Es la primera vez que Humberto Almonacid, que ya tiene 80 años de edad, es homenajeado en una localidad santacruceña a donde acudió en compañía de su hijo menor, Mario Ricardo, quien nació tres años después de la muerte de su hermano.
Almonacid expresó su profundo agradecimiento a las autoridades de esa comunidad encabezadas por Jorge Soloaga, el cual fuera el encargado de entregarle un pequeño cuadro con la imagen de Malvinas.
Mario había egresado como técnico en la Escuela Industrial Nº 1 de Comodoro Rivadavia e incluso había pedido prórroga para cumplir con el servicio militar obligatorio a fin de culminar sus estudios, tras lo cual fue incorporado a la Infantería de Marina en la Base Puerto Belgrano.
Lo mataron de un balazo cuando él también abría fuego con su FAL, inmediatamente después de descender de un helicóptero. En ese combate también murieron otro conscripto y un suboficial de apellidos Aguilar y Huanca.
UN SOBRE BLANCO
Humberto, que por ese entonces tenía 50 años, no sabía que su hijo estaba en lo que se denominó Teatro de Operaciones del Atlántico Sur ya que a los combatientes se les informó de la misma cuando ya estaban embarcados.
En principio supo por la difusión de los comunicados de las FF.AA. que había habido combates en Malvinas y en las Georgias con un saldo de varios efectivos argentinos caídos pero no los relacionó con su hijo, sino hasta el día siguiente cuando una comisión policial llegó hasta su casa del barrio Ceferino Namuncurá para buscarlo.
Como no estaba en ese momento, acudió luego a varias comisarias e incluso al Comando de la IX Brigada de Infantería, donde encontró a un alto oficial que le hizo entrega de un sobre de color blanco, el cual contenía la nota por la que se le comunicaba oficialmente que Mario había caído en combate.
El sentimiento de dolor y congoja de toda la familia fue indescriptible, pero el caso de Humberto Almonacid conmovió sobremanera a la comunidad.
Es que él se ganaba la vida haciendo changas como electricista ya que no tenía empleo fijo. Antes había ejercido esa profesión como empleado de Agua y Energía, pero en 1978 la dictadura militar utilizó artilugios para dejar cesante a la mayor cantidad de trabajadores que estuvieran en empresas estatales y hubieran nacido en Chile. Fue por el conflicto limítrofe desa-tado por las islas Picton, Lenox y Nueva. Humberto era chileno y aunque se había naturalizado argentino, a los militares eso no les importó.
Por eso, cuando Diario Patagónico y periodistas de un canal de televisión de Francia lo entrevistaron en su domicilio el día que se supo de la muerte de su hijo, dijo entre sollozos que no encontraba explicación a la triste paradoja del destino: “a mí me echaron del trabajo porque nací en Chile, pero mi hijo da la vida defendiendo la soberanía de Argentina, el país que elegí para vivir”.
Pero las ironías vinculadas con la guerra no terminaron allí ya que años más tarde, Humberto tuvo otro disgusto cuando fue invitado a viajar a Puerto Darwin, donde se encuentra el cementerio de los soldados argentinos que quedaron en el archipiélago.
Si bien el cuerpo de su hijo yace en el cementerio Oeste de Comodoro Rivadavia, quería estar junto al monolito donde figuran los nombres de todos los combatientes que cayeron defendiendo la soberanía argentina, tanto en tierra, como en mar y aire.
El cruce hacia el archipiélago lo hizo desde Río Gallegos junto con otros deudos de combatientes, pero estuvo a punto de cancelarse por la ridícula reglamentación, impuesta por las propias autoridades argentinas, de que sin pasaporte nadie podía viajar a Malvinas, como si las Islas no nos pertenecieran.
Créase o no, esas cosas ocurrieron después de la guerra, aunque el desliz al que hacemos referencia pudo subsanarse a último momento y Humberto logró ir a las Islas.
A PERPETUIDAD
Durante la entrega del presente en Cañadón Seco, el comisionado de fomento, Jorge Soloaga, dijo que “este es un momento que nos conmueve porque estamos ante la presencia de uno de los héroes que debe tener un reconocimiento perpetuo”.
“Mario Almonacid, que no era un militar de profesión, asumió con valor la responsabilidad de ser argentino bajo bandera, defendiendo nuestra soberanía. Por ello –añadió--, tener con nosotros a su padre que nos cuenta el protagonismo de su hijo, es algo que nos conmueve y nos sacude el alma”.
Al mismo tiempo instó a toda la comunidad a mantener vigente la memoria de aquellos acontecimientos ya que ello contribuirá al proceso de recuperación pacífica de las Malvinas.