En Chilecito, La Rioja, a 2.223 kilómetros de Comodoro Rivadavia, se encuentra uno de los pueblos turísticos más importantes del país. A la idiosincrasia de su gente se suman historia, tradiciones y el desarrollo de esta pujante urbe del noroeste que tuvo las primeras filiales del Banco Nación y Casa de la Moneda del país, y ahora posee la mayor producción de vinos de La Rioja, mientras en febrero La Chaya bendice los frutos en cada carnaval.
En el centro geográfico de la provincia, entre las sierras de Velazco y Famatina y junto a la Ruta 40, este pueblo es punto estratégico para visitar importantes atractivos, como la Cuesta de Miranda, la mina La Mejicana, el Parque Nacional Talampaya, Laguna Brava, la Cuesta del Pique (o Faldeos del Famatina) y los principales viñedos de la provincia.
Las combis y camionetas 4x4 de los operadores turísticos de Chilecito parten cada día hacia esos destinos -e inclusive hacia los de provincias vecinas- cargados de visitantes para volver a la noche o días después, de los cuales muchos también dedican algunas jornadas para disfrutar de la ciudad.
La gastronomía, la cultura, la historia y la hospitalidad de su gente se complementan con los atractivos de esta urbe fundada en 1.715, hoy rodeada de extensos viñedos y olivares y con unos 53 mil habitantes.
Allí cualquier lugar es bueno para caminar, relajado por las arboledas que protegen del fuerte sol riojano, en particular la Plaza Caudillos Federales, con las diagonales del Torrontés y de Los Tilos, desde las cuales se puede observar al oeste las nieves eternas en la cima del Famatina.
Frente a esa plaza central del pueblo devenido inexorablemente en ciudad está la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús y Santuario Diocesano de Santa Rita, que es la patrona de la ciudad que originalmente llevó este nombre. También en torno a ese paseo arbolado están la primera sucursal del Banco Nación, inaugurada en mayo de 1892, y la sede de la Universidad Nacional de Chilecito.
La plaza es además un sitio tradicional para la Bendición de Frutos que inaugura La Chaya -el tradicional carnaval riojano- cada febrero. En una de sus laterales se encuentra un mercado regional y de artesanías, donde se pueden conseguir vinos artesanales, tejidos, trabajos en cuero y madera (de algarrobo y cardón) y degustar el original alfajor de crema de vino torrontés, único de Chilecito.
Además, durante Semana Santa y los fines de semana largos, como el último, en el centro de la plaza funciona otra feria artesanal, y hay una tercera en el paseo frente al Cristo del Portezuelo.
Este monumento, obra del escultor riojano Alejandro Carrizo, tiene 17 metros de alto y está frente al Parque Municipal Arturo Marasso, con su base en un portezuelo al que se llega tras subir 200 escalones.
La escalinata tiene en sus laterales terrazas cubiertas con 4.000 cactus de variadas especies, con algunas plantas traídas de México, Guatemala, Sudáfrica, Namibia y Estados Unidos.
Desde la plazoleta de Santa Rita de Chilecito, partió en enero de 1817 a las órdenes del capitán Nicolás Dávila, la heroica expedición auxiliar del Ejército Libertador que cruzó los Andes y liberó Copiapó por orden del General San Martín, conocida como “Expedición Zelada Dávila”.
Más historia se puede encontrar en el Museo Molino San Francisco, en Jazmín Ocampo 60, que atesora elementos representativos de la cultura, el arte y las actividades productivas de la zona.
Otro museo emblemático es Samay Huasi, que fue casa de descanso de Joaquín V. González, el más ilustre chileciteño y más joven gobernador de La Rioja, además de destacado personaje de la historia política y académica argentina. Mientras que fuera del trazado céntrico, tras la cruzar la ruta Nacional 40, está el Museo de la Minería “Dr. Santiago Bazán”, conocido como Museo del Cable Carril.
Este museo funciona precisamente en la estación base del cable carril más largo y más alto del mundo, que se extiende por 36 kilómetros hasta los 5.000 metros sobre el nivel del mar, y que fue utilizado para extraer oro de la mina La Mejicana en la primera mitad del siglo pasado.
La gastronomía, como en todo el noroeste argentino, es una experiencia para todos los sentidos, porque en sus cocinas se preparan verdaderas fiestas de colores, aromas y sabores.
En Chilecito, la mesa tiene una fuerte impronta regional y abundan platos tradicionales como locros, humitas, pastelitos y empanadillas, elaborados con productos propios de la zona, además de recetas innovadoras e identitarias, como las costeletas a la riojana o el mencionado alfajor de mousse de torrontés. Además, con la inauguración de su primer hotel casino 5 estrellas, de 50 habitaciones, a fines de 2013, el pueblo dispone ahora de 1.250 camas en todas las categorías de hospedajes.
“LA VUELTA AL PIQUE”
Los amantes del turismo encuentran diversas opciones en este hermoso sitio del noroeste argentino. Es que en la Rioja hacer turismo alternativo es igual a conectarse con la naturaleza y descubrir en cada tramo la esencia de lugares únicos que permiten conocer rincones aún vírgenes, donde la pureza del aire y la paleta colorida de cerros y quebradas, hacen un contraste perfecto con el cielo.
El circuito de “La vuelta al pique” es una de las opciones para disfrutar de este tipo de excursiones. El mismo fue creado por la Secretaría de Turismo de La Rioja, y ofrece al visitante la posibilidad de recorrer caminos de montaña aptos para el trekking o mountain bike durante todo el año.
El mismo debe su nombre a punto del paisaje en el que se cultivaban nogales llamado El Pique, con subidas y descensos en caracol hasta el punto máximo, a unos 3.000 metros sobre el nivel del mar.
El circuito recorre caminos de montaña que son atravesados por ríos de cauce temporario.
Desde El Pique también se pueden tomar senderos que llevan a la mina, al paraje Las Chúcaras o a Santa Florentina, o continuar el recorrido hacia Guanchín, un poblado ubicado unos mil metros más abajo.
El trayecto del camino propone ascender a una altura máxima de 2.500 metros sobre el nivel del mar, convirtiéndose en el lugar obligado a disfrutar de una extraordinaria excursión por laderas seguras y legado de la cultura originaria. Es que además de sitios arqueológicos y escenarios naturales que remontan a los orígenes de estas tierras; condensando la historia de sus rocas y sus pueblos, las comunas de Santa Florentina, Guanchin, Sañogasta y Miranda, ofrecen productos naturales y la idiosincrasia de los pueblos de montañas con toda su historia que remonta a los orígenes de esta zona que en siglo XXI atrapa al turismo.