Ya pasaron 28 años de la madrugada del viernes 2 de abril de 1982, cuando dio inicio la “Operación Rosario”, aquel ataque que tenía como objetivo destituir al gobernador de Malvinas, Rex Hunt y recuperar la soberanía argentina sobre las islas.
A la mañana siguiente, los principales medios periodísticos nacionales daban a conocer la noticia: el gobierno militar presidido por el general Leopoldo Galtieri había decidido recuperar la soberanía de las islas que estaban bajo el dominio inglés.
De esa forma, la bronca que mostraba la gente en las calles por la mala situación económica de un país gobernado por los militares cambió de un momento a otro. El clima pasó a ser de euforia y Galtieri llamaba a la guerra desde el balcón de la Casa Rosada.
Era una guerra empujada por el ingenuo triunfalismo de la dictadura. La multitud gritaba con algarabía mientras los soldados desembarcaban en las islas. Soldados, suboficiales y oficiales de distintos puntos del país tuvieron que alistar la mochila y el FAL (Fusil Automático Liviano) para pelear en una contienda que resultaría desigual.
El general de Brigada Oscar Martínez Conti, en ese momento era teniente, tenía 26 años y cinco de profesión en la carrera militar. En las islas tuvo que hacerse cargo de una batería de combate del grupo de artillería 3, perteneciente al regimiento correntino de Paso de los Libres.
En diálogo con Diario Patagónico, el actual Jefe de la IX Brigada Mecanizada, reflexionó 28 años después, sobre el conflicto armado que le tocó protagonizar en 1982. “La guerra la hacen los hombres con sus características, sus idiosincrasias. En definitiva, la guerra no trae individuos prefabricados en otras partes, fuimos con lo que teníamos”, analizó.
“Es cierto que no pensábamos que íbamos ir a Malvinas porque estábamos demasiado lejos, pero siempre la guerra es un hecho no deseado porque nunca tiene ganadores en un sentido filosófico. No obstante, los profesionales nos preparamos técnicamente, pero no hay aula, ni campo de adiestramiento en el cual uno pueda representar todo lo que pasa en la guerra”, dimensionó.
Martínez Conti estaba destinado en el regimiento de artillería que comandaba el por entonces teniente coronel Martín Balza, quien luego en democracia llegaría a ser jefe del Estado Mayor del Ejército. “La mayoría de mis soldados eran correntinos, formoseños y algunos chaqueños y realmente debo sacarme el sombrero porque muchos de ellos eran analfabetos o semi analfabetos. Sin embargo, demostraron en combate tener una presencia de ánimo y espíritu. Un estado anímico y una predisposición que es digno de destacar”, subrayó.
A pesar de ser un profesional de las armas, Martínez Conti acepta que “la existencia de una fuerza armada en un país es para preservar la paz antes que para provocar la guerra”.
Y no duda en explicar la diferencia que existe entre el combate real y una instrucción militar. “Ejercer el mando en combate no es una tarea simple porque el primer problema a vencer es uno mismo. En definitiva somos todos individuos de carne y hueso que tenemos las mismas sensaciones, la misma valoración de la vida y de la muerte. La misma aversión a la mutilación”, confesó.
UN ANTES Y UN DESPUES
“Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”, gritó Galtieri desde el balcón de la Casa Rosada, ante la algarabía de la multitud. Y aunque en Buenos Aires no lo pensaban así, era evidente que el ejército inglés se trasladaría hasta las islas para defender la soberanía de un territorio que es concebido como “el patio trasero” de Gran Bretaña.
A pesar de las incertidumbres sobre la llegada de los ingleses, el 1 de mayo a las 4 de la madrugada los soldados argentinos conocieron el infierno entre las sombras de la noche. “El bombardeo de la madrugada del 1 de mayo fue una conmoción. No solamente que fue un despertar abrupto porque estábamos durmiendo, sino que además, fue un despertar a la situación que estábamos viviendo, porque nos abrió los ojos de que esos veinte y pico de días que habíamos estado ya tenían una expresión y de que eso no tenía retorno”, rememoró Martínez Conti.
El 14 de julio de ese mismo año, la Argentina firmaba la rendición y devolvía la soberanía de las islas al invasor inglés con un saldo de 649 argentinos muertos y 255 bajas británicas.
“La guarnición Malvinas se defendió con lo que se tenía y cómo se podía. Si la guerra tuvo errores en su concepción estratégica en el campo táctico no se la puede revertir. Por otra parte, estábamos enfrentándonos con una de las principales potencias del mundo. Yo creo que era un final anunciado de la guerra, iniciada la guerra tenía un ganador y un perdedor, el final ya estaba anunciado, Inglaterra no iba a perder esa guerra de ningún modo”, reconoce el ahora veterano militar.