Los zonzos y los interesados

 “Les he dicho todo esto,

pero pienso que para nada

porque a la gente azonzada

no la curan con consejos:

cuando muere el zonzo viejo

queda la zonza preñada”.

Lo escribió hace medio siglo Arturo Jauretche, el célebre pensador nacional que se destacó por pretender que los argentinos comenzaran a ver la realidad con ojos propios; que pensaran por sí mismos; que no se dejaran influir por la historia liberal que les contaban en la escuela y menos aún por los medios dominantes de la época, siempre dispuestos a defender los intereses de una élite.

Jauretche era de origen radical, pero fue de los pocos que supo entender el fenómeno de masas que significó la irrupción del peronismo a mediados de la década del ‘40. Fue partidario de la famosa “tercera posición” que pregonaba Juan Domingo Perón y cuentan que al dar clases, invertía el mapa de América para que Argentina quedara en la cúspide y Estados Unidos en la parte más baja. El creía que era una cuestión de perspectivas. Que no habría amo si no existiera esclavo; o alguien dispuesto a creer todo lo que le dicen –por más descabellado y anti nacional que fuera- solo por una cuestión de evitar el esfuerzo de pensar un poco y cruzar alguna información.

Los sucesos posteriores a la muerte del fiscal Alberto Nisman son una prueba de que la zonzera está a pleno. Si bien había retrocedido en los últimos años, resulta palpable a partir de la entronización que se pretende hacer de alguien que iba a pedir consejos a la Embajada de Estados Unidos a la hora de investigar el mayor atentado terrorista ocurrido en la Argentina y que nunca se esclarecerá. Entre otras cosas, por las trabas e impedimentos que le pusieron los mismos fiscales que se pusieron al frente de la manifestación porteña del 18F y porque los servicios de inteligencia depurados hace un par de meses solo siguieron una pista: la que les marcaron la CIA y el Mossad (el servicio secreto israelí).

Todo esto lo cuenta Santiago O’Donnell (el único periodista argentino que se entrevistó con Julian Assange) en su libro “ArgenLeaks”, publicado en setiembre de 2011 y tan poco difundido como el hecho de que a la manifestación opositora de hace cinco días no hayan adherido ni el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel; ni el Papa Francisco que ese día recibió a los familiares de las víctimas de la AMIA que tampoco se prestaron al show montado por políticos opositores sin propuestas; dirigentes sindicales que se quedaron sin caja; resentidos por las políticas de derechos humanos que siguió el kirchnerismo y otros miles que se guiaron con los grandes titulares del siempre poderoso Grupo Clarín, que aunque ahora sólo venda poco más de 100 mil diarios cuenta con el potente recurso de lo audiovisual que transmite en cadena las 24 horas y que ya ha renunciado a todo decoro, buen gusto o periodismo más o menos serio.

En tal sentido, resulta emblemático la aparición de testigos de procedimientos que luego se desdicen, como ya les había ocurrido con la muerte de Angeles Rawson, cuando “plantaron” a una ciudadana de Caleta Olivia, Beatriz Nicolasa Fuentes, que les llevó el diputado nacional Eduardo Costa con el único objetivo de perjudicar al secretario de Seguridad, Sergio Berni.

Que mucha gente que se sumó a la marcha lo hizo porque realmente cree en la teoría del crimen por encargo del Gobierno nacional es una prueba de que Jauretche tenía razón. Basta con leer la denuncia que pensaba presentar Nisman en el Congreso el 19 de enero para comprobarlo. De este modo se explica por qué ni Ricardo Gil Lavedra u otro destacado constitucionalista de la oposición haya optado por el silencio. No es el caso de notorios juristas como León Arslanián o Luis Moreno Ocampo (que supo ser abogado defensor de Ernestina Herrera de Noble), quienes expresaron su asombro por el mamotreto con el que el malogrado fiscal pretendía imputar a la Presidente de la Nación y a su canciller.

Ah, en “ArgenLeaks” (que es el capítulo de la Embajada de Estados Unidos en Argentina) también se habla mucho de otro voluntarioso confidente: Sergio Massa. El diario Perfil cuenta en su edición del 7 de julio de 2013 que “cuatro meses después de renunciar, Massa cenó con la embajadora Vilma Socorro Martínez. Fue allí donde el intendente de Tigre descargó todo su rencor hacia la pareja presidencial. Massa dijo que los Kirchner no tenían probabilidades de capturar la presidencia en 2011. Cuando se le pidió que estimara las chances, Massa contestó ‘cero’. Massa fue despiadado en sus críticas a la pareja presidencial, especialmente a Néstor. Aunque ninguneó los informes de prensa que decían que él y Kirchner se habían agarrado a las trompadas en el cuartel de campaña en la madrugada previa a la derrota en las elecciones de mitad de período, en junio anterior, llamó a Néstor ‘psicópata’ y ‘cobarde´, y dijo que su actitud de matón en la política esconde una profunda sensación de inseguridad e inferioridad. (La esposa de Massa se alarmó a tal punto por estos comentarios desinhibidos que él le pidió a ella que ‘dejara de ponerle caras’). Massa cuestionó el argumento de que Néstor merecía crédito por ser un táctico magistral, describiendo al ex presidente como un torpe tan convencido de su propia brillantez que seguramente continuaría cometiendo errores… Dijo que Néstor no se podía relacionar con otros fuera del estrecho foco de sus propias ambiciones políticas: ‘Kirchner no es un genio perverso. Sólo es un perverso”.

Hoy Massa es precandidato a presidente y en Chubut su candidato a gobernador es Mario Das Neves.

”El verdadero hecho político e institucional de la marcha del 18F fue la aparición pública y ya inocultable del Partido Judicial”, ha dicho este fin de semana Cristina Kirchner y razones para creer en ello no le faltan si se consideran todo lo ágil que se mostró la Justicia Federal en la semana que pasó para adoptar medidas contra un solo sector político (mientras Mauricio Macri sigue procesado por espionaje; al igual que otros notorios que se caracterizan por ser funcionales al establishment económico).

El ocultamiento y la deformación de la verdad han copado las primeras planas y hacen que desde poco más de un mes a esta parte sólo un tema parezca dominar el humor de los argentinos. La desesperación de algunos que han perdido mucho en la última década lleva a que se saquen las caretas, ante el disimulo de los interesados y la comodidad de unos cuantos que en su fuero íntimo parecen repetir aquello de cuando eran niños: “¡Mamá, haceme grande que zonzo me hago solo!”. 

Fuente: Horacio Escobar

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