“La Belgrano, la que nunca duerme”, responden al unísono Raúl y Julio, dos viejos amigos, cuando se les pregunta sobre la intensa vida comercial y nocturna que tenía esa calle céntrica de Comodoro Rivadavia hacia mediados del siglo pasado.
Se trataba de una calle de tierra que por las noches de los 50 y 60 no dormía y que por las mañanas bien temprano, pasadas las 6, ya abría las puertas de las barberías, peluquerías y confiterías de la cuadra a la altura del 600.
El comentario de ambos amigos se produce frente a la ex Carnicería Pires, denominada en la actualidad Carnicería “Belgrano”. La atiende Raúl Pires, un antiguo poblador.
Raúl comenzó a administrar la carnicería en los años 60, aunque desde 1945 sus hermanos Rogelio y Manuel habían iniciado el proyecto de la carnicería hoy convertida en un símbolo de la calle Belgrano.
El local que conserva todo lo original de la construcción, es testigo de los inicios de Rogelio cuando se cruzaba a la carnicería de enfrente para que el italiano Dante Mazzoli le enseñara el oficio de cortar carne y deshuesar.
“Yo era muy chico y lo ayudaba a mi hermano como cadete, nosotros con otro amigo le traíamos la carne del matadero de Kilómetro 4, de lo de Elvira Fernández”, explica Raúl.
"EL SURTIDOR"
Julio, con bolso en mano para realizar sus mandados recuerda junto a Raúl, las tardes en que se juntaban en “El surtidor” de Belgrano al 600, donde hoy existe un comercio de artículos de bazar y zapatería llamado “El Calafate”.
Aparte de cargar nafta recuerdan que por aquellos años se tomaban su vermouth en un pequeño barcito que también tenía “El surtidor”.
“Ahí llegaba el “Chani”, el “Gordo” Lino, Carlos Cárcamo, el “Bicho” Morán, el peluquero Antonio “Pajarito” González, Hugo Bassi, Manuel Ovejero, Julio Arismendi, el “Gato” Martínez”, cuentan y suman nombres de viejos compinches.
“Esta calle era la que más temprano se levantaba y la que más tarde se acostaba”, insisten los dos amigos.
Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) disponía de una serie de colectivos que salían desde aquel “Surtidor”, en su mayoría con petroleros catamarqueños y riojanos, hacia campamentos de Kilómetro 5, “El Trébol”, “El Tordillo”, “Los Manantiales” y Kilómetro 3. Los petroleros también llegaban allí por las tardes en busca del recurrente vermouth que ofrecían varios de los bares que también abrían en el día.
“EN DOS CUADRAS HABIA 12 BARES”
En la calle Belgrano al 600 y 700 recuerda Raúl que había alrededor de 12 bares distribuidos unos cerca de los demás. “Estaba sobre la esquina, la churrasquería y bar “El Palenque”, el “Hotel Comodoro”, bar “La Estrellita”, a mitad de cuadra -donde hoy está “El Bagatelle”- se ubicaba el bar “El Ucraniano”, luego bar “El Gaucho”, también “El Belevib”, “El Pacífico”, y otros más”, enumera Raúl, además de recordar las ofertas del almacén “El Sol”, y sobre la otra esquina una filial de la Confederación General del Trabajo (CGT).
El ícono de la calle lo constituiría a través de los años un edificio hoy cerrado, ubicado en la esquina de Rawson y Belgrano, con una estructura de mampostería típica de la época.
Ese edificio que fue construido en la década del 30 -con un amplio salón de ingreso y al menos seis habitaciones, con dos baños y un tocador-, funcionó por años un bar nocturno de espectáculos musicales. Era “El Internacional”.
“Recuerdo que en “El Internacional” por la noche juntábamos unos cajones de manzana y los arrimábamos a la ventana. Desde allí –señalando hacia el frente del edificio de Rawson 752- me acuerdo haber visto a Estela Raval y su dúo “Las Palomitas””, cuenta Raúl, quien a los diez años espiaba y curioseaba la actividad nocturna del edificio.
El edificio actualmente se mantiene cerrado luego de su última actividad como Bar y Hotel Diana. Entre los propietarios que tuvo figuran Alfebo Gratti, Atilio Gratti y Héctor Alfredo López, César Oscar Herrada y Antonio Gomes Dos Santos.
“El Internacional” presentaba un sinnúmero de espectáculos artísticos musicales para entretener la noche de aquellos que llegaban en busca de la diversión de la calle Belgrano.