las plumas brillan, se ven suaves y enaltecen la pequeña imagen del canario, que se equilibra en un fino descanso de su jaula. Su compañero se encuentra en la misma situación, quizás un poco más redondo por la gran cantidad de semillas que consume a diario. Al lado, otro dos esperan la señal e inician en coro la entonación de los primeros cánticos.
El recital dura unos minutos y diferentes sonidos se pueden escuchar a través de sus pequeñas, pero melodiosas gargantas. Quizás saben que deben cuidar el repertorio para presentarse en el campeonato argentino de Canaricultura que se realizará en julio y donde participarán los criadores comodorenses Emiliano López y Fernando Barrio. Este último uno de los precursores de la actividad en Comodoro Rivadavia y maestro del joven Emiliano, quien combina su pasión como piloto de automovilismo con el canto de sus canarios.
Fernando Barrio se inició en la actividad cuando aún era un niño. Sólo ocho veranos habían pasado cuando atrapó con una gorra un pequeño jilguero con el que empezó en la cría de aves. Luego, con el paso de los años, fue uno de los creadores del Roller Club Chubut que nuclea a los criadores de la provincia.
A pesar del trabajo realizado, Fernando no se conforma y desea seguir trabajando en el mejoramiento de la raza. “Es un aliciente, yo perdí mi señora y acá me entretengo. Nunca estoy conforme con los pájaros que saco, y ahora más al escuchar los pájaro de Emiliano. Tengo que mejorarlos, porque uno trata de mejorar la raza”, explica quien llegó a tener 150 canarios.
A simple vista los canarios son hermosos pájaros apilados. Sin embargo, cuando empiezan a cantar demuestran las razones por las cuales demandan tantas horas de trabajo invertido. “Hubo grandes criadores acá. Yo conocí criadores muy buenos. A los pájaros yo los pongo por hermano. Separó las hembritas desde enero a febrero. Desde que nacen vuelan, por eso los pongo en jaulas voladoras para que desarrollen bien los pulmones. Después la comida, la semilla negra que es aceitosa les permite hacer las vocales, la formación del órgano”, describe.
La comida es uno de los pilares de la actividad debido a que permite mejorar el canto de los canarios que es evaluado por expertos en la materia que analizan la sonoridad de los pájaros. “En la última competencia los pájaros de Emiliano sacaron nueve puntos de impresión general porque era una armonía cuando cantaron, pero tuvieron que descontarle cuatro puntos porque sino se pasaba de noventa y se pasaba del reglamento”, destaca Fernando. 

UNA ACTUALIDAD CON POCOS CULTORES
Fernando figura como el socio número uno del Roller Club donde también participaban Juan Alberto Ruiz, Guillermo Tapia de Caleta Olivia, Carlos José Díaz, Hugo Roberto García, entre otros amigos que tuvieron que dejar la actividad en 2005. “Tuvimos problemas con el agua el 15 de setiembre de 2005 cuando salió que dos perritos murieron en la toma del agua. De ahí quedaron muy pocos criadores, quedamos cinco no más. Mi señora me mandó a comprar canarios a Bahía Blanca porque a mi se me murieron cincuenta canarios, por el agua que estaba contaminada, pero los otros chicos se fundieron y vendieron las jaulas, vendieron todo”, rememora apenado aún por el ingrato recuerdo.
Sin embargo, a pesar de la mala experiencia y la partida de muchos criadores Fernando continúa en la actividad para poder mejorar la raza. “Yo los mando por avión, porque soy pobre -señala entre risas- así que sino me agarra en este país algún paro, tengo suerte y los canarios llegan. Los envío con certificado de veterinario y de Senasa. Para mí si cantan los de Emiliano ganan todo, no hay pájaros como esos, nunca escuché en mi vida un canto como ese, son un sueño”, relata.

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