Por Franco Córdoba
Nacer en un lujar alejado de las grandes urbes, a más de dos mil kilómetros, donde el viento sopla y “corta las carnes”, como dice una canción, elegir la gran ciudad para hacer una carrera profesional y luego regresar al origen es lo que eligió Alexis Cabrera, ex jugador de San Lorenzo, hoy trabajador petrolero en Comodoro Rivadavia.
En diálogo con Télam, el “Chino” cuenta su vida, inversa a la de aquel niño que soñaba con jugar en Primera división en cualquier lugar del país y luego estudiar o trabajar.
“Siempre que dan un partido lo veo, me pongo a recordar. Es lo que amo, amé y siempre quise de chico. Estar cerca del profesionalismo se extraña”, comentó.
“Recuerdo las concentraciones, los entrenamientos, los trabajos que hacíamos en las prácticas. Pero hoy me encuentro en otra parte, sigo jugando pero no tan profesional como antes”, agregó.
El ex San Lorenzo ahora trabaja en una empresa petrolera, tras ausentarse por razones familiares en Comodoro Rivadavia y ahora pasa su vida entre la actividad industrial y el fútbol, jugando para el Club Atlético Florentino Ameghino (CAFA) de la liga local.
“Llegué al CAFA por medio del presidente Angel Capurro, quien me ofreció la chance de trabajar a cambio de pertenecer a la institución y acepté. La verdad es que le agradezco mucho a él y al club por cómo se portaron conmigo”, aseveró. “Los primeros meses fueron duros, tuve que irme del profesionalismo y me costó decidirme, aunque cada vez lo asimilás más, pero el petróleo me da cosas que el fútbol no, como el bienestar para mis hijos, hasta que, quién dice termine jubilado”, reconoció. El marco de los partidos para Cabrera no son los que él acostumbró a disputar, con 20 mil o 30 mil personas en una cancha y “eso se siente, se extraña, nunca se reniega pero es diferente”. “La gente (en CAFA) por ahí ve el partido desde el auto y yo estuve siempre acostumbrado a los insultos, a manejar diferentes presiones. No digo que esté bien ni mal, es distinto. Hoy tengo otra vida y debo asimilar que no estoy en el profesionalismo”, relató el campeón de la Copa Mercosur de 2001 y la Copa Sudamericana de 2002 con el club de Boedo.
Cabrera hoy trabaja y si bien no siempre está en el campo como muchos de sus compañeros, aprende día a día el sacrificio de muchos colegas que sufren el frío, la nieve, el viento en una actividad que “no es para cualquiera”. “Cuando empecé estaba en mantenimiento de las casillas o tráileres, donde los compañeros comen o duermen en el campo. Yo me dedicaba a hacer el mantenimiento y ahora manejo una autoelevadora o “sampi”. Hago un turno diario donde termino a las 19 y me queda justo para ir a entrenar”, comentó.
El ex Olimpo de Bahía Blanca, Talleres de Córdoba, Comisión de Actividades Infantiles, entre otros clubes, cuenta que a veces se obnubila pensando mientras trabaja, sobre lo que fue su vida de futbolista profesional y a veces que todavía podría “estar jugando en algún equipo de Primera”.
“No le di tanta importancia a la palabra “ex” porque me sigo sintiendo un futbolista y me siguen llamando para irme a jugar en equipos importantes, pero antes de irme tengo que pensar muchas cosas como en mis hijos, y en mi compromiso con Capurro, Ameghino y yo soy de palabra”, aseguró.
“Yo trato de no pensar en lo que dejé y sí en lo que hoy tengo”, confesó.
Sin embargo, levantarse a la mañana en invierno, con frío para ir a trabajar, a veces se torna difícil, pero Cabrera lo toma con humor y al mismo tiempo con mucha responsabilidad.
“Lloré mucho sin que nadie me viera, me costó mucho asimilarlo, lo digerí, delante de mis hijos nunca lo hice, tampoco de la gente, pero a veces es cruel la realidad”, admitió Cabrera con un llanto contenido.