Despidos de técnicos ponen en jaque a proyectos de Agricultura Familiar

A partir del ajuste que el gobierno de Mauricio Macri continúa aplicando en el Estado, se han producido unos 330 despidos en el Ministerio de Agroindustria y unos 150 corresponden, en todo el país, a técnicos de terreno de la Secretaría de Agricultura Familiar. Uno de los cinco despidos registrados en Chubut es el de Ruth Guerrero, quien tenía a su cargo una serie de proyectos en comunidades rurales de las comarcas de Biedma y del Valle inferior del Río Chubut. La continuidad de varios de esos microemprendimientos ahora está en riesgo.

Además de recortes presupuestarios, la política de achicamiento del Estado nacional se traduce en el despido de personal en diversos ministerios, como ocurre en el de Agroindustria, donde en los últimos meses perdieron sus empleos unos 150 técnicos en terreno que tenían a su cargo proyectos de la Secretaría de Agricultura Familiar (SAF), conducida por Santiago Hardie.

En el caso de Chubut, en lo que va del año se produjeron cinco despidos en la SAF, por lo que ese organismo cuenta en la actualidad son solo 24 técnicos para cubrir las necesidades de los agricultores familiares en toda la provincia, según la información brindada por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).

El diario La Nación publicó en su edición de ayer una nota que se titula “De Misiones a Chubut: cuatro historias de los despidos en Agricultura Familiar”, que a partir del retrato de cuatro de los trabajadores despedidos, describe el estratégico papel que con su asesoramiento cumplen en terreno los técnicos de la SAF, con la finalidad de que pequeñas comunidades de agricultores y maricultores en todo el país puedan desarrollar sus emprendimientos. Y dimensiona cómo varias de esas iniciativas pueden quedar ahora a la deriva, ante la falta de apoyo desde el Estado.

Una de las historias que se retrata es la de Ruth Guerrero, técnica de la SAF quien trabajaba en terreno con comunidades de las comarcas de Biedma y el Valle Inferior del Río Chubut. El lunes 23 de abril recibió desde Buenos Aires el telegrama que la notificaba de su despido, luego de desempeñarse por más de 17 años en distintos puntos de la provincia, asesorando a pescadores artesanales, agricultores familiares y a grupos de artesanas y artesanos.

Oriunda de Esquel, su experiencia en terreno comenzó en esa comarca con grupos de artesanas. Con ellas, desde las localidades Lago Rosario, Sierra Colorada, Lago Futalaufquen, Nahuel Pan, Taquetren y Epulef, diseñó capacitaciones específicas de comercialización, mercadeo, tinturas naturales, hilado y tejido. Más tarde, ya instalada con su familia en Gaiman –donde reside actualmente- su tarea se concentró en el departamento de Biedma (Puerto Madryn y Península Valdes) y en el Valle Inferior del Río Chubut (Rawson, Trelew, Gaiman, Dolavon y 28 de Julio).

“Lo primero que hice en esa segunda etapa de mi trabajo fue relevar la situación de ambos departamentos. Presenté la SAF ante comunas y municipios, y me reuní con todos los referentes de las áreas de producción y con los intendentes. Una vez relevadas todas las organizaciones de pequeños productores, diseñamos talleres de encuentro para que todas las voluntades individuales existentes se conocieran y coordinamos los primeros plenarios del Foro de la Agricultura Familiar en ambos departamentos”, relató a La Nación.

Dadas las necesidades del Estado de ampliar su cobertura, debió dejar parte de su trabajo en el Valle Inferior del Río Chubut para sumarse como técnica de apoyo en el departamento Telsen, zona de meseta patagónica. “Sostuve Madryn, donde venía trabajando con pescadores artesanales, y empecé a viajar de Telsen a Gastre y de allí a Gangan, relevando las organizaciones existentes y trabajando en capacitaciones para fortalecer el funcionamiento de las mismas, siempre en coordinación con otros organismos, como el Ministerio de Agricultura de la provincia y el equipo de la Pastoral Aborigen (Endepa). En la época de la erupción de los volcanes chilenos estuve a cargo de la recorrida por todos los campos afectados y de las entrevistas con todas las familias del perfil de la agricultura familiar, en función de la entrega del subsidio que se les brindó”, explicó.

De la tarea de campo, o más bien de mar, Ruth Guerrero detalló la conformación de dos organizaciones de pescadores artesanales. “La primera, la Asociación de Recolectores Costeros del Riacho San José, en un pequeño paraje donde históricamente residieron familias recolectoras. Hoy ellos son quienes tienen prioritariamente el permiso para trabajar en la zona, para la recolección de pulpo y de mejillones, y para la pesca artesanal. Y la segunda, la Asociación de Pescadores Artesanales y Maricultores de Pequeña Escala, que son rederos de costa, que obtienen cornalitos, lisas y magrú, entre otros peces, que después se fasonean en las plantas habilitadas de la zona y se comercializan”, describió.

En paralelo, participó de la conformación de la Mesa de Desarrollo Local del departamento Madryn, en conjunto con el Instituto Nacional de Tecnología Agroalimentaria (INTA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), universidades, el Centro Nacional Patagónico de Investigación, que responde al CONICET, con representantes de distintos programas nacionales y provinciales, con empresarios y con las organizaciones que representan a la agricultura familiar.

EN JAQUE

Guerrero, lamentó en diálogo con La Nación que hoy todo sea incertidumbre en la región, porque Puerto Madryn quedó huérfana de técnicos, dado que tanto ella como su compañera veterinaria fueron despedidas como parte de los cinco despidos que se registraron en Chubut hasta ahora.

“Los técnicos somos como un puente entre los agricultores familiares y el Estado. Somos nosotros los que vamos a lugares donde muchas veces no hay posibilidades para que las familias accedan a herramientas de gestión, somos nosotros quienes los asesoramos frente a las diversas problemáticas que atraviesan, desde lo productivo y hasta lo social, y somos nosotros quienes alentamos la formación de organizaciones para que los intereses pasen a ser colectivos y dejen de ser individuales y para que esa unión los beneficie al momento de tener que comercializar sus productos o de hacer compras comunitarias”, detalló con orgullo y con la certeza de que el camino recorrido es el correcto.

Frente al argumento de Agroindustria de que no se observaban resultados del trabajo que desarrollaban en terreno, Guerrero coincidió con sus colegas despedidos al afirmar que todo el trabajo hecho es medible. “Es un error decir que no se mide el impacto de nuestro trabajo porque está todo medido. Nosotros permanentemente realizamos mediciones y las enviamos al Ministerio. Ellos tienen toda la información que generamos en los territorios. En cambio, lo que no hay hoy son líneas propias de financiamiento. Por eso, los técnicos debimos salir a gestionar recursos afuera, a formular proyectos para presentar en las provincias o ante el Ministerio de Desarrollo Social o a las organizaciones locales. Nos han empujado a convertirnos en gestores de recursos, cuando que, históricamente, lo que se buscaba desde la época del PSA era contar con líneas de financiamiento propias para infraestructura, capacitaciones y para difusión. Con la actual gestión de gobierno llegó un total desfinanciamiento, donde si se rompe un vehículo no se repara y donde nos quitaron los recursos mínimos para funcionar y para estar más tiempo presentes en los territorios”, argumentó.

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