Tras más de ocho años de una dictadura militar autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional”, la guerra de Malvinas todavía latente y disipadas las dudas sobre la voluntad de entregar el poder mediante elecciones democráticas, Argentina volvía a las urnas el 30 de octubre de 1983, con la más eufórica afiliación a los partidos políticos de la que se tenga memoria.
Las afiliaciones partidarias alcanzaron a la tercera parte de los ciudadanos habilitados para votar, manifestando una amplia preferencia por el justicialismo, que conquistó más de tres millones de adhesiones, el doble que las de la Unión Cívica Radical, su principal contendiente. Tal indicador indujo a los analistas a pensar que se estaba en vísperas de un triunfo peronista. Sin embargo, fue el radical Raúl Ricardo Alfonsín quien encarnó la esperanza de la democracia para la mayoría, apoyando cada uno de sus discursos en el preámbulo de la Constitución Nacional.
La provincia de Chubut registraba entonces 145.205 electores hábiles (actualmente suma 320.233) y el 80,63% emitió su voto ese último domingo de octubre de 1983, lo que representó la concurrencia a las urnas más alta desde el retorno a la democracia hasta la fecha.
El mismo 30 de octubre de 1983 que vio ganar a la Unión Cívica Radical a nivel nacional, llevó a Atilio Viglione, también radical, a la gobernación provincial y catapultó a Mario Morejón, un peronista, como intendente de Comodoro Rivadavia.
Sin embargo, si algo caracteriza a la democracia y a la república es el poder legislativo, porque es en el mismo donde descansa la facultad de reglamentar la vida nacional, brindando las bases de administración al poder ejecutivo y las leyes para ser aplicadas a casos particulares por el poder judicial. El Congreso es la única de las tres instituciones interrumpida por los gobiernos de facto.
ELEGIDOS POR EL VOTO DEL PUEBLO
El voto popular llevó a cinco chubutenses a los escaños de la Cámara de Diputados de la Nación: los radicales Jorge Hernán Zavaley, Santiago Marcelino López y Miguel Heraldo Medina, quienes, originarios de Comodoro Rivadavia, Trelew y Trevelin de manera respectiva, cumplieron sus mandatos durante cuatro años los dos primeros y por dos el último, con sujeción al sorteo que así lo dispuso. En cuanto al Partido Justicialista, posicionado como la segunda fuerza política del país, llevó a la diputación nacional al esquelense Néstor Perl y al madrinense Bartolomé Von Niederhausern, durante cuatro y dos años respectivamente.
En cuanto a los senadores nacionales, recién durante 2001 se implementó por primera vez el sistema de elección directa prevista por la reforma constitucional de 1994, que dispone tres senadores por provincia. En 1983 entonces, los senadores fueron designados por las legislaturas provinciales, a razón de dos por provincia, que en el caso de Chubut proclamó el 26 de noviembre a Humberto Sigal y Kenneth W. Woodley, ambos radicales, como lo dictó la mayoría.
Woodley falleció en funciones, por lo que fue reemplazado por el escribano Manuel del Villar, quien asumió la senaduría en diciembre de 1986 y ejerció el cargo durante un año y medio, hasta su muerte tras un accidente de tránsito en 1988, cuando se dirigía desde Puerto Madryn hacia el aeropuerto de Trelew.
El panorama de la mayoría radical no se repetía en todo el mapa de Argentina, por lo que el Gobierno de Alfonsín se caracterizó por tener un senado del color político contrario, ya que el Partido Justicialista había logrado varias gobernaciones que le otorgaron 21 senadores sobre los 18 con que contó la UCR, invirtiendo el panorama de Diputados donde el justicialismo detentaba 112 bancas y el radicalismo 128.
Como ejemplo de las implicancias de ese mapa político, el intento de Alfonsín por democratizar los sindicatos, no recibió el respaldo de la oposición peronista mayoritaria en el senado, rechazando la ley de normalización sindical que incluía el voto secreto y obligatorio, la representación de las minorías, la limitación de las reelecciones y la fiscalización de las elecciones por parte del Estado.