Resulta necesario al recordar este 20 de Junio de 2012 el 192º aniversario del fallecimiento del General Manuel Belgrano y el Día de la Bandera Nacional Argentina, el hacer algunas breves reflexiones acerca de la enseña patria, pues transitamos el año del bicentenario desde que fue izado el pabellón nacional a un mástil a orillas del Río Paraná a instancias de su creador.
¿Qué es una bandera? O con mayor precisión se puede formular la pregunta: ¿qué representa una bandera para los habitantes de un país? Bien podría decirse que la bandera conforma uno de los elementos distintivos de una nación a la par del idioma, la identidad, la historia en común, representa a los padres de sus padres, el sentido de pertenencia a un lugar, el terruño.
Una bandera es un símbolo, una representación, una expresión concreta de una identidad común que no requiere palabras para explicar su significado, su sola presencia en los mástiles, en los edificios públicos, en la escuela o en las imágenes, sin ninguna otra explicación que su sola presencia, significa unión.
Desde la antigüedad se tienen vestigios de las primeras banderas, así aparecen en cerámicas pintadas que se encontraron en tumbas egipcias pertenecientes a los primeros tiempos de ese antiguo país. En la Biblia, por ejemplo, se refiere a los paños de diferentes colores utilizados para identificar las doce tribus de Israel, del mismo modo aparecen para distinguir entre sí las ciudades griegas y los romanos las utilizaban mediante la representación de diversos animales, como la legendaria loba, el águila, que con el tiempo había de convertirse en la característica representación de las glorias imperiales.
Pero recién y sintetizando el devenir histórico puede decirse que las banderas representativas de la nación aparecen en su actual significado en la edad moderna, sobre todo cuando comenzaron justamente a formarse los estados modernos en el continente europeo.
Hoy esos estados modernos o al menos la gran mayoría de ellos son las diferentes naciones del mundo. Dicho esto, cabe preguntarse ¿De dónde surgen los colores de la Bandera Argentina? Bartolomé Mitre, en su obra Historia de Manuel Belgrano, introduce la versión poética de historia (historia de nuestro país que recién comenzaba a escribirse). Así se impuso la idea, los colores de la bandera surgieron de la inspiración de Manuel Belgrano en el cielo celeste, el cual con las nubes blancas y el sol se representan en nuestra bandera nacional.
Sin embargo los colores celeste y blanco eran los colores de la orden de Carlos III, cuyos descendientes reinaban en España cuando Belgrano justamente estudió abogacía en ese país. Del mismo modo, los colores preponderantes del manto de la Virgen eran el blanco y el celeste y Belgrano no sólo era un ferviente católico sino que era profundamente devoto de la Virgen.
Lo cierto, al menos así indican los principales investigadores históricos, es que los colores de la bandera se encuentran indisolublemente unidos a los colores de la escarapela nacional. Así en lo días previos a Mayo de 1810 Domingo French y Antonio Luis Beruti repartían cintas blancas a los simpatizantes criollos de entonces para distinguirse de las cintas rojas o encarnadas y amarillas que lucían en sus pechos los españoles.
Luego, con la salida abrupta de Mariano Moreno de la primera junta de gobierno y de su muerte embarcado en misión diplomática a Europa; sus seguidores, nuevamente French y Berutti, crean la denominada sociedad patriótica, cuya misión era la de oponerse al grupo liderado por Saavedra, y allí, como símbolo de distinción entre esos grupos de criollos surgen los colores de la escarapela, celeste y botón blanco al centro los morenistas y blanco y botón celeste al centro los saavedristas.
Ambas facciones tomaron como base los colores de la primea escarapela diseñada por Moldes en Mendoza. Más allá de estas peleas internas lo cierto es que los colores que se perfilan y resultan preponderantes son el blanco y el celeste.
Cuando Belgrano enarbola por primera vez la bandera a orillas del Río Paraná el 27 de marzo del año 1812, remite un oficio al Triunvirato y le dice “siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional”, y justamente los colores de la escarapela que a principios del mes de febrero del año 1812 había aprobado el primer triunvirato, eran los colores blanco y botón celeste al centro.
¿Cuál era la distribución de los colores y franjas de la bandera enarbolada en 1812 a orillas del Paraná? Puede decirse que respondiendo a la preponderancia de los colores de la escarapela, a la forma de la bandera española a franjas, y a modalidad de unir la parte más angosta del paño al mástil, es decir en forma horizontal, esa bandera tenía tres franjas horizontales iguales, blancas en los extremos superior e inferior y celeste en medio. Esa bandera, que el Triunvirato le ordena a Belgrano que la deje de usar, es la que luego se bendice en Jujuy el 25 de mayo de 1812.
Esta bandera de tres franjas, dos blancas en los extremos y celeste al centro es una de las encontradas en la localidad de Macha (Potosí, Bolivia), pero en esa localidad además se encontró otra bandera, también a tres franjas horizontales iguales, pero en este pabellón el color celeste se ubica en el extremo superior e inferior y el blanco en el centro (tal cual luce hoy la Bandera Oficial de la Nación).
Estas dos banderas son las que el general Belgrano entregó al cura párroco de Macha para que no sean tomadas por los españoles luego de las derrotas de Vilcapugio y las pampas de Ayohuma, y se conservaron ocultas atrás de un cuadro en la capilla de Titiri, en Potosí. Recién en el año 1816, más precisamente el 20 de Julio, el Congreso de Tucumán, aprueba la bandera nacional, a tres franjas similares y horizontales, celeste en los extremos superior e inferior y blanca en el centro, y recién en el año 1818 se le agrega a la bandera nacional el sol incaico en el centro.
Más allá del devenir histórico y la evolución de los colores y la forma de la Bandera Argentina, hoy a ciento noventa y dos años del fallecimiento de Manuel Belgrano sobresale, al igual que en su preclara idea en el año 1812, el símbolo de unidad que representa la enseña patria. A la par, la creación de la bandera resulta de otra necesidad. Hacia el año 1812 se habían desarrollado las batallas de Suipacha (primer triunfo criollo) y el desastre de Huaqui, batalla con la cual se perdió el Alto Perú; en ambas batallas los españoles combatían con su bandera oro y encarnada (roja y amarilla) y los ejércitos criollos en plena formación combatían con la misma bandera y los mismos colores.
Es más, hasta mediados del año 1813 flameó en el fuerte de Buenos Aires la bandera oro y encarnada. Lo importante, es rescatar esa idea de represtación, de identidad, de pertenencia; esto era lo que Manuel Belgrano veía en ese paño, más allá de las formas y la distribución de los colores blanco y celeste. La Bandera era la unión de los criollos, de los indios, de los mulatos. La bandera, para Belgrano, era la unión de los nuevos pueblos americanos. Hoy miles y miles de alumnos de nuestras escuelas juran lealtad a esa bandera, a esa identidad, a esa pertenencia.
Al iniciar nuestra diaria tarea, nuestro trabajo, alcemos la vista al mástil, confundida con los colores del cielo flamea en lo alto la bandera creada por el General Manuel Belgrano. Feliz día de la Bandera Nacional Argentina.
(*) Presidente de la
Asociación Sanmartiniana
de Comodoro Rivadavia