El cine fue uno de los primeros espacios de recreación para las familias comodorenses

Desde la década de 1910 el cine ha tenido rodaje en la ciudad petrolera. Inicialmente fue con dos salas que ya son historia y una década más tarde con la creación de una emblemática empresa como El Coliseo que hasta hoy mantiene su nombre, más allá de que ha cambiado de dueños. Pese a su importancia a la hora del esparcimiento, en la década de los 90 y durante más de cinco años no hubo funcionamiento de salas, pero la plaza volvió a florecer.

 Roque González es el símbolo más importante del cine comodorense y quizás de la región. Lejos de la actuación, la dirección o generación de contenidos, el padre del creador de Diario Patagónico fue un empresario que vio en la pantalla grande un mercado donde apostar en los primeros años de vida de la rica Comodoro Rivadavia, que una década antes había descubierto el petróleo en Argentina.

González fue el propietario de una de las primeras salas de proyecciones de la ciudad, en su hotel El Águila, ubicado en San Martín al 300. La historia dicta que todo se trató de una estrategia para incrementar las ventas, lo que dio buen resultado. Su vínculo con el cine se iba a extender por toda la Patagonia, hasta los últimos años de la década del 80, cuando su hijo murió. Entonces la empresa Coliseo cerró sus puertas, quedándose Comodoro sin sala de cines por varios años.

EL ORIGEN DEL

GUION DEL CINE

Los registros documentales indican que en la década de 1910 la ciudad tuvo su primer acercamiento con el cine, con las primeras proyecciones y también filmaciones. Según el libro “Patagonia, Cinefilia del extremo austral del mundo”, de Juan Carlos Portas, en 1915 los campamentos petrolíferos fueron filmados para el documental norteamericano “A Trip To The Argentine”, producido por Roy Chandler South American Pictures.

Mientras que en 1917 tuvo lugar la primera exhibición. Fue precisamente en el hotel El Águila, donde dos hombres de apellido Gil y Grillo realizaron la primera proyección. Otros locales de la época fueron el Biógrafo Argentino, ubicado en Bartolomé Mitre y Brown; y el cine San Juan, un viejo galpón de la calle Pellegrini al 837, ideado por el panadero español Ángel Escudero.

La publicación de Editorial Universitaria Patagónica afirma que Escudero utilizaba un cielo raso de arpillera pintando con cal. Allí el 1 de setiembre de 1917 se presentó “La presa de faro” con un proyector Pathe accionado por motor a explosión y a cargo del operador Juan Chiodi. Luego ese espacio fue adquirido por González, quien al ver que las ventas de su confitería se incrementaban decidió proyectar algunas películas en episodios, dejando expectante al público que asistía a cada función.

Es que el cine era diversión, recreación e incertidumbre por la discontinuidad que obligaba la época al contar con pocos filmes y un mercado casi artesanal de estas exhibiciones realizadas a media luz.

Así en 1922 nació el cine Coliseo, desapareciendo lo que se conocía como cine San Juan. En ese momento ya funcionaba El Rivadavia, el cual alternaba espectáculos de todo tipo. También estaba La Cancha, y sobre el final de la década aparecieron el Rex y el Nacional explotados por otro hombre de cine, el portugués Juan Do Brito.

La época fue testigo de múltiples anécdotas. Cuando La cancha exhibió “Naciste en las alturas” (1916), al cambiar el rollo el operador confundió las cintas de la película con otras pornográficas para sorpresa de los espectadores, quienes repudiaron esta situación por la presencia de niños y mujeres.

O cuando en 1925 se tuvieron que interrumpir las proyecciones porque un bolsón de películas, que era transportado en barcos, cayó al mar, lo que quedó registrado en el libro de guardias de Prefectura Naval. Es que las primeras películas llegaban del sur de Chile, de Punta Arenas y en forma esporádica. Unos años más tarde con el crecimiento de la actividad comenzaron a organizarse círculos de distribución en Buenos Aires. Así llegaban bolsones con películas a los puertos y eran distribuidas a diferentes ciudades sin conocerse su contenido y con varios años de demora desde su estreno.

De esa forma, llegaron grandes títulos internacionales, como “La marca del zorro” con Douglas Fairbanks, la cual se exhibió tres años después de su presentación; “El nacimiento de una Nación” con diez años de atraso y la famosa pelea Firpo-Dempsey que se pudo ver cuatro meses después de ocurrida en Nueva York. El relato de esa pelea fue también la primera transmisión radial del país.

UNA CREACION

QUE CAMBIO TODO

En esa época el cine era más imagen que sonido, muy diferente a lo que ocurre en la actualidad que ambos soportes son igualmente importantes. Primero las películas eran acompañadas por discos, luego se sumó el fonógrafo a bocina y finalmente orquestas.

Fue recién en 1931, cuando arribó a puerto el petrolero Aristóbulo del Valle con un moderno equipo sonoro de la marca americana Western por el cual se iba a conocer el sistema óptico que terminaría incorporando el sonido al cine.

Mientras tanto, la empresa de González continuaba creciendo. En esos tiempos Cine Coliseo ya contaba con 23 salas en toda la Patagonia, desde el rionegrino ramal ferroviario San Antonio Oeste-San Carlos de Bariloche hasta el canal de Beagle, extendiéndose en algún momento hasta Punta Arenas, Chile.

El crecimiento del tránsito aéreo, el transporte terrestre fueron fundamentales en esta expansión. Mientras tanto en la ciudad el cine se movilizaba a las gamelas y campamentos, adaptándose también a la vida petrolera de la ciudad. Sin embargo, todo cambió después del 25 de mayo de 1934, cuando se produjo un hecho que cambió la historia del género en la ciudad: la inauguración del Teatro Español, la sala más importante de Comodoro Rivadavia.

Los registros indican que el espacio fue alquilado por Cine Coliseo y el 7 de julio de ese mismo año tuvo su primera función de con la proyección de “El rey de los gitanos” con José Mojica y Rosita Montero.

EL REGRESO DEL GENERO

Con la creación del Teatro Español todo fue crecimiento para la pantalla grande, escenarios de grandes estrenos que tuvieron como eje a la Patagonia, entre ellas “Allá donde el viento brama”, protagonizada por el actor inglés John Loder quien se casó con la argentina Alba Lagomarsino y se radicó en San Luis.

La película donde actuó el padre Juan Corti tiene una historia particular, ya que el día del estreno, lo recaudado quedó para el Club Huergo como una forma de resarcir la deuda que tenía Loder por consumo de whisky.

Esos años fueron años de esplendor en Comodoro Rivadavia, con funciones a sala llena y semanas de expectativas ante el estreno de un éxito. Sin embargo, todo cambió con la muerte del hijo de Roque González en 1987, lo que produjo la desaparición de la empresa de Cine Coliseo y de la cartelera semanal de películas.

Fueron años sin cine, algo atípico para una ciudad de estas características. Hasta el 4 de noviembre de 1993 cuando la empresa Sudestada Cinematográfica reabrió el Cine Teatro Español con el estreno de Jurassic Park de Steven Spielberg, uno de los filmes más exitoso de todos los tiempos.

Gastón Ergas, titular de la nueva firma de cine recuerda esos momentos. “Yo venía de La Plata, de estudiar y participar de talleres de cine. Llegué a Comodoro y me pareció una buena causa reiniciar y restaurar el camino recorrido por la empresa Coliseo, tanto a nivel local como a nivel regional”.

De esta forma, Ergas abrió el Teatro Español y en 1995 reabrió también un cine en Trelew, pero diez años después decidió poner todas las energías en esta ciudad, ante la reciente reapertura del Cine Coliseo, en agosto de 2003 con “Buscando a Nemo” y “Piratas del Caribe” como estreno.

La reapertura y nueva mirada empresarial incluyó en las últimas dos décadas la restauración del edificio del Teatro Español en 2004, poniendo en valor su historia y logrando dos años después que sea declarado Patrimonio Histórico Nacional por iniciativa del senador Marcelo Guinle.

En 2008 se lo declararía también Espacio INCAA Km 1810 de Argentina por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y dos años después Estación Federal de Cultura a través del Ministerio de Planificación Federal y la Secretaría de Cultura de la Nación por el Plan Igualdad Cultural.

Mientras tanto se inauguraba el formato 3D en el Cine Coliseo, hoy una de las salas más importantes del país, teniendo en cuenta que en la actualidad ocupa el 15º lugar entre mil pantallas con 200 estrenos anuales, según confirmaron desde la administración.

Por delante se encuentran las salas de Cinemacenter y Hoyts, empresas multinacionales. “Es una empresa familiar local, eso es un dato que nos alienta a seguir trabajando, y seguir mejorando el sonido, el confort”, afirma Ergas al ser consultado por este medio.

“Es una industria compleja, no es una actividad que genere demasiadas ganancias, cuesta mucho sostenerlo, más cuando son iniciativas locales que no son parte del mercado mundial que trabajan en lobby con las compañas distribuidoras que dominan un 80 por ciento del mercado. La producción hoy está en la misma proporción de mercado”, reconoció el empresario, quien devolvió al cine el lugar que ocupó en aquellos primeros años de historia.

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