Caleta Olivia (Agencia)
El grupo habría llegado el domingo y fueron varios los curiosos que dieron cuenta de que estos llamativos hombres de túnicas blancas y grises se encontraban hospedados en el barrio 8 de Julio, en casas de familia que ofrecen habitaciones en alquiler.
A medida que corría la voz, la fuerza policial comenzó a hacer averiguaciones que no tuvieron curso verídico y de allí surgieron varias hipótesis, algunas más exageradas que otras y casi todas relacionadas con el conflicto en Medio Oriente.
Más allá de la vestimenta, sus facciones los delataban: altos, delgados y algunos con tupidas barbas, de tez morocha, pelo crespo y ojos rasgados, quienes a las 15:40 llegaron en dos taxis a la puerta frontal de la Terminal de de ómnibus. Y claro, el contraste resultaba extraño, por lo menos para esta zona.
Mientras periodistas de este diario intentaban hablar con el traductor del grupo, el resto trataba de ponerse de acuerdo para pagar el viaje en taxi a un chofer que lucía orgulloso una camiseta de Boca.
De un país desconocido de Medio Oriente, estos hombres no quisieron hablar con este medio y se mostraron ofuscados ante la posibilidad de que les tomaran una imagen, al grito de «no me quiero poner violento», esbozando un pálido inglés.
De las averiguaciones policiales surgen algunos datos que darían cuenta de una misión en búsqueda de adeptos a su religión.
Al traductor, de quien se sabe tiene origen mendocino, se lo habría escuchado preguntar por residentes correligionarios en nuestra ciudad en algunos sectores alejados de la zona céntrica, entre los que se cuenta el barrio Jardín.