Javier Chaura: "a estos pibes les corre una sangre especial"  

El técnico de CIPA elogió al plantel campeón del Nacional de Clubes C-20 y criticó a quienes, a su criterio, conspiraron contra el equipo.

Tras la consagración de CIPA en el Nacional de Clubes C-20 de futsal, que se desarrolló en Corrientes, su entrenador Javier Chaura expresó ante El Patagónico sus sensaciones, entre la alegría por el inmenso logro y su bronca por diversas cuestiones.

“Hay un montón de cosas antes de la obtención de este título. Primero, estábamos esperando cómo clasificábamos para entrar y dirigentes de Comodoro mandaron una brillante idea, con la cual nos dejaban décimo sextos”, ironizó.

“Pedimos una reunión de delegados, como se deben hacer las cosas, porque ahí la gente de afuera no tiene por qué dar opiniones si no es parte de la organización. Después de reuniones y llamadas en vivo, entramos como segundos mejores terceros”, explicó.

Asimismo, aclaró que llegaron al certamen sin el “rodaje necesario”, ya que “no es lo mismo traer amistosos, que siete u ocho partidos encima de nivel oficial”, y remarcó: “para allá tuvimos 30 horas de viaje en una trafic, cuando tenemos jugadores de 1,90 y el más chico mide 1,70 y moneditas en porcentaje”.

Por otro lado, destacó la ayuda recibida. “Hernán Martínez, de Comodoro Deportes, siempre colabora. Cuando uno va y le golpea la puerta, siempre te atiende. Igual tenemos sponsors como Mega Fitness, Don Gregorio, Ecos de la Tierra y Del Sur, que a su manera nos ayudaron y para nosotros fue importantísimo”, señaló.

Respecto de la performance de su equipo, Chaura aseguró: “lo nuestro fue mucho más que bueno. Fuimos creciendo a medida que avanzaba el torneo, porque era nuestra primera competencia oficial ante equipos que estaban jugando su segundo torneo de la temporada. Tuvimos que aferrarnos a nuestros conocimientos, a nuestra idea, y con eso se llegó a lograr el objetivo”.

Hubo un momento muy particular en la final, que terminó siendo victoria por 7-6 para CIPA sobre Defensores de Olivos de Buenos Aires. Cuando faltaban poco más de tres minutos para que finalizara el partido y empataban 5-5, el jugador comodorense Mariano Cárcamo se golpeó violentamente contra el suelo y el encuentro estuvo parado durante más de una hora.

“El golpe de Mariano fue complicadísimo, porque cayó pesadamente con la cabeza y tiene un corte arriba de la ceja. Eso le demandó tres puntos. Además, tuvieron que hacerle dos tomografías para ver si no tenía nada en la parte cervical y del cerebro”, comentó Chaura.

El DT manifestó su descontento con la manera que se manejó la situación. “No puede ser que la organización no haya estado preparada para algo así. Mariano estuvo más de 40 minutos tirado en el piso, inconsciente. Por ahí contestaba pero no tenía los ojos abiertos y a veces hacía convulsiones. A la piba que estaba ahí le faltaba conocimiento, porque le echaba alcohol y agua oxigenada. Mariano llegó a vomitar estando semiinconsciente”, afirmó.

Los ánimos no estaban como para seguir jugando y, según Chaura, el panorama se complicó por las actitudes del árbitro. “A todo esto, hay un árbitro que se hace cargo de la jugada y se nos reía en la cara, porque la idea era seguir el partido. Ahí generó un malestar enorme. Es una persona que no merece estar en este deporte”, sentenció.

“Nosotros no queríamos seguir, pero cuando nos avisan que Mariano está bien, había que hablar con esos pibes para terminar de jugar esos tres minutos con quince segundos, porque tenías que pasar al lado de un tipo que se te había reído en la cara e ignorarlo”, reconoció.

Sin embargo, la historia tuvo un final feliz. “Tenemos un grupo en el que se dialoga mucho y se entendió que todo lo bueno que estábamos haciendo no lo teníamos que empañar, y menos por gente ajena que intentó perjudicarnos a último segundo”, rescató.

Asimismo, remarcó: “estos pibes tienen mucho entrenamiento y no es casualidad lo que pasó dentro de la cancha. Mientras estaba suspendido el torneo en Comodoro, nosotros estábamos entrenando en una placita donde había que esperar porque estaba ocupada, y si llovía había que secar la cancha, y por ahí entrenábamos a oscuras”.

“A estos pibes les corre una sangre especial por sus venas, porque llegamos a jugar hasta tres partidos en 26 horas y encima tuvieron que superar los demás obstáculos. Fue un desgaste enorme y lo de los pibes fue increíble”, enfatizó.

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