Adiós al doctor Gérez y la anécdota quechua

Falleció por COVID-19 en el Hospital Zonal de Trelew. Fue la víctima número 23 del mes en esa ciudad.

A los 64 años, el médico Luis Gérez falleció el domingo en el Hospital Zonal de Trelew, donde se encontraba internado. Tenía coronavirus y comorbilidades previas. Sus tres hijos, familiares, amigos y compañeros se presentaron en el Pasaje Neuquén, en la parte posterior del Hospital, para darle el último adiós a uno de los médicos más queridos de la ciudad.

Gérez era cardiólogo y se desempeñaba en el Hospital Zonal de Trelew. Es el primer médico que fallece a causa del COVID-19 en la ciudad. Sus seres queridos y compañeros lo despidieron con un cortejo fúnebre que se inició en el nosocomio de Trelew, recorrió algunas arterias de la ciudad y se dirigió finalmente hacia el Cementerio Parque Jardín del Cielo.

Mariela González, directora del Hospital Zonal de Trelew, contó que el médico era un pilar fundamental de la salud. “Fue el primer médico que conocí cuando empecé a trabajar en el Hospital en el 2005. Él representa un montón, no solo para los médicos del Hospital, sino para la comunidad. Luis era un médico que estaba siempre con nosotros. Uno estaba de guardia, lo llamaba y no sabíamos de dónde aparecía. Era un médico comprometido con el paciente y con el colega. Estamos todos muy tristes. La venimos peleando juntos hace unos cuantos días. Es una gran pérdida por lo que era como médico y como persona. Venimos acompañándolo todos los médicos de su época y los jóvenes”.

La médica Stella Maris Manzano –informa Jornada-, a través de su cuenta de Facebook, homenajeó al doctor Gérez con una emotiva anécdota: “Hace unos 13 años llegó una mujer al hospital cuya lengua materna era el quechua y tenía algunas dificultades con el castellano. Tenía un aborto infectado y una cardiopatía severa por mal de Chagas, que la había tenido internada en terapia intensiva hacía unos meses en otra provincia. Precisaba un marcapasos que aún no le habían puesto. Había que pasarla urgente al quirófano para legrarla y evitar una septicemia (aún no hacíamos AMEU), de modo que el doctor Gérez entró al quirófano conmigo. Cuando la vio tan asustada, le comenzó a hablar en quechua. Ella se río y le preguntó de dónde era porque “no hablaba bien la lengua”, él le contó que era santiagueño, que la aprendió de su abuela. Eso cambió el clima en el quirófano, se comenzaron a reír y la señora le enseñó algunas palabras. Más tarde, con ella dormida, mientras yo legraba, el doctor me dijo que era muy valiente por estar haciendo ese legrado. Le contesté que me parecía que el valiente era él porque si su corazón fallaba, quien tendría que actuar velozmente sería él. Nunca maltrató a mujeres que precisaban electrocardiogramas por internaciones por abortos no punibles; ni me maltrató cuando lo llamaba como hacen tantos otros médicos, que nos violentan por llamarlos para una cesárea urgente. Fue un buen hombre, además de un buen cardiólogo”.

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