La Ruta 40 de los Valles Calchaquíes: un tesoro de paisajes, aromas y cultura

El departamento Santa María está ubicado en el extremo noroeste de Catamarca. Lo atraviesa longitudinalmente la Ruta 40, que comunica esta microrregión con Salta y Tucumán, como parte de los Valles Calchaquíes. Desde hace dos décadas, un puñado de pueblos con singular encanto vienen reinventando su presente para recibir a los visitantes con una oferta sólida, muy llamativa y que conmueve a los sentidos.

Con acceso desde el sur a la Puna, paso necesario hacia Chile y Perú, a menos de 80 kilómetros de Cafayate y Tafí del Valle y a 148 de Belén; los Valles Calchaquíes catamarqueños conforman un lugar ideal para hacer base en un recorrido turístico desbordante de riqueza natural, cultural y gastronómica. Entre casitas coloniales al borde de la traza, pobladores de paso cansino y trato gentil comparten su diario devenir y sus costumbres con los visitantes.

ANTIGUO Y MODERNO

Santa María es la cabecera del departamento de su mismo nombre. Se trata de una ciudad híbrida, entre antigua y moderna. En los recorridos diarios, los visitantes suelen pasear por el centro de artesanos y el museo arqueológico Eric Boman, que rescata y expone piezas indígenas y del período hispánico.

En Santa María se pueden conocer por dentro cooperativas de molinos pimenteros, ver de cerca la molienda y contemplar la producción. También es atractivo un emprendimiento de producción de leche de cabra y cosméticos derivados de ella.

Cruzando el Río Santa María, está el pequeño poblado conocido como Chañar Punco, que cuenta con el sitio arqueológico Rincón Chico. Se destaca allí una cooperativa de tejedoras mujeres, Tinku Kamayu, que transforma la fibra de llama y la lana de oveja en hilados y luego en prendas de diseños típicos de la región.

FUERTE QUEMADO Y LAS MOJARRAS

La Ruta 40 supo ser, en los tiempos de la colonia, el Camino Real incaico (“Qhapaq Ñan”), una traza imprescindible que vio pasar el ir y venir de caravanas de carretas, camino a Perú y Chile, para darle dinamismo a la ganadería, la agricultura y el comercio. Hacia el norte de Santa María, sobre la misma Ruta, Fuerte Quemado posee en las ruinas de una antigua ciudadela diaguita, un sitio arqueológico en el que perviven los vestigios de aquel pasado que puja por no quedar en el olvido. Completa el cuadro la “intiwatana”, una ventana de piedra construida por los pueblos originarios en la cima de un cerro, por la que cada primer sol de invierno se cuela majestuosamente.

También es muy visitada una iglesia que data del siglo XVIII, con su santería antigua; el cerro El Calvario, desde donde se admira la majestuosidad del Valle de Santa María; y el museo folklórico de Don Eusebio Mamaní, que fabrica cajas para entonar coplas y bagualas, y que representa un pintoresco acercamiento a uno de los instrumentos representativos de la música del noroeste argentino.

El pueblo no cuenta con oferta hotelera y en la actualidad, mismos pobladores abren sus puertas para los viajeros.

Camino a Fuerte Quemado, se encuentra Las Mojarras, con un millar de habitantes: pegadito a Santa María, hacia el norte y siempre trepando la Ruta 40, que en estos pueblos se escurre por entre las casitas, como una pincelada, cual si fuera un senderito más.

En Las Mojarras es muy solicitada la visita a un criadero de llamas, que permite además hacer una excursión de trekking con este animal característico de la región. Los amantes del senderismo también tienen la oportunidad de arribar al pucará ubicado en el Cerro Pintado.

RENOVAR EL AIRE

Al sur de Santa María, Loro Huasi cuenta con un complejo de cabañas y con emprendimientos de gastronomía regional, cuya producción se elabora “a la vista”, con el amasado y el horneado expuesto a los visitantes y con degustación. Más al sur, camino a San José, se encuentra la bodega de Prelatura, el vino que los monjes agustinos producen en los Valles Calchaquíes.

San José es un pintoresco pueblo, rico en nogales, desde cuya plaza principal se puede visitar el templo antiguo de la iglesia y una figura de oro de San Roque, que se cree que es milagrosa para la salud.

De norte a sur, la Ruta 40 representa para los Valles Calchaquíes y en particular para los pueblos catamarqueños que atraviesa, un elemento identitario insoslayable. Así se marca el camino a diario y así lo presentan los nativos a los visitantes.

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