M. tiene 20 años y tras meses de papeleos, pericias, denuncias, pedidos de restricción de acercamiento y en total abandono decidió exponer su caso. Armó ella misma un flyer y denunció públicamente a su progenitor, E.A.C., por abusar de ella desde los 7 años. En la denuncia incluyó a su madre, M.H., por no creerle incluso cuando vio el abuso con sus propios ojos.
La familia de M. es de Comodoro Rivadavia, aunque a principios de 2019 se mudaron a Puerto Madryn. Fue cuando su padre consiguió un trabajo en un ente descentralizado del Estado provincial. Su madre, jubilada docente, los acompañó.
Los abusos siguieron hasta el 7 de junio de ese año. Ella hacía semanas se había mudado a la casa de una amiga y regresó con sus padres por sus objetos personales, aunque fue en un horario en que sabía que él no estaría.
Pero una vez allí, su padre apareció, se le arrojó encima y la manoseó. Ella esta vez gritó y su madre pudo ver lo que pasaba. La respuesta fue violenta contra ambas.
M. dejó sentada una denuncia en la Comisaría de la Mujer donde exponía a su padre por “violencia de género”. Por entonces no se animó a hablar de los abusos que sufría desde que tenía 7 años, es decir desde 2006.
Fue una semana más tarde cuando amplió su denuncia en la Comisaría de la Mujer y también en el Ministerio Público Fiscal en Puerto Madryn.
El relato de M. da cuenta de 13 años de horror, “tocamiento en mis partes íntimas, la cola, el pecho, la vagina; se masturbaba delante mío; pasaba la noche en el pasillo observándome. Ahora tengo deformaciones por todo lo que me hacía”, detalló.
Las medidas inmediatas para atender su caso fueron la restricción de acercamiento para su padre y su madre. Sin embargo, M. quedó en completo abandono porque no cuenta ni siquiera con su documentación personal y exige avances en su causa.
“Yo lo que quiero es que se sepa y que eso me traiga justicia por todo lo que pasé. Además de lo que sufrí, a mí mi familia me dejó tirada”, relató a este medio la joven de 20 años.