"La asamblea la hicimos ahí, donde está el baldío, que era donde nos reuníamos para ver cómo seguíamos adelante con los problemas que teníamos. Inicialmente, la empresa que nos había estafado, le puso al barrio Mario Abel Amaya, pero decidimos ponerle San Cayetano, que fue el nombre que nos terminó identificando", recordó.
Ayer, dentro de los actos homenaje, en la ermita el municipio y la comisión de vecinos descubrió una placa que lleva el nombre de José Ramón Morales, Marina Sachetti, y el de Raúl Ledesma que, cuando el locutor lo invitó a sumarse al corrimiento del velo, decidió quedarse a un costado.
"Fue un lindo homenaje que agradezco pero, que no considero justo. Muchos trabajamos mucho y por eso pienso que, lo mejor, hubiera sido poner, en lugar de algunos de nuestros nombres, "Vecinos pioneros", porque todos laburamos para que el San Cayetano sea el San Cayetano", explicó a El Patagónico.
Entre otros vecinos, Ledesma recuerda, además de los nombrados, a Alfredo Barrionuevo, Mabel Jofré, o Gerardo Brizuela que "regaba todos los días, los arbolitos que con mucho amor habíamos sembrado", afirma.
Mientras, como todos los 7 de agosto, Ledesma marcha de la ermita hacia la capilla y esto lo hace feliz y lo pone en comunión con su barrio, ese que nació desde un desengaño y se terminó transformando en el de la fe y el trabajo.