Comodoro nació como una ciudad que no estaba en los planes de nadie

Cuando la salida al mar a través de una ruta más corta que el desembarcadero existente en Bahía Camarones se hizo una imperiosa necesidad para la población sarmientina, recién comenzó a forjarse la idea de establecer un puerto en la rada bautizada con el nombre del marqués de Tilly. Pero Pietrobelli salió en busca de un lugar más accesible para las embarcaciones y lo encontró en Punta Borja, casi a los pies del cerro Chenque.

Comodoro Rivadavia nunca estuvo en los planes de nadie. Es más, Sarmiento fue en principio pensada como el eje de una región que se alimentaría y crecería por los frutos que le posibilitara la tierra.
Al menos hasta finales del siglo XIX los entonces gobernantes de la Nación no habían esgrimido la menor intención de establecer nuevas poblaciones en la Patagonia. La historia comenzó a modificarse luego de la campaña del desierto encarada por el presidente Julio Argentino Roca en 1884 con la firma de la Ley de Territorios Nacionales.
Esta norma fue el pie de las jurisdicciones administrativas.
Los militares que habían tenido una marcada participación en lo que se denominó “la Conquista del Desierto” fueron designados al frente de los territorios nacionales.
La extensión casi sin fin de los parajes sureños hizo pensar a los gobernantes que esta era tierra propicia para fomentar la ganadería y la agricultura.
Concretamente se pensaba que de este lado de la cordillera podía rendir los mismos beneficios que, principalmente el ganado ovino, estaba otorgando al gobierno chileno.
En la zona que rodea a los lagos Musters y Colhué Huapi fue el primer lugar en la mira de quienes demandaban explotar la potencialidad de la árida Patagonia.
A partir de 1896 comienza este lento pero inexorable proceso. El 28 de julio de ese año comienza a tejerse la historia de esta ciudad. Ese día Francisco Pietrobelli solicita al entonces gobernador interino, general Alejandro Conesa, autorización para instalarse al sur del lago Colhué Huapi.
Pietrobelli no pretendía encarar solo esta empresa. La petición llevaba la firma de otras 182 personas que requerían dos secciones de terreno. Afortunadamente esa vez la propuesta no recorrió laberintos burocráticos.
El 21 de junio del año siguiente, el Superior Gobierno de la Nación otorga 15.000 hectáreas –lo que constituían 2.000 lotes de 625 hectáreas cada uno– para que se instale una colonia pastoril que originalmente se llamaría Ideal. La adjudicación de tierras era gratuita pero, a cambio, cada poblador debía comprometerse a construir su vivienda, criar por lo menos 200 ovejas y destinar como mínimo 10 hectáreas para el cultivo. De cumplirse con todos estos requisitos, los pioneros podían contar a los cinco años con el título de propiedad.
La decisión de instalar una colonia agrícola tuvo resultados rápidamente. Un año más tarde, exactamente el 30 de setiembre, se registra la llegada de los primeros pobladores. Con la inmigración en pleno auge, cinco familias galesas, una polaca y tres indígenas arriban con el ánimo dispuesto para recoger los frutos de la tierra.
Tan solo unos meses después por estos lares se repartían más de dos millares de lanares.
La materia prima que generó esta especie activó el intercambio comercial del que no estuvo exenta la numerosa población, indígenas que desde siempre había habitado la zona.
El transporte, entonces, comenzó a representar un problema para quienes necesitan vender y recibir mercadería. Según consta en los documentos de la época para los primeros días de diciembre estaban asentadas 11 casas y 55 personas.
La salida al mar se hizo, en este punto de la incipiente población sarmientina, una necesidad imperiosa.
El desembarcadero que por ese entonces había en la Bahía Camarones era la única vía de comunicación hacia el mar. Los productos llegaban a ese lugar por barco y desde allí se tenían que trasladar en carros. El tiempo que se demoraba en recorrer los más de 366 kilómetros era una pesadilla.
Pero -tal como ocurre actualmente- el transporte no hacía más que elevar considerablemente el costo de los artículos de primera necesidad.
En el diario que llevó Francisco Pietrobelli se deja constancia que la distancia encarecía los precios 13 a 15 centavos por cada kilo de mercadería.
Había que encontrar una ruta más corta.
Las cartas náuticas que había elaborado Fitz Roy se convirtieron en la puerta de salida a esta dificultad. El militar explorador narraba que el camino más directo desde Sarmiento al océano era la rada que había sido bautizada en honor al capitán general Everardo de Tilly, marqués de la Casa de Tilly, marino español que llegó a estas costas en la década de 1780.
Pero la realidad marcaba que llegar hasta allí no era soplar y hacer botellas: no había caminos y los dueños de los barcos que se dedicaban al transporte ni siquiera imaginaban en atracar en esas costas.
Pietrobelli piensa, entonces, que el Gobierno nacional puede aportar una solución exigiendo que la rada sea establecida dentro del itinerario de paradas obligadas de los barcos. Con esto no sólo se beneficiaría Sarmiento sino que también resultarían favorecidos los habitantes de la colonia San Martín, ubicada más adentro del territorio chubutense, camino a la cordillera.
Otra razón de peso estaba en el pensamiento del pionero, aseguran algunos historiadores.
La preponderancia que Chile le estaba dando a la región sur de su país no se veía con buenos ojos en el Gobierno nacional. Era vital entonces dar muestras de que también en este lado de los Andes se le daba importancia a la Patagonia.
Con estas propuestas en su alforja, Pietrobelli partió a Buenos Aires para convencer al presidente.

LA PRESENCIA DE PIETROBELLI
Aunque la historia ha dejado algunas dudas, Francisco Pietrobelli es sindicado como el fundador oficial de Comodoro Rivadavia.
El revisionismo, sin embargo, deja abierta la posibilidad de que es en realidad el alemán Juan F. Plate -quien antes de 1900 ya era propietario de extensas parcelas de tierra en la Patagonia- el principal propulsor de la creación de Comodoro Rivadavia.
Existe documentación, incluso, que demuestra el interés de Plate por dotar de la infraestructura necesaria a la ciudad. Su proyecto más ambicioso fue unir a Comodoro con Lago Buenos Aires a través del ferrocarril, aunque la propuesta nunca encontró el eco necesario para hacerse realidad.
La carta que Plate envió, en 1914, al perito Francisco Moreno es tomada por sus reivindicadores como el mejor ejemplo del rol decisivo que representó para el futuro de la localidad. En la misiva, Plate se afirma como el autor de la búsqueda de una salida hacia la costa de Rada Tilly, incluso va más allá y señala que conocía bien el tesoro negro que guardaba el subsuelo comodorense.
En honor a la verdad, en la traducción del diario que llevó durante sus exploraciones por la zona, la fundación de Comodoro apenas ocupa tres líneas, casi en el final del relato.
Pero en las páginas de los libros y las fotos oficiales, el rostro de frente ancha y bigotes prolijamente recortados de Francisco Pietrobelli adjunta cualquier mención al nacimiento de la ciudad. Aunque -como las paradojas nunca están ausentes de ningún capítulo de la historia- Pietrobelli se despidió de este mundo muy lejos de la Patagonia.
Después de 1910, el pionero y comerciante toma sus bártulos, su mujer y sus hijos y retorna a Italia donde fallece seis años más tarde.
Este italiano con una voluntad a toda prueba había visto por primera vez la luz el 11 de noviembre de 1858 en la ciudad italiana de Verona. Como millones de inmigrantes, el espíritu aventurero de Pietrobelli se puso de manifiesto rápidamente. Pero no fue América el primer lugar en la mira del pionero.
A decir verdad, Pietrobelli no podía encerrarse en los parámetros del típico inmigrante. En su país natal había concluido con la educación secundaria. Aunque con marcado acento, también hablaba seis idiomas. Pietrobelli salió de Italia seguro de conseguir un futuro próspero.
Recorrió previamente varios países de Europa e incluso se estableció por un tiempo en Alemania. Después se decidió a cruzar el océano para conocer qué tan ciertas eran las posibilidades que ofrecía América.
Estados Unidos, entonces, fue el primer lugar donde intentó establecerse. Pero Pietrobelli no pudo contener que había más allá, hacia el sur.
Apenas unos días después de cumplir los 30 años pudo comenzar a despejar sus dudas.
No le pudo ir mejor con la determinación. A poco de llegar al país comenzó a trabajar para la Compañía Inglesa de Ferrocarriles que, en esa época, empezaba a fomentar en mayor medida la unión a través de las vías férreas, entre Trelew, Puerto Madryn y Gaiman.
Aunque Pietrobelli ya tenía el capital suficiente para fundar “El Fénix”, una sociedad que como objeto principal tenía la exploración de la región andina.
En agosto de ese año Pietrobelli finalmente posa sus pies en Rawson. Inmediatamente parte a conocer tierra adentro. En setiembre había recorrido cerca de 500 kilómetros.
Luego de esperar más de un año, en 1897, el general Alejandro Conesa contestó afirmativamente el pedido de 183 personas -entre las que se encontraba Pietrobelli- y firmó el decreto para establecer la colonia que se denominaría Sarmiento.
Esto reafirmó la voluntad del pionero de salir a recorrer el sur.
Un año más tarde alrededor ya se habían establecido nueve familias en 14 casas, lo que totalizaba 55 personas. Como se apuntó anteriormente la incipiente población activó con rapidez una cadena de intercambio comercial.
Con muchos kilómetros en su haber, las miradas de los residentes de la colonia agrícola se dirigen a la figura del italiano inquieto, en parte, por extender sus horizontes comerciales. Pietrobelli por supuesto acepta pero no solamente porque era imprescindible encontrar una salida más cercana al mar.
“Hay que frenar militarmente posibles invasiones de la vastísima zona que vinieran del Pacífico, vía río Aysén, dado que Rada Tilly es un lugar eminentemente estratégico debido a la corta distancia entre el Atlántico y el Pacífico”, se puntualiza en la traducción del diario que -en el dialecto de Veneto- llevó Pietrobelli sobre su periplo en la zona.
A Pietrobelli se le puede cuestionar todo menos la falta de voluntad, o mejor dicho, la insistencia. El 15 de diciembre de 1898 el pionero monta su caballo, acompañado de dos indios, para encontrar el mar.
El viento, la falta de provisiones y su escasa comunicación con quienes secundaban su empresa se transformaron en enemigos que no pudo enfrentar con éxito. Pero decidió aprovechar la peripecia como experiencia y tres meses después nuevamente salieron en busca del lugar donde, según las cartas náuticas, los barcos podían detenerse sin peligro.
“Existe la felicidad”, garantiza Pietrobelli en su hoja de ruta cuando observa el intenso azul del horizonte. No era para menos, antes de llegar había tenido que soportar el clima, la carencia de alimentos y la poca simpatía que, aparentemente, su persona despertaba entre los indígenas. Estos factores contribuyeron a que el retorno a la Colonia Sarmiento no se desenvolviera con la máxima alegría.
Pietrobelli apenas tuvo tiempo para notificarle la novedad a los pobladores que respaldaban su búsqueda de un camino más corto hacia el océano. Parte rápidamente hacia Camarones para abordar la embarcación que lo conduciría a Buenos Aires. Estaba dispuesto a golpear en cada despacho hasta conseguir la decisión de que los buques tuvieran que atracar obligadamente en las costas que rodeaban la Punta del Marqués.
Pero antes que los funcionarios nacionales, Pietrobelli consiguió el apoyo de varios hacendados, entre ellos estaba Juan Plate. Los estancieros también ofrecieron los materiales necesarios para efectuar la construcción del galpón donde se depositaría la mercadería que traerían los barcos en el nuevo puerto.
Pietrobelli llega otra vez en noviembre de 1899 a Rada Tilly, aunque en esta oportunidad para aguardar el prometido buque que se enviaría desde Buenos Aires. Pero debe retornar, masticando bronca, a Sarmiento.
Recién el 9 de enero de 1900, el 1 de Mayo atracaba un poco más allá de la Punta del Marqués. Según algunas fuentes, se pudo determinar que la profundidad de las aguas no era la adecuada. En cambio, otros aseguraron que existe una carta firmada por el entonces presidente de la Nación, Julio A. Roca, donde puntualizaba que “los transportes nacionales de ahora en más tocarán la Rada Tilly”.
Sin embargo, un problema de orientación del capitán del buque habría motivado que se desembarcara en Punta Borja.
¿Comodoro Rivadavia es, entonces, producto de un error involuntario? Nuevamente a la historia le corresponderá dar una respuesta.
Con los materiales para el galpón a cuestas, Pietrobelli sale en busca de un lugar más accesible para las embarcaciones. En la Punta Borja -casi a los pies del cerro Chenque- planta un molle para marcar el espacio donde después edificaría un galpón. “También se plantó un molle cuando se fundó Comodoro”, comenta en su diario sin dar más detalles.

NACIMIENTO OFICIAL
¿Cómo se encuadraba Comodoro Rivadavia antes de ser población?¿Dentro de qué forma jurídica se consideraban estas tierras?¿Quién las gobernaba?
Antes incluso de que se autorizara la creación de una colonia, tanto Chubut como Santa Cruz eran considerados territorios nacionales. Un gobernador -un cargo que sin excepciones era ocupado por militares de un rango superior- era quien debía cuidar que se cumplieran las iniciativas que se tomaban en la Capital Federal.
El galpón fue el punto de referencia para que otros interesados -generalmente comerciantes- en instalarse en la zona comenzaran sus propias edificaciones.
Así, en poco tiempo y aunque todavía no había reconocido como población, Comodoro ya contaba con un local de ramos generales (propiedad de Juan Plate junto con Belarmino Menéndez) y depósitos donde los productores de la zona guardaban lanas y cueros. Los vínculos entre Colonia Sarmiento y el asentamiento que rodeaba al desembarcadero se hicieron cada vez más estrechos.
Francisco Fernández, Angel Vélaz y José María Pérez son algunos de los primeros que, con su familia, se instalaron de manera fija en estos lares. Los estancieros y comerciantes comienzan a gestionar ante el Gobierno nacional el reconocimiento del asentamiento.
La determinación de los pobladores termina de tomar forma el 16 de enero de 1901. “(Los abajo firmantes) se permiten pedir en vista del mucho interés que por los territorios de Chubut y Santa Cruz, se digne disponer lo necesario para que en la costa de la Rada Tilly sea establecido un pueblo con puerto de mar. Este pueblo quedaría frente y a sólo 15 a 20 leguas (entre 75 a 100 kilómetros) de la importante Colonia Sarmiento y es el punto de arranque del ferrocarril proyectado que va atravesando las Colonias Sarmiento y San Martín, y bifurcándose en la confluencia de los ríos Senguerr y Mayo, llegará por el norte a la Colonia 16 de Octubre por el sur hasta el lago Buenos Aires”, expresan en la carta que un grupo de pioneros le remitieron al Ministerio de Agricultura de la Nación.
La precaria construcción erigida por Pietrobelli es, nuevamente, tomada como punto de partida para iniciar el asentamiento.
Pero lo cierto es que ésta no era la primera solicitud que recibían las autoridades. Otros colonos había presentado una demanda similar pero para fundar otra localidad cerca de Bahía Camarones.
En la carta enviada al  ministerio de Agricultura se hace referencia también a las dificultades que existen con la falta de agua. Sin embargo, también se promueve una solución. “En el caso de que aquellos pozos que va a hacer perforar la Dirección de Telégrafos no diesen resultados, se puede traer fácilmente de unos manantiales cercanos ubicados a dos leguas de distancia”, alegan.
Una sede de Subprefectura es para los pobladores un requisito imprescindible para que el pueblo florezca amparado por el puerto.
La respuesta del Gobierno nacional se da a conocer el 11 de febrero del mismo año. Esa jornada la Dirección General de Tierras y Colonias aclara que, en realidad, si bien estaba la posibilidad de fundar una nueva población en los predios de Rada Tilly no se podía adoptar decisión alguna sin previa consulta al Ministerio de Marina. Esa cartera debía aprobar, luego de los correspondientes peritajes, que las costas eran adecuadas para el atraque de buques.
El 23 de febrero de 1901 se da a conocer la contestación de la Marina donde se mencionan las exploraciones que -una década antes había realizado (cuando era capitán de navío) el comodoro Víctor José Martín Rivadavia y Villagrán sobre las costas radatilenses, donde no recomendaba demasiado el lugar para ser empleado como puerto. El estudio realizado por el oficial cobró especial relevancia dada su sorpresiva muerte el 14 de febrero.
Para la Marina los consejos de Rivadavia eran la señal para que el ministerio dispusiera que la mejor opción era la Punta Borja.
El presidente de la Nación, Julio A. Roca, descansaba en las sierras cordobesas. Antes de seguir esperando, el vicepresidente -doctor Quirno Costa- toma la decisión de firmar un breve decreto -de apenas dos artículos concretos y uno de protocolo- que establece la creación de una nueva colonia.
“La Dirección de Tierras y Colonia procederá a trazar un pueblo en el territorio del Chubut, sobre la costa atlántica, entre Punta Borja y la Punta del Marqués, que se denominará ‘Comodoro Rivadavia’”, se establece en el primer inciso.
En segundo orden se determina que “la citada Dirección cuidará de que los pobladores existentes en el puerto indicado sean preferidos para la adjudicación de lotes”.
Comodoro Rivadavia empezaba a existir.

LOS PRIMEROS  EN LLEGAR
Con el aval de Nación, la instalación de habitantes se disparó rápidamente. En los primeros días de abril llegaron los ingenieros que realizarían el mensuramiento de lotes entre las puntas del Marqués y Borja. Policarpo Coronel estaba al frente de la comitiva que, en seis meses, tenía que concluir con la tarea.
Comodoro Rivadavia debía contar con 100 hectáreas. Cada una de ellas representaría una manzana. El cuadrado que debían formar estos lotes estaría dividido por dos calles centrales (de 50 metros de ancho), el resto de las arterias no podían poseer un ancho superior a los 20 metros.
Los primeros interesados en instalarse en Comodoro recibieron no sólo los mejores lotes sino que además no pagaron costo alguno. Solamente debían comprometerse a alambrarlo respetando los mojones dispuestos por la mensura.
Las primeras casas se levantaron alrededor del cerro Chenque que en los primeros tiempos de la ciudad se llamaba Borja.
El clima fue un factor preponderante en la construcción del pueblo que -apenas seis meses después de su fundación- se convirtió en paso obligado para los carros que transportaban mercadería por toda la Patagonia. Aunque se habían construido únicamente tres viviendas -las de Pietrobelli, Juan F. Plate y Belarmino Menéndez- a poco de iniciarse el invierno el poblado fue dotado de una línea telegráfica.
En poco tiempo más de una docena de personas, junto a sus familias, se instalaba en la incipiente localidad.
¿Cómo se desarrollaba la vida de los primeros tiempos?, de manera muy complicada por cierto. El viento y el frío tenían una intensidad mayúscula. Aunque los víveres llegaban por barco, cada vez cobraba más importancia la inexistencia de agua para consumo humano. A 15 kilómetros de Comodoro se encontraba la estancia Los Menucos, principal fuente de abastecimiento del vital elemento. Pero cada litro de agua tenía un costo de tres centavos.
Pese a todas las dificultades nuevas familias se van agregando.
El 23 de febrero de 1902 se contabilizaban 200 habitantes. Se hizo necesario, entonces, la designación de un juez de paz. Tal elección recayó sobre Francisco Pietrobelli.
Más allá de las contingencias el potencial de prosperidad que le otorgaban a Comodoro se desparramaba por los cuatro costados.
Dos años más tarde la cantidad de población se había duplicado. Lahusen y la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia fueron las dos primeras firmas importantes en desembarcar en la ciudad.
En este punto también se produce el arriba de una de las primeras corrientes inmigratorias. Se trataba de colonos Boers que venían con la intención de encontrar un futuro volcando todos sus conocimientos en agricultura y ganadería. Para cumplir con su cometido tuvieron que vencer la dureza de la agreste tierra patagónica.
El Gobierno nacional aceptó esta propuesta al entregarles 2.500 hectáreas de campo sobre el golfo San Jorge. Pero los sudafricanos se situaron, en realidad, lejos de los puntos de movimientos de la ciudad. Crean, de esa manera, un asentamiento propio al que denominan Colonia Escalante. Los colonos también tuvieron que luchar con la falta de agua potable, como enemigo inesperado. Pero poniendo en funcionamiento toda su capacidad, los Boers descubren un par de manantiales con los que pudieron paliar, parcialmente, esta necesidad.
Con el tiempo el asentamiento boer se transformó en uno de los primeros lugares de abastecimiento propio, en este caso, de frutas y verduras. Para 1903 la colonia sudafricana superaba ya las 100 personas. El puente ubicado en el acceso a Kilómetro 5 es una muestra del tesón de estos pobladores. Los Boers se instalaron después donde hoy se ubica el barrio Astra. El grueso de estos pioneros se dedicó a trabajar por cuenta propia. Esta situación se mantuvo hasta la creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (Y.P.F.) cuando en varios casos los Boers se incorporaron a las filas de su personal.

UN PUEBLO INCIPIENTE
Con un puerto a sus pies y como lugar de paso hacia otras poblaciones, Comodoro Rivadavia tenía más o menos asegurado un futuro. Durante el primer lustro de vida los medios nacionales dieron cuenta de ello. Sin embargo –y sin que existieran rectificaciones de las autoridades de la población- se marcaba el 26 de junio de 1900 como la fecha de nacimiento de la ciudad.
Para 1905 la cantidad de residentes era de alrededor de 800. “La falta de agua y otras dificultades no impiden los rápidos progresos de Comodoro Rivadavia. Este año ya exportó un millón doscientos mil kilos de lana y 300 mil kilos de cuero, quillangos, plumas de avestruz y otros frutos, contra los 300 mil kilos de lana en 1905”, relataba un artículo publicado en la famosa revista “Caras y Caretas”, en setiembre de 1907.
Apenas tres meses después se efectuaba el vuelco más importante en la vida de la localidad: el petróleo.
Comodoro Rivadavia contaba con una escuela donde la enseñanza era impartida por el maestro Isidro Quiroga. La atención sanitaria comenzó a prestarse con la llegada de los Boers. Tras haber cursado algunos años de la carrera de medicina en Alemania, Rudolf Krieger hacías las veces de médico.
Recién en 1904 llega a estas tierras el doctor Carlos Canevasio. Sin embargo, los comodorenses no manifestaban dolencia alguna a pesar del viento, el frío y el agua a cuentagotas.
Aunque prácticamente no tenía pacientes, el médico comienza a recibir una suma mensual a cambio de mantener su consultorio siempre abierto.  Pero el trato no tuvo el resultado esperado y sin llegar a cumplir un año en la zona Canevasio se marcha hacia el Valle para encontrar un mejor horizonte.
Los pobladores debieron aguardar hasta 1909 para que se asentara otro médico. Se trataba de Julio Ladvocat. Pero su estadía perduró apenas cuatro años, aunque para ese entonces su colega Juan Arizábal se ocupaba de las consultas.
Los comodorenses podían tener correspondencia dos veces por mes. Con un carro de cuatro ruedas tirado por seis mulas Antonio Puricelli prestaba el servicio desde Sarmiento. Este italiano ya había acumulado experiencia cuando actuó como asistente del perito Francisco Pascasio Moreno cuando recorrió la Patagonia para trazar los límites.
Aunque los estancieros, tales como Máximo Abásolo, tenían el capital suficiente como para que por las calles de ripio comodorense, allá por 1906, transitaran los primeros automóviles; los caballos, los carros de bueyes y mulas y las chatas (carros de cuatro ruedas tiradas por entre 12 y 14 caballos) eran el medio de transporte más empleado por quienes se asentaron en los primeros años de esta localidad.

PRIMERA ORGANIZACION  INSTITUCIONAL
Comodoro Rivadavia tenía todo, excepto un gobierno institucional. Durante los priemros años tuvo un juez de paz, cargo que fue ocupado inicialmente por Francisco Pietrobelli apenas un año después de la fundación. Posteriormente lo sucedieron -en el período que abarcó desde 1905 a 1909- Juan Golco y Francisco M. Fernández.
En 1905 esta función comenzó a ser compartida también por el subprefecto marítimo. Enrique Belzunce fue el primero en ser designado en este cargo en 1903. Dos años más tarde el nombramiento oficial recayó sobre Pedro Barros Seeber.
Los comisarios también ejercían un papel importante en lo que respecta a las decisiones que se tomaban en el pueblo.
Allá por 1906 se realizó el primer intento por constituir un gobierno propio. En este caso se trató de una Comisión Municipal que fue conducida por Joan Pebet.
De los 500 habitantes que supo tener en sus comienzos, para la primera década del siglo. Comodoro contabilizaba ocho veces esa cifra. Con tal cantidad de población hubo que buscar otro modo de canalizar las decisiones. El movimiento que impulsaba la búsqueda de autoridades llegó hasta Alejandro Maiz, gobernador del Territorio Nacional del Chubut. Este giró la inquietud al Gobierno nacional. Finalmente, el 22 de agosto de 1911, el Ministerio del Interior autorizó la realización de elecciones municipales. Pero no fueron muchos los ciudadanos que decidieron quiénes serían las autoridades.
En poco tiempo en la ciudad ya existían dos partidos que estaban dispuestos a competir por ganar la adhesión del pueblo. Ernesto Pérez fue el candidato al que acompañaban Enrique Corcoy, José Pérez y Sebastián Peral. En tanto que el médico Julio Ladvocat presidió la lista que además estaba compuesta por Humberto Sacerdote, José Salso, José Pinedo y Martín Venter.
Los ciudadanos tuvieron que recurrir a la escuela primaria 24 (actual 83) para expresarse de manera pública porque el voto aún no era secreto su parecer. Al término de la jornada, el recuento de boletas otorgó la victoria a Ladvocat, quien de esta manera quedó al frente del Honorable Concejo Municipal.
Las primeras elecciones se desarrollaron en un clima por demás tenso. Incluso la policía se vio obligada a detener a uno de los adeptos a uno de los partidos que se presentaban. Pero esta fue sólo una anécdota comparada con las denuncias que por supuestas irregularidades presentaron los del partido derrotado ante las autoridades del Ministerio del Interior.
Los cambios que se produjeron en la Gobernación del Territorio -Antonio Lamarque reemplazó a Alejandro Maiz- aparentemente fue otro elemento determinante para que se adeptaran las acusaciones apenas un año después que se desconocieran los resultados del proceso electoral. De esta forma el mando de la ciudad quedó otra vez en manos del juez de paz, cargo que era detentado por Francisco Fernández.
Se tardaron dos años para que se volviera  a efectuar otro intento para designar nuevas autoridades. Sin pensarlo dos veces otra vez el médico Julio Ladvocat se presentó como candidato. Del otro lado se ubicó Máximo Abásolo, un hombre que como productor rural había conseguido acumular una basta fortuna.
El éxito que Abásolo tenía como estanciero se proyectó en su primer intento político como candidato del partido Unión Vecinal. El 18 de julio de 1914 se consagraba como nuevo titular del Concejo Municipal. Rogelio Riera, Luis Gallino, Luis Manzon, Carlos Ferzeenar y Raúl Oneto fueron los primeros ediles con que contó la ciudad.
Abásolo perduró durante una década ocupando el sitial político más alto a nivel local. Sin embargo, no se puede decir que detentaba la autoridad absoluta.
La aparición de una nueva fuerza vino a complicar la situación. Las divergencias internas provocaron que Pastor Schneider abandonara las filas del partido Unión Vecinal, al que pertenecía Abásolo, para probar suerte por su propio lado. Así nace la Unión Popular que si bien perdió las elecciones por muy pocos votos, se ubicó como el otro referente de la voluntad de los comodorenses.
Como se verá más adelante, el descubrimiento del petróleo y la llegada de jefes militares para controlar su explotación modificó  todos los estamentos de la sociedad local. El coronel Alonso Baldrich era por designación de las autoridades nacionales el administrador de Comodoro. El general Enrique Mosconi -al frente de YPF- era otro de los dirigentes con que se veían obligados a negociar los dirigentes municipales.
En rigor, entre los políticos y los jefes castrenses siempre fueron más las diferencias que los puntos de vista en común. Los relatos que ilustran estas divergencias pueden contarse de a cientos. Desde ya la carencia de agua -como se verá más adelante- fue durante mucho tiempo el principal disparador de conflictos. A esto se agrega, cerca de 1925, cuando los directivos de YPF prohíben una de las vías de acceso -más específicamente para ingresar y dirigirse al norte- a la ciudad. Es que para las autoridades de la empresa el pase obligado del camino que después fue la ruta 3 representaba un peligro para su seguridad.
De nada sirvieron los intentos de los políticos por convencer a los militares de lo inoportuna de su decisión. Tampoco tuvieron efecto las protestas ante el Gobierno nacional y la Gobernación del Territorio.
Por el contrario, desde YPF mantuvo la misma tesitura e incluso propuso trazar un camino alternativo que partía casi desde la intersección de la calle San Martín con la Costanera y después de bordear las vías del ferrocarril avanzaba hasta Kilómetro 5. Pero aquí cometieron un error que finalmente impidió que cumplieran su cometido. Aunque no consiguieron respuestas positivas, la Municipalidad logró convencer a la Dirección de Puentes y Caminos para que enviara a dos peritos a supervisar la propuesta. Una sola mirada fue suficiente para que la proposición de los jefes castrenses fuera desestimada: era más riesgoso que peatones, carros, chatas y caballos transitaran sobre los rieles.
Esta vez la pulseada fue ganada por quienes buscaban darle una proyección diferente a la localidad.

LA GOBERNACION  MILITAR
El 28 de febrero de 1942 el Gobierno nacional toma la decisión de crear “una gran unidad de batalla en la Patagonia”. A partir de ahí se pone en marcha en Comodoro Rivadavia la Agrupación Motorizada Patagonia que era conducida por el coronel Angel Solari. Este jefe castrense es el que promueve la creación de una Gobernación Militar. El 12 de julio de 1945 se da a conocer la aceptación de esta propuesta.
El decreto 1535 establece en su primer artículo (proporcionar en todo tiempo, una adecuada protección local a la Zona Militar, en forma tal que permita mantener, sin solución de continuidad la explotación de sus yacimientos petrolíferos. Asegurar, asimismo, el funcionamiento de los servicios públicos y amparar todas las actividades lícitas que allí se desarrollen, y brindar la necesaria protección a los intereses del Estado y de los particulares”.
La Zona Militar -cuya capital era Comodoro Rivadavia- contaba con una superficie total de alrededor de 120 mil kilómetros cuadrados. Al norte estaba limitado desde Bahía Camarones hasta el cruce internacional con Chile (en el punto geográfico que se ubica cerca de Aldea Apeleg). El río Deseado marcaba los límites hacia el sur. Dentro de la Zona Militar se encontraban las principales fuentes de agua de la región (tales como los lagos Musters, Fontana, La Plata, etc.). De acuerdo a los datos que se manejaban en 1953, la Zona Militar contaba con 51.898 habitantes.
El Poder Ejecutivo Nacional designaba al gobernador de la Zona Militar Comodoro Rivadavia. Todos los asuntos políticos y administrativos dependían de quien ejercía este cargo.
“El gobernador es la autoridad local superior encargada de respetar y velar por el cumplimiento de la Constitución Nacional, leyes nacionales, decretos y resoluciones emanadas del Poder Ejecutivo de la Nación”, reza otro de los artículos.
En el decreto también se expone un largo catálogo sobre los deberes y atribuciones del gobernador de la Zona Militar. Lo cierto es que el gobernador militar tenía un poder casi ilimitado y de un gran impacto para la ciudad especialmente desde el ámbito político. Ocurre que la militarización de la región eliminó toda posibilidad de autonomía.
El gobernador militar contaba con la potestad de nombrar a los jueces de paz, comisionados municipales y a las comisiones de fomento. También estaba autorizado “para requerir dentro de las 48 horas la comparecencia de todo funcionario civil que llegue a la Zona Militar para informarse acerca de los motivos de su presencia en la misma”.
El gobernador era además quien disponía a los que prestarían servicios como empleado civil de la administración de la Zona Militar. El Comando era el espacio físico donde se centralizaban todas las actividades.
El entonces coronel Angel Solari fue el primero en ser nombrado al frente de esta jurisdicción. Pero el jefe castrense no sólo asumió como comandante militar la Agrupación sino que además se puso al frente de la Intendencia. Además del militar, en Comodoro sólo existía otro poder: el del Juzgado letrado de Primera Instancia y la Cámara de Apelaciones que había sido creada en 1945.
Durante la Gobernación Militar el gobierno nacional se preocupó, tal vez como nunca antes, de fomentar la realización de obras públicas.
En esa época se construyó, por ejemplo, no sólo el edificio del Comando, sino la Cámara de Apelaciones y Juzgado -donde actualmente funciona la Escuela 769 ex ENET n° 1- el mercado regional, la Escuela 24, el colegio Perito Moreno, el museo regional, el hogar escuela (hoy Liceo Militar General Roca) y el hospital regional. Durante ese período se produjo además el desmonte del Chenque Chico, un cerro que se ubicaba en donde actualmente se encuentra el Comando de Brigada y la Catedral.
En Puerto Deseado, en tanto, se ejecutó el edificio municipal y el matedero. En Sarmiento se edificó otra construcción que además del municipio tenía que contener a Juzgado de Paz y el Registro Civil.
Por otro lado, varias localidades pudieron contar con las redes de energía eléctrica. Al tiempo que también se iniciaron las gestiones para el gasoducto que uniría Comodoro Rivadavia con Buenos Aires.
El 29 de diciembre de 1949, el presidente Juan Domingo Perón se encargó de inaugurar esta obra.

LA PROVINCIALIZACION Y MUNICIPALIZACION
Cuando promediaba la década del 40, las autoridades nacionales se replantean la manera en que se conducían las gobernaciones militares. En 1949 se produce un vuelco fundamental cuando se modifica el régimen electoral que entre sus objetivos perseguía la incorporación a la Cámara de Diputados de la Nación de representantes de los territorios nacionales. Dos años más tarde una ley avanza en esta línea.
Aunque a los denominados delegados se los consideraba en el mismo rango que un diputado nacional, en la práctica podía emitir sus opiniones en el recinto de sesiones, pero no podía votar.
Mariano Rodríguez Gallardo y Mariano Sarmiento fueron los primeros delegados de la Gobernación de Comodoro Rivadavia.
Este proceso no perduró por demasiado tiempo puesto que el Gobierno nacional decide que los territorios nacionales no cumplían ya con las premisas que se le habían trazado primariamente.
En 1954 comienza a perfilarse la provincialización de Chaco, Formosa y Misiones.
Puede decirse que en este punto Comodoro Rivadavia modificó su destino nuevamente.
La tutela que hasta ese entonces ejercía el Gobierno nacional que, tomando a esta zona como punto estratégico para la defensa militar, era la base central del desarrollo de la ciudad según sostenían varios dirigentes locales. Los miembros de la Federación Económica de la Gobernación sostenían esta postura.
En cambio otros, más ambiciosos, comenzaban a vislumbrar que tal vez la ciudad pudiera convertirse en capital de una nueva provincia. Este sueño casi se transforma en realidad cuando la disolución del Territorio Nacional dio lugar a la Zona Militar Comodoro Rivadavia.
En la sesión que la Cámara de Diputados de la Nación celebró el 10 de junio de 1955, los 145 legisladores aprueban en forma unánime la provincialización de los territorios nacionales. Sin que todavía se determinara su nombre, la norma establece en uno de sus artículos una provincia que “limitará al norte con el paralelo 42°, al este con el océano Atlántico; al oeste con la línea divisoria con Chile y al sur con el paralelo 46°”. Esto dio pie a lo que después fuera Chubut. El artículo 2° de esta ley desvaneció los planes que se existían localmente que en Rawson funcionara la capital de la nueva provincia. Aunque en el texto se aclaraba que la designación era provisoria, desde ese entonces no se modificó la composición del nuevo Estado argentino.

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