A 5 años del crimen del "Mono" Rogel su madre reclama que no hubo justicia

Rosa Agüero y su familia recuerdan hoy otro triste aniversario, el del brutal asesinato y descuartizamiento que sufrió su hijo Héctor Rogel durante la madrugada del 25 de septiembre de 2012. Matías Mulheman, el homicida, murió en un incendio registrado al año siguiente en una celda de la Seccional Sexta, donde estaba detenido. La madre de la víctima reclama que la Justicia nunca imputó a la novia del culpable y a un tercero, quienes habrían ayudado a limpiar la casa donde ocurrió el asesinato.

A cinco años de la espeluznante muerte de Héctor “Mono” Rogel, el dolor de su madre Rosa Agüero no lo atenúa ni el paso del tiempo. Desde entonces, su vida ya no ha sido la misma y la tristeza se dibuja en su rostro.

Según la investigación -que no pudo llegar a juicio porque el único imputado Matías Mulheman falleció antes del proceso judicial-, durante la noche del 24 de setiembre de 2012, Rogel visitó a su amigo Hildo Muñoz, quien estaba al cuidado de una casa de la calle Miguel Amado 3.091 del barrio Moure, en la que se desencadenaría el asesinato. Muñoz y Rogel compartieron un vino y cigarros. En medio de los tragos llegaron Mulheman y su pareja Gabriela Correa, quien estaba embarazada. Estos vivían en el lugar junto a Muñoz que cuidaba esa casa. Los tres se reunieron en la cocina-comedor y en un momento Mulheman increpó a la víctima acusándolo de que molestaba a su novia. Después tomó a golpes de puño a Rogel hasta que sacó un cuchillo de su cintura y lo empezó a apuñalar. Lo arrojó al suelo y continuó asestándole puñaladas. Rogel suplicó y lo llamó por su nombre, pero Mulheman siguió encarnizado. Le arrojó un líquido caliente que había en unas sartenes y lo quemó en la cara y en el pecho. La víctima sufrió, pidió compasión, pero su asesino comenzó a cortarlo en vida. Mulheman separó en dos bloques el torso y las extremidades. Ya le había asestado noventa puñaladas, la mayoría de ellas en la espalda, la cabeza y los glúteos. Ensañado desparramó luego las partes del cuerpo en bosas de nylon por el barrio.

A pocos días de que se iniciara el juicio, el 10 de mayo de 2013, el acusado murió en un incendio desatado en una celda donde estaba detenido junto a Gabriel Mirol –imputado en otra causa-, quien también perdió la vida.

EL MISMO DOLOR DEL PRIMER DIA

A cinco años de iniciarse el calvario para ella y su familia, Rosa aseguró ayer a El Patagónico: “no ha habido justicia. La única justicia fue que el maldito asesino que falleció en la Seccional Sexta que se quemó y quería escaparse”.

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Rosa insiste en que no ha habido justicia porque quienes estaban esa noche con Mulheman, no fueron llevados a juicio por encubrimiento. “En este expediente de mi hijo culpan a la mujer que vivió con él (Mulheman), que es la Gabriela Correa e Hildo Muñoz.

Cuando yo fui a Fiscalía me cerraron las puertas y el (entonces) fiscal Marcelo Crettón me dijo que no había cómo imputarlos”, sostuvo.

“Mi dolor sigue como el primer día, quizás puede seguir habiendo una justicia divina como justicia no hubo. Es lo único que espero y a ver si algún día algún juez se preocupa por esto, la muerte de mi hijo fue un descuartizamiento”, recordó.“Me hubiese conformado con que se sepa la verdad que nunca voy a saber. ¿Por qué me mataron a mi hijo sino tenía ninguna causa, no era chorro? Mi hijo era un chico muy trabajador.

A veces la tristeza me quiere consumir, me quiere tirar, extraño a mi hijo aunque sé ahora que está bien”, reflexionó. Con la copia del expediente entre sus manos, Rosa Agüero sentenció: “acá hay cosas que Gabriela Correa lavó (la escena del crimen), todos dicen que no fue culpable. Y Hildo Muñoz también. Eso están en estas hojas, y esto lo hizo la justicia, no yo”, sostuvo al insistir que ambos sean juzgados como encubridores.

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