La combinación de terreno complejo, vegetación seca y condiciones meteorológicas adversas complican aún más el escenario. El martes, la temperatura llegó a 23°C y el viento —que pasó de 10 a 20 km/h— registró ráfagas de hasta 40 km/h, favoreciendo la expansión del fuego y dificultando la labor de los brigadistas.
Los equipos de combate trabajan divididos en varios sectores. Una cuadrilla intervino en el Puesto de Chango Fernández con ataques directos mediante herramientas y líneas de agua. Otro grupo concentró sus esfuerzos en la apertura de cortafuegos entre el Puesto de Vigueras y el río Turbio, con el objetivo de frenar el avance de las llamas en una zona dominada por matorral y bosque nativo.
El operativo se desarrolla en un entorno de extrema complejidad: la topografía irregular, las altas temperaturas, la presencia de material combustible pesado y el riesgo permanente de reinicios obligan a un monitoreo constante para resguardar tanto al personal como a la fauna del lugar.
El incendio continúa activo y las autoridades mantienen un estado de alerta, mientras los equipos trabajan contrarreloj para evitar que el fuego alcance nuevas áreas rurales.