Ni bien terminó el Superclásico, las bocinas comenzaron a invadir la tranquilidad que vivía el centro de Comodoro Rivadavia. Los hinchas de River fueron acercándose en masa, para festejar una victoria que se les negaba desde hacía diez años en La Bombonera, y la fiesta transcurrió a viva voz y en paz.
Las calles céntricas se vistieron de blanco y rojo, y en la noche comodorense se escuchó una sola “banda” de sonido, la que marcó el compás de los “millonarios”, de los que vuelven a sonreír y a ilusionarse con algo más grande.