"Estamos acá porque a un macho herido se le dijo que no", afirmó la madre de Soledad

Graciela Razongles, madre de María Soledad Arrieta ayer lloró y se abrazó con la fiscal de la Oficina de Violencia de Género del Ministerio Público, María Laura Blanco, tras la condena de prisión perpetua que el tribunal le impuso a Gustavo Servera, como autor del femicidio de su hija.

En las puertas de la Cámara del Crimen, Razongles dijo que está agradecida con la Justicia, porque se hizo justicia, “pero también era justo que mi hija esté acá”.

En medio del dolor sostuvo que no debería haber estado afrontando estos momentos en la Justicia y lamenta que el último recuerdo que no se le borra es el que le dejó Servera de la imagen de su hija quemada.

“Estamos acá porque a un macho herido se le dijo que no”, afirmó. “Destruyó todo, mi familia, destruyó a sus hijos, y sigue utilizando a sus hijos para querer zafar”, cuestionó.

“Solo fue responsabilidad de él que todos nosotros estemos pasando por esto”, lamentó la madre de María Soledad Arrieta, la mujer asesinada el 5 de febrero del año pasado en el quincho de su vivienda de Juan Manuel de Rosas al 3.600 del barrio Abel Amaya.

“Prevenir es antes, cuando un hombre pega a una mujer, y la mujer hace la denuncia, ahí tendrían que agarrarlo”, pidió la madre de la víctima del femicidio. “De nada vale una condena perpetua, porque a ella no la vamos a tener nunca. No vale de nada, la prevención tiene que ser antes y no después”, sostuvo.

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