La historia del antiguo imperio romano atrae al turismo en la capital de Italia

Los foros romanos, las iglesias, sus museos, plazas, fuentes y obras de arte cautivan al viajero en una de las ciudades más visitadas del mundo. Sin embargo, el Coliseo y el país independiente del Vaticano, que se encuentra dentro de Roma, se llevan las principales miradas de los visitantes, siendo los puntos más fuertes de atracción turística, organizados para tal fin.
Roma es una metrópolis importante. Su atractivo turístico se fusiona entre la historia del viejo imperio romano y las bondades que otorga una gran capital en el siglo XXI. Esta ciudad que recibe a más de 20 millones de turistas al año, fue sede de un gran imperio y hoy es una ciudad que se debate entre un pasado próspero y la modernidad.
La riqueza arqueológica y arquitectónica son sus principales fuentes de orgullo. Los romanos cada año dedican gran parte del presupuesto municipal a restaurar y mantener las “ruinas”. Roma también es conocida por sus siete colinas: Palatino, Capitolio, Aventino, Celio, Esquilino, Viminal y Quirinal. En realidad, sobre la ciudad hay otras dos, el Janiculum y la Pinciana, pero éstas nunca formaron parte de la ciudad antigua.
En el interior de los museos romanos se conservan excelentes obras de arte como el Moisés, la Pietà, entre otras, que decoran iglesias y basílicas y pueden verse totalmente gratis. Sin embargo, uno de los grandes alicientes de la ciudad es que toda ella es un museo en sí misma.
Se dice que en esta ciudad hay tantas iglesias que se necesita más de un año para completar la visita. Hay siete templos que son considerados históricamente los principales centros de peregrinaje de la ciudad. Las primeras son las cuatro basílicas patriarcales: San Pietro en el Vaticano, San Giovanni in Laterano, Santa María Maggiore y San Paolo Fuori le Mura. Las tres restantes son las iglesias de San Lorenzo Fuori le Mura, Santa Croce in Gerusalemme y San Sebastiano.
Además de todos los monumentos que han dado fama mundial a la ciudad, Roma respira otro encanto por su ambiente. Tomar un cappucino frente al Coliseo, disfrutar de un helado junto a los artistas callejeros de la Piazza Navona, contemplar el atardecer sobre alguno de los puentes que cruzan el Tíber, perderse por alguna de las callejuelas del Centro histórico, o relajarse en alguno de sus parques, son otras opciones que hacen de este, un viaje único.
En la ciudad se come y se bebe bien, también hay muchas opciones nocturnas para divertirse y cuando saturan las visitas a museos siempre hay un buen rincón en el que el turista se puede desconectar. A pesar del calor del verano, los romanos viven su ciudad al aire libre; todo un lujo para el turista que se acerca a este rincón italiano y quiere conocer el destino en primera persona, llegando más allá de lo que cuentan las guías.
En invierno, los puntos de reunión son los cafés, las trattorias, los cines o la ópera para algunos círculos. Sin embargo, para disfrutar de Roma al cien por cien es mejor hacerlo al aire libre. La primavera y el otoño, cuando no hace tanto calor, son las mejores épocas para descansar en sus plazas, comer, cenar o tomar un helado en románticas terrazas, pasear por los jardines o mirar escaparates. Por las noches, continúa la fiesta y en Roma no hay ningún problema para encontrar un ambiente agradable para divertirse.
La ciudad tiene diversas oportunidades para el turista. Su arte es inmenso, y sus monumentos también. Uno de los más conocidos es la Fuente de Trevi. Sin embargo, existen otros de enorme magnitud, como es el caso de la Fuente de los Ríos, situada en el centro de la Plaza Navona.
Esta es una de las mejores obras maestras esculpidas por Gian Lorenzo Bernini (1598 - 1680). Las cuatro estatuas humanas que emergen del paisaje de rocas y cavernas que las rodean, simbolizan los mayores ríos de los cuatro continentes conocidos en aquella época: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata.
Hay quien cuenta que la estatua que representa el Nilo se tapa los ojos para no ver la Iglesia de Santa Agnés en Agone edificada por Francesco Borromini, gran rival de Bernini. En realidad el gesto es una alusión al manantial del que brota el Nilo, que por aquel entonces se desconocía.

LA HERENCIA DEL IMPERIO
En Roma, además, entre estaciones de metro, terrazas y el incesante tráfico se levantan monumentos como el Coliseo, el Arco de Constantino o los Foros, en los que todavía siguen los trabajos de excavación y estudio.
Para algunos, pocos aficionados a la historia, en la ruta que pasa por los cimientos de Roma sólo descubrirán unas cuantas piedras deterioradas. Sin embargo, para otros, será el mejor paseo posible en la ciudad, observando las reliquias de un imperio que marcó el destino de medio mundo y también pudiendo ver la mejor prueba de cómo fue la sociedad romana hace más de 2.000 años.
El itinerario puede comenzar en el Circo Massimo. Lo que se puede ver actualmente, una explanada de tierra rodeada de césped, no es ni la sombra de lo que fue. Hoy es tan sólo un lugar de paso o de descanso de turistas y músicos espontáneos que aprovechan este espacio alejado del tráfico para pasar el rato. Desde aquí, superada la Piazza di Porta Capena y subiendo por la Via de San Gregorio se llega al corazón de la Roma antigua, donde se encuentra el Arco de Constantino y el Coliseo, que fueron durante siglos los símbolos del poder de un imperio, tanto por su monumentalidad como por ser el reflejo de la sociedad, donde unos iban para divertirse, y otros lo hacían para morir.
El Coliseo es majestuoso. Hasta allí se puede llegar en Metro, colectivo y taxi. El monumento se alza justo enfrente de la salida de trenes. Durante el día serán inevitables las colas de entrada para acceder al interior y pisar sus gradas. Miles de personas pasan cada día por este lugar único en el mundo, que dispone de distintos servicios de guía en varios idiomas.
Al atardecer, cuando cierran sus puertas, es uno de los mejores momentos para disfrutar de la vista. Sin embargo, Roma tiene mucho más por ostentar, entre ello, el Circo Massimo, el Foro di Cesare, Foro di Augusto, Foro Traiano, Colonna Traiana y Pendent.

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