A la hora de vender, los argumentos fluyen y los límites se achican, pero los barrios parecen agrandarse. El marketing de las bienes raíces tiene sus preferencias y al momento de renombrar zonas, la creatividad se pone en juego en su esplendor. De los productores de Palermo Hollywood, Viejo, Soho y Freud –subdivisiones comerciales del distrito– y, siguiendo la línea cinematográfica, de los guionistas de Palermo Queens –esa denominación a la que fue sujeta Villa Crespo luego de su repunte inmobiliario– ahora aparece Palermo Horse, ese sobrenombre que muchos comenzaron a utilizar para darle un marco al boom del real estate que se está dando en Caballito, más precisamente en la avenida Pedro Goyena.
Todo comenzó con la mención de una importante cervecería enclavada en Palermo que, como otras, decidió abrir una nueva sucursal en Caballito, un polo comercial fuerte que, de a poco, le va abriendo la puerta al sector gastronómico. El anuncio provocó el beneplácito de la mayoría de los que se expresaron en las redes sociales, pero también la queja de algunos que se niegan a que su barrio sea absorbido por una designación ajena.
Lo cierto es que el polo gastronómico de la avenida Pedro Goyena, se extiende y ya no solo comprende las primeras tres cuadras desde su nacimiento en La Plata sino que, además, se desarrolla a lo largo de las 18 cuadras que la delimitan hasta su culminación en Pumacahua. La heladería Lucciano’s –un clásico de Martínez–, el Sushi Woman y Rapa Nui –la chocolatería de Bariloche que ya tiene sucursales en Palermo y Recoleta– son tres de los locales que dejan en claro la ampliación comercial –y hasta de exclusividad– que va tomando el barrio en el extremo oeste de la avenida.
“Los valores están incrementándose. Aún no están consolidados, pero hay un alza. Y en eso mucho tiene que ver la cuestión comercial que se va dando en la avenida. Pasa algo similar a lo que sucede en el corredor Donado-Holmberg”, asegura Claudio Vodanovich, secretario de la Cámara Inmobiliaria Argentina. Los números son claros. El metro cuadrado, en algunos casos, alcanza los mismos valores de Puerto Madero: 5.500 dólares el metro cuadrado para la venta. ¿El costo del alquiler de un local comercial? El más alto de la Capital Federal. Vodanovich agrega que este corredor “no parte al barrio al medio sino que provoca un efecto derrame que, de prosperar, irá afectando primero a las transversales y luego a las calles laterales. Son proceso que suelen llevar de cinco a diez años. Es un esquema natural”.
La torre de 17 pisos a estrenar de Pedro Goyena al 1750 funciona como modelo del nuevo mapa geográfico de la zona. En la misma cuadra, hay otros dos edificios en construcción. Diego Simeone, Héctor Cúper, Claudio Úbeda y Antonio Mohamed son algunos de los técnicos más conocidos que poseen departamentos en la zona, muy requerida por los jugadores de fútbol y otras personalidades de gran poder adquisitivo.
En el medio de la avenida, entre Emilio Mitre y San José de Calasanz, ahí donde está uno de los límites del barrio inglés –una zona residencial de casas tasadas en más de un millón de dólares– funcionan dos cervecerías: Bélgica y Antares de gran convocatoria. “Esto tiene sus pro y sus contra”, asegura Roberto Pérez, secretario del Rotary Club de Caballito. Y agrega que “el movimiento provoca ruidos, una situación que la gente que vive ahí no busca. Antares tuvo que lidiar con algunas clausuras por este tema. Pero hay que mirarlo desde todos los ángulos porque también implica inversión y afluencia de gente”.
De aquella calle residencial a esta avenida plagada de locales gastronómicos, bancos, inmobiliarias y edificios a estrenar no pasó mucho tiempo. El Tudor Building es un claro ejemplo del Caballito de ayer, de hoy y de siempre. Gracias al trabajo de vecinos, se logró mantener la fachada del casco original como patrimonio cultural y se construyó un edificio a sus espaldas.
Las cervecerías vuelven a tomar partido cerca de José María Moreno: Álvarez, DBox y Cervelar se mezclan con Freddo, Café Martínez, Almacén de pizzas y Nikkis, un local de tacos y fajitas –lo más nuevo en gastronomía junto a los locales de crepes–. “A nosotros no nos afecta porque no compartimos la misma gente. Las cervecerías es un lugar para los más jóvenes. Si alguien quiere comer y tomar un vino no puede hacerlo. Por eso, no nos pisamos”, asegura Carlos Fioritto, encargado de un bar en Pedro Goyena al 200.
El secretario del Rotary Club suma que “por una cuestión económica no debería ser un barrio para jóvenes. Pero la globalización cambió los sueldos. Un gerente hoy tiene 30 años y eso hace que las propuestas sean diferentes. Pero tampoco hay que creerse que esto es lo que va a quedar. Hubo una época que fueron los sushis, antes las canchas de paddle. Todo va cambiando”.
Bruno Lázzaro