Georgia: la nación caucásica en su máxima expresión

Es un gran atractivo conocer la zona del Cáucaso con sus montañas entre Europa y Asia, donde se abrazó el cristianismo antes que ninguna otra nación del planeta, luego vino el islám e incluso el budismo. Y un buen lugar para iniciar un recorrido es Tbilisi -la capital de Georgia- ya que no solicitan visa y hay facilidad para continuar en tren hacia sus países vecinos sin inconvenientes.

Por: Ricardo González, jubilado como director de la escuela aerotécnica 733 y viajero de mochila al hombro.

Hay mucha oferta de hosteles buenos y económicos, yo me quedo en uno ubicado en el casco antiguo con serpenteantes callejuelas, iglesias muy antiguas, restaurantes elegantes y bares muy especializados en degustar los vinos georgianos.
A una de las orillas del río, en lo alto se ve la catedral Tsminda Sameba, cuya cúpula dorada se aprecia desde casi cada rincón de la ciudad. Y en la otra orilla también en lo alto, bien visible la fortaleza Narikala con sus murallas a la que dieron forma árabes, cristianos e incluso los mongoles, y entre éstos dos símbolos, camino.
En marshrutken -así se llaman las trafic del transporte público- voy hasta Mtskheta, la que fuera la antigua capital del reino de Georgia donde se declaró al cristianismo como religión oficial de todo el reino en el año 337, es decir, mucho antes que en Roma. Hoy, un pequeño y pintoresco pueblo, muy cuidado con una catedral, un monasterio y dos iglesias más, símbolo espiritual y religioso del cristianismo giorgiano.
También en marshrutken llego a conocer en la ciudad de Gori la casita donde nació y vivió Stalin, el georgiano que condujo la URSS durante treinta años.
En un tren viajo hasta Zugdidi, en cuya estación está la marshrutka que me lleva a Mestia para subir al gran Cáucaso, en donde están las aldeas históricas con torreones medievales que utilizaban las familias como defensa ante saqueos o disputas internas.
Desde las altas montañas bajé a Batumi a orillas del mar Negro, una ciudad netamente turística con su extensa playa de piedritas donde llegan no solo jóvenes georgianos, sino también turcos, armenios, rusos y ucranianos en búsqueda de música, sol, casinos y diversión.
Continúo viaje rumbo a Vardzia, una de las tres ciudades cuevas de Georgia, una red de casas-cuevas excavadas en el borde de la montaña y cuya construcción fue decisión de una reina muy joven -apenas tenía 25 años- llamada Tamar, hace de esto ya ocho siglos, con la finalidad de ser un gran monasterio que afianzará la fe cristiana en su reino y además pudiera resistir las invasiones y saqueos de los mongoles que durante aquella años tenían cierta idea fija con ésta región. Hoy podemos admirar muchas de sus casas, pasadizos y túneles además de un pequeño monasterio-museo que sostienen monjes cristianos.
Aún tengo tiempo para ir hacia el este hasta la villa amurallada de Sighnaghi y un poco más al norte a Kazbegi y su mítica iglesia en el Gergeti, zona de viñas, monasterios y fortalezas.
Fueron dos semanas entre gente amable, hermosos paisajes, buena comida, mucha historia y sin masividad turística.

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