Los Piojos tocaron miércoles y jueves, en dos noches con el Gimnasio del Complejo Huergo colmado hasta su máxima capacidad de 2.500 personas.
El jueves, a las 21:43, sonó el primer acorde de la banda arriba del escenario. Minutos antes, un fondo musical acompañaba las imágenes sobre las pantallas en el mismo escenario. Los Piojos trajeron todo su arsenal técnico, que incluyó pantallas de video, sonido y luces, más el montaje para armar un segundo nivel sobre el escenario, donde se hallaba la percusión, la batería y el teclado.
«Desde lejos no se ve» fue el primer tema, seguido de «Babilonia»; dos canciones fuertes para romper el silencio.
Tras los dos clásicos, vino «Civilización», tema que da título al nuevo disco y que fue escuchado con atención por el público.
En «Ay ay ay» se encendieron algunos celulares, mientras el público cantaba «dando vueltas sin pensar».
Previo al quinto tema vino el saludo extenso de Andrés Ciro, quien dialogó con el público comodorense de manera amena, como si fuera un viejo amigo a quien no veía hace tiempo. Ahí nomás llegó «Taxy boy», con el cantante luciéndose en la armónica.
Luego de «Bicho de ciudad», llegaron dos canciones con todo el poderío piojoso, «María y José», y «Luz de marfil». A este potente set le siguió Micky Rodríguez cantando dos temas, sin soltar su bajo y preguntando a la gente «¿bailamos un poco?».
Acordes de una armónica solitaria comenzaron a oirse, y los oídos piojosos ya olfateaban que venía «Pistolas», y al tiempo que Andrés Ciro rumeaba «tanto tanto te cuidabas», jugaba con su propia imagen proyectada en vivo sobre la pantalla.
La canción no llegó a su fin, porque hubo un set de percusión en el medio, que derivó en que Changuito Farías Gómez descendiera de su balcón para ocupar el centro del escenario y batir parches con sus manos.
El enganche fue excéntrico, con Ciro rapeando «Staying alive», de los Bee Gees, hasta acoplarse en «que se maten nomás», y dar un potente cierre a «Pistolas».
«Otro disco del tema nuevo», jugó con las palabras el cantante y comenzó a sonar «Manjar», estreno del CD «Civilización».
La siguiente canción incluyó, una vez más, un souvenir de lujo colgado en el micrófono: los botines de Diego Maradona ilustraron el recitado inicial de Ciro: «dicen que escapó de un sueño, en casi su mejor gambeta». No fue necesario que prosiguiera, el resto de los versos fueron cantados por todo el estadio, en una sola voz, para introducir a «Maradó», en uno de los momentos más fuertes de la noche. De fondo, las pantallas mostraban al Diego haciendo gambetas.
«Dale, Dolores no llores» fue el pedido de la multitud, robándole el lugar a Ciro para ser la primera voz en «Todo pasa».
Otro tema nuevo, «Pacífico», fue el aperitivo para el anuncio de «el último tema». Compases en ritmo de jazz, y la voz de Andrés danzando sobre ellos, anunciaban que se venía otro momento caliente. «El farolito» encendió a la masa, quien no se cansó de pedir «un poquito de tu amor» para llevar el pogo al punto más.
El medio de la canción dio paso a un interminable solo de piano, de Miguel Chucky de Ipola. A él se sumó el solo de batería, de Sebastián «Rogger» Cardero.
El fin del tema cerró con un «Buenas noches», pero el aroma que perduraba era que había algo más. Volvieron sin hacerse esperar, para entonar «Ruleta», y a recordar que «en Comodoro rasgaste mi piel». Las pantallas mostraban imágenes actuales de la ciudad que inspiró esa canción y la gente devolvía con su voz ese halago.
«El balneario de los doctores crotos» lo tuvo a Ciro disfrazado, moviéndose esqueléticamente en el escenario al ritmo de la murga.
Parecía el final, pero Los Piojos tenían algo más para los comodorenses, al ver «tanta belleza tirada en la mesa». La gente cantó «Tan solo», a modo de himno, como si fuera el epílogo emotivo de una ceremonia inmutable, un romance profundo entre Los Piojos y Comodoro.
Todos los músicos en el escenario entonaron «Finale», en una despedida que pedía «vaciá tu vaso antes del fin».
Ciro se dedicó a leer cada una de las banderas colgadas en el lugar, y el vaso, más que vacío, se volvía a llenar de emoción. Fue el final, a las 23:44. Las luces se prendieron, aún con los músicos en escena diciendo adiós. Una vez más, Los Piojos «rasgaban su piel» en Comodoro.
- 02 septiembre 2007