La población de Kilómetro 8 a lo largo de la historia

En sus comienzos, en el Km 8 vivían hombres solos, quienes trabajaban jornadas de doce horas. A partir del año 1921 hasta el año 1939*, ingresaron a la Compañía, personas de  diferentes nacionalidades: en su mayoría, eran polacos, rusos, portugueses, yugoslavos, ingleses, españoles, alemanes e italianos. En menor cantidad, hubo alemanes, chilenos, griegos, lituanos, búlgaros, rumanos, un turco, austríacos, húngaros, holandeses, bolivianos, checoslovacos, dinamarqueses, estonianos, un uruguayo, un sueco, suizos, un norteamericano. Llegaron descendientes de galeses, provenientes de las localidades de Trelew y Sarmiento. Las familias de los señores Hielkema (holandés) y Fillmore (inglés), ciudadanos boer llegados de Sudáfrica, se instalaron en el año 1921, para administrar la caballeriza y cuidar los caballos que se usaban para recorrer los pozos petroleros.
En 1921, llegaron algunos hombres que provenían del territorio de Santa Cruz, donde habían protagonizado una huelga, con el fin de reclamar mejores condiciones laborales, fueron duramente reprimidos por el ejército. Los militares al mando de general Varela, formaron pelotones de fusilamiento para eliminar a los huelguistas y enterrarlos en fosas comunes. Aquél sangriento episodio, fue un tema de conversación entre los hombres que habían escapado de la muerte y en este lugar, se dedicaron a la industria petrolera.
Había un matrimonio de japoneses, el hombre trabajaba de mayordomo en el club inglés "Petrólea" la señora se dedicaba a la atención del hogar y al cuidado de su pequeño hijo. Mantenían las tradiciones de su país, la mujer vestía kimono y calzaba hojotas de madera.
Los ingleses y rusos ocupaban cargos gerenciales y trabajaban en la refinería, eran muy respetuosos con los empleados y obreros que tenían a su cargo.
En el año 1927, ingresó a la Compañía el ingeniero británico Eduard Powell Senior, para desempañarse en el sector Producción y Bombas. En el año 1935, ocupó el cargo de administrador general, hasta el año 1942. Estaba casado y tenía tres hijos: dos niñas y un varón.
Durante los primeros años, los únicos ciudadanos argentinos que vivían en el pueblo eran: un inspector de Nafta, quien estaba encargado de verificar la producción petrolera y sus derivados e informar a las autoridades pertinentes de Capital Federal y la maestra Sofía Moll de Milton, además de los niños que nacían en el lugar. Los primeros obreros argentinos, llegaron al barrio a comienzos de la década del 40, provenientes de provincias del noroeste.
Mientras la Compañía perteneció a los ingleses, estaban muy marcadas las diferencias sociales. Los comedores de los jefes y administrativos, estaban separados del ámbito frecuentado por los obreros. Las señoras inglesas vestían ropa elegante, usaban sombrero y guantes, mantenían el ritual de su país, de tomar el té con amigas a las cinco de la tarde. Tenían amas de llaves y lavanderas, quienes usaban plancha de hierro con brasas para planchar los cuellos de camisas, carpetitas y guardapolvos almidonados. Este trabajo lo realizaban las esposas e hijas de los obreros, para aumentar los ingresos familiares.
Los obreros vestían ropa de trabajo, la que consistía en pantalón y chaqueta
En el año 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial y Europa cerró las fronteras, en aquel año dejaron de llegar inmigrantes europeos.
Abotonada adelante de color azul y zapatos, muchos usaban gorra ó boina. Debido a los fuertes venta

rrones que no se detenían durante largos días, usaban antiparras, para que el polvo en suspensión no les dañara los ojos. A cada uno se le entregaba una chapa con un número, la misma debía ser presentada para realizar trámites.

Los pobladores se comunicaban entre sí, hablando cada uno en su idioma, mientras aprendían castellano. Las comodidades disponibles eran pocas, pero aquellos jóvenes eran unidos y mantenían el ánimo siempre alto. Al caer la tarde, los hombres salían del trabajo para dirigirse a sus casas; algunos eran recibidos por sus esposas con el mate preparado. En el silencio de la Patagonia, comenzaban a sonar las melodías de valses vieneses, que los europeos tocaban con acordeón a piano y violín. Cuando llegaba la noche, las familias se reunían en torno a la radio capillita, para escuchar las noticias que transmitían las radios Excelsior (fundada en el año 1920) Splendid, (1923), Belgrano (1923) y El Mundo (1935).

En los veranos, las calles se poblaban de niños. Recorrían la zona cercana a la playa en busca de calafate*, para saborear sus jugosos frutos que los dejaba con la boca teñida de azul. Las niñas jugaban a la rayuela, saltaban a la soga y disputaban partidos de payana*. Mientras los varones, se divertían embocando las bolitas en algún hoyo y pateando la pelota.

La Compañía dirigía la vida cotidiana de los habitantes a través del sonido de una sirena, la misma era ejecutada por Fulgencio García, desde el interior del almacén. La primera llamada del día, era a las siete y veinte, estaba destinada a despertar a los pobladores. A las ocho menos diez, volvía a sonar para anunciarles que debían encaminarse al trabajo. A las ocho en punto, cuando emitía el tercer sonido de la mañana, los hombres estaban junto a la maquinaria. Los niños se encontraban en la escuela y las señoras comenzaban las tareas del hogar. Un grupo cumplía horario fijo, mientras otros, rotaban en diferentes turnos, durante las veinticuatro horas del día.

Al finalizar el almuerzo, algunas mujeres visitaban a sus amigas, donde permanecían conversando hasta que el sonido de la sirena les anunciaba que eran las cinco menos diez. Apuradas volvían a casa para esperar la llegada de sus maridos. También los niños sabían que era la hora de interrumpir sus juegos callejeros y regresar a casa.

Un año antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, llegó un barco alemán a las costas de Comodoro Rivadavia, sus tripulantes bajaron y se acercaron a Km 8, para visitar a los pobladores alemanes que vivían en el lugar.

La guerra comenzó a asolar el territorio europeo, algunos hombres solteros de nacionalidad inglesa y polaca partieron para unirse al ejército inglés. Entre ellos, partió Eduardito Senior, único hijo varón del gerente de la Compañía, quien perdió la vida en combate.

El comienzo de la guerra, influyó duramente en los habitantes de este pueblo. Los ciudadanos que tenían pasaporte alemán, fueron declarados personas no gratas y expulsados del mismo. Algunos fueron a trabajar a Y.P.F. y otros se

Se alejaron definitivamente de la zona. Los pobladores recibieron órdenes de colgar cortinas marrones en las ventanas, para que durante la noche, no fuera identificado el lugar por algún barco que navegara cerca de la costa. Los vecinos se solidarizaron y formaron una comisión para enviar ayuda a Europa. Juntaron ollas y cacharros de aluminio para compactarlos y enviarlos a Inglaterra, para que fueran usados en la fábrica de aviones. Las mujeres tejían medias y guantes para los soldados y juntaron ropa para enviar a la colectividad polaca de Buenos Aires, quienes lo hacían llegar a Europa.

Comenzó a faltar mercadería, pues muchos de los productos manufacturados provenían de Inglaterra. Ya no se vendían las delicadas telas de seda, medias finas con raya, lana para tejer, tampoco la vajilla de porcelana. Debieron usar las bolsas de harina para hacer repasadores, servilletas y delantales de cocina. En aquella época, ante la necesidad, se incrementó la industria argentina.

Al fin de la guerra, volvieron a producirse grandes cambios en la Compañía, se pusieron en funcionamiento nuevas industrias paralelas a la producción de petróleo. Estas fueron la planta de cemento, la planta de cinc y el lavadero de lana.

A partir del año 1948, ingresaron ex combatientes polacos que habían integrado el ejército inglés y no quisieron volver a su país, debido al régimen comunista. Desde la embajada de Inglaterra de Buenos Aires, los enviaban al km 8 para que trabajaran a la Compañía. También llegaron italianos y alemanes. En aquel tiempo, aún hacían sonar la sirena para despertar a los habitantes, quienes habían vivido la guerra, despertaban aterrados, rememorando la alarma que anunciaba los bombardeos.

Los hombres que sólo sabían usar el fusil y hacer estallar granadas, en este lugar, comenzaron a trabajar. Se comunicaban a través de señas, de a poco aprendieron el idioma castellano y la típica costumbre argentina de tomar mate y comer asado. Procedían de sangrientos campos de combates; fueron pilotos que habían bombardeado ciudades, hombres que presenciaron y perpetraron escenas de matanza y perdieron a sus compañeros. Muchos de ellos no volvieron a tener contacto con sus familias, pues no las encontraron al finalizar la guerra. Algunos habían quedado con un gran deterioro psíquico, en este lugar fueron comprendidos por sus compañeros de trabajo, quienes sabían que no debían molestarlos, ni hacerles preguntas sobre sus vidas. Los hombres dejaron su trabajo en la Compañía, algunos formaron su nueva familia. Otros fallecieron siendo jóvenes; llenos de nostalgia por su tierra a la que no pudieron regresar ni superaron el dolor ante tanta pérdida inútil.

Durante las primeras décadas, antes de que la Compañía fuera privatizada, los pobladores tenían trabajo y seguridad, no debían cerrar la puerta de su casa con llave, pues nadie osaba tomar algo que no le perteneciera. En el mismo pueblo tenían todo lo que necesitaban, sólo debían acercarse a Comodoro Rivadavia para registrar los nacimientos, casamientos y defunciones en el Registro Civil. Los jóvenes que continuaban estudiando en colegios secundarios y la Universidad San Juan Bosco, viajaban todos los días en el transporte Ñandú Puntual.

Algunos obreros juntaban dinero y luego de unos años, buscaban otro trabajo o se trasladaban a regiones del país que tuvieran un clima más apacible.

Con respecto a la nacionalidad de los pobladores de km 8, he cotejado los relatos de las personas entrevistadas, con una lista obtenida en los archivos de la compañía. Se puede observar que hay algunas diferencias, lo que se interpreta que la población del lugar llamaba "argentinos" a personas que llegaban provenientes del noroeste de nuestro país y no a hijos de galeses y sudafricanos, que habían nacido en la Patagonia y tenían documentos como ciudadanos argentinos.

Con respecto a personas que provenían de Bielorrusia y Ucrania en el período de entre guerras, los mismos ingresaron con pasaporte polaco y figuran en los registros con dicha nacionalidad. Se acostumbraba llamar "turcos" a los inmigrantes sirios libaneses que arribaron a la zona.

Huelgas

Entre los hombres que llegaban de Europa, algunos tenían ideología comunista y comenzaron a provocar disturbios, incitando a los obreros a realizar un paro en reclamo a mejores condiciones laborales. En el año 1932, comenzó una huelga, los hombres que se adhirieron a la misma, fueron duramente reprimidos y enviados al "Campamento de los locos", donde quedaron detenidos. Los alojaron en las habitaciones de chapa y a otros, en improvisadas carpas. Cada vez que alguien pasaba cerca del lugar, los hombres proferían gritos incitando a acatar la medida de fuerza. Quienes respondieron a los rebeldes, fueron detenidos con la amenaza de dejarlos cesantes, si no deponían su actitud. Ante el temor de dejar a sus familias en el desamparo, muchos hombres concurrían a trabajar sin pronunciar una palabra.

Llegó la policía con látigos en las manos, para amenazar a los familiares de los detenidos y obligarlos a sacar sus pertenencias a la calle. Los cargaron en un camión y los sacaron de pueblo. Las autoridades del Km 8, se pusieron en contacto con personal directivo de Buenos Aires. A los pocos días de haber comenzado la huelga, llegó a la costa patagónica la Royal Navy de la Marina Inglesa. Sus tripulantes fueron recibidos con gran satisfacción por las autoridades de la Compañía, se alojaron en las instalaciones del cine y compartieron la comida con los obreros. Toda la actividad siguió desarrollándose normalmente, mientras un pelotón vigilaba la refinería y otro, se había apostado en la zona norte del poblado de Km 8. Mantuvieron un trato cordial con la población, hicieron oír los sones de una pequeña banda musical que habían traído y jugaron un partido de fútbol con los integrantes del club COMFERPET*. Luego de permanecer durante un mes, sin que ocurrieran incidentes, se alejaron del lugar.

El líder sindical, ciudadano portugués, fue deportado a Portugal donde quedó detenido. Después de aquel episodio, comenzaron a ingresar pobladores chilenos, además de los europeos que continuaban llegando.

En el año 1962, el Km 8 recibió nuevamente la visita de la Fragata de Su Majestad Británica. La nave provenía de la isla Ascensión. Su tripulación había tomado conocimiento del club deportivo COMFERPET (Compañía Ferrocarrilera de Petróleo), debido a que en la bitácora de la nave, figuraba aquél encuentro futbolístico disputado en el año 1932. Tal vez, cansados de tantas horas en alta mar, decidieron bajar en un puerto donde su gente era hospitalaria y amaba el fútbol. Los empleados de esta empresa los agasajaron con un asado criollo y luego jugaron el anhelado encuentro deportivo. Aquella misma noche, los marinos ingleses se alejaron con destino a Valparaíso.

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