"Si no era la madre, iba a ser uno de nosotros"

La testigo contó que en el edificio había algunos "inconvenientes de convivencia" con Luciano Sosto.
Una vecina del edificio del barrio porteño de Palermo donde Estela Garcilazo fue asesinada en 2013 aseguró ayer en el juicio al presunto matricida, Luciano Sosto, que cuando se enteraron de que la mujer había sido asesinada y que el hijo estaba preso, una de las propietarias comentó que si no era ella, la víctima podría haber sido uno de los vecinos.
Se trata de la abogada María del Carmen Bruno (52), propietaria del 2° "B" del mismo edificio de la calle Seguí 4444 donde, en el 4° "B", Garcilazo (69) apareció asesinada el 26 de diciembre de 2013.
La testigo, quien se presentó como "empleada judicial" al iniciar su declaración ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 8, contó que en el edificio había algunos "inconvenientes de convivencia" con Sosto, quien vivía en el 5° "B".
En primer lugar, explicó que el sommelier "tenía un sistema para dejar abierta la puerta de entrada al edificio y no bajar a abrir" cuando recibía visitas, a quienes describió como "chicos jóvenes" que venían "de a uno o de a dos".
Bruno también recordó que Sosto "tiraba comida, agua o cualquier cosa" desde la ventana de su departamento que a veces aparecían en su balcón, en el jardín de planta baja, o incluso en patios de edificios linderos.
"En mi balcón encontraba sorbetes cortados como los que se usan para consumir sustancias. También encontré bandejas de comidas", reveló la testigo.
Además, comentó que ella tiene otro departamento en el edificio lindero, el de Seguí 4430, donde una vez le entró por la ventana "una lata de atún vacía" que Sosto había arrojado. "Desde ese departamento, yo lo veía. Era él el que tiraba cosas", dijo Bruno ante los jueces Alfredo Alejando Sañudo, Ricardo Ángel Basílico y Fernando Larraín y ante la mirada atenta de Sosto, quien la observaba de manera fija desde el banquillo de los acusados, junto a sus abogados.
Según la testigo, las cosas que arrojaba el sommelier por la ventana también ocasionaban las quejas de la propietaria de la planta baja del edificio lindero de Seguí 4430 y de un vecino de un edificio de la calle Kennedy a quien le llegaban los objetos al patio donde él tenía los juegos infantiles para sus hijos, razón por la cual a veces le gritaban para que dejara de tirar elementos. A preguntas de la fiscal de juicio, Diana Goral, la abogada recordó ayer que en una oportunidad en la que ella tenía que ir al 6° piso para ir a la terraza pero se equivocó en el ascensor y marcó el 5° -donde vivía Sosto-, fue testigo de una situación que le dio "mucha pena".
"Escuché a alguien hablando con voz lastimosa. Me dio curiosidad, miré y era la señora Garcilazo que le hablaba a la puerta de la cocina. Le estaba dejando a Luciano una bandeja de comida en el piso y le decía: 'Por lo menos decime gracias mamá'", relató.
Bruno contó que dos horas más tarde escuchó "un estallido" y vio esa bandeja "estrellada en el jardín", porque la había arrojado Sosto.
Cuando la fiscal Goral le preguntó si en el edificio había llamado la atención lo que había sucedido con Garcilazo, Bruno contestó: "Sí. Decíamos 'la va a matar' pero de un disgusto, no esto".
Luego, recordó una serie de mensajes de texto que recibió de una vecina del 1° "C", de nombre Ana, que al enterarse del homicidio primero le preguntaba "¿es verdad lo que pasó?" y luego le escribió: "Si no era la madre, iba a ser uno de nosotros".
Otra propietaria del edificio que declaró ayer fue Lucrecia Rumbo (71), del 4° "A", también abogada y vecina lindera de Garcilazo, quien no estaba en el edificio al momento del hecho porque se había ido a la Costa Atlántica a pasar las fiestas navideñas.
La mujer no mencionó ningún incidente con Sosto e incluso, al recordar las frecuentes charlas que tenía con Garcilazo, recordó que "la madre estaba muy orgullosa de Luciano".
Las dos primeras testigos de la jornada fueron dos amigas de Sosto que por sus declaraciones sobre la personalidad del imputado, hicieron llorar tanto a éste como al padre y al grupo de amigos que acompaña al sommelier en el juicio.
El juicio continuará el lunes a las 10 con la declaración de más testigos, entre ellos, los peritos oficiales que hicieron los estudios psiquiátricos y psicológicos del imputado. Sosto llegó a juicio detenido y acusado de homicidio y abuso sexual, en ambos casos agravados por el vínculo, por lo que en caso de ser hallado culpable podría ser condenado a la pena de prisión perpetua.
Su madre apareció muerta en la cocina de su departamento y si bien en un principio, por dichos del propio imputado, se creía que podía tratarse de una muerte accidental producto de una caída, la autopsia determinó que Garcilazo tenía golpes y había sido asesinada con un doble mecanismo asfíctivo de obturación de la boca y estrangulamiento manual en el cuello.
La data de la muerte es clave en la causa, ya que estableció que a Garcilazo la asesinaron entre las 7:30 y las 11:30 de aquel 26 de diciembre, por lo que para los investigadores los llamados al servicio de emergencias pasadas las 15 donde dice que su madre está convulsionando, fueron una puesta en escena de Sosto para encubrir el crimen.
Pericias complementarias a la autopsia detectaron que en la vagina de la víctima, que era psicóloga, había "fosfatasa ácida prostática", una de las proteínas del semen, y si bien no se pudo obtener un perfil genético para cotejar ADN, Sosto también terminó acusado del abuso sexual de su madre.

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