La "Feria del Libro y de las Artes" reflejó que Comodoro respira y produce cultura

Con récord de visitantes pero sobre todo con una gran cantidad de expositores de calidad, tanto de la región como de nivel nacional, finalizó ayer la "Feria del Libro y las Artes 2015". Esta vez, para poder albergar con mayor comodidad a la gente y a las actividades programadas en estos cuatro días, se realizó de manera simultánea en el Centro Cultural, el Centro de Información Pública y otros escenarios.
El cierre de la "Feria del Libro y las Artes" 2015 estuvo a cargo anoche de los grupos musicales Oveja Negra, Siete Poderes y Caramuqueros, que unieron con sus voces y ritmos a distintas generaciones y géneros.
"La verdad que estamos muy felices por todo el trabajo realizado y por el éxito que tuvo la Feria del Libro, que nos llena de orgullo y nos demuestra que estamos por el camino correcto, el que marcó el intendente Néstor Di Pierro y el que seguramente continuará Carlos Linares", aseguró a El Patagónico el secretario municipal de Cultura, Daniel Vleminchx.
Para el funcionario, esta nueva edición de la Feria del Libro determina que, luego de años en los que el Estado se retiró de escena y como organizador, el encuentro haya llegado "no sólo para quedarse, sino para que año a año siga creciendo. No importa quién sea el próximo intendente, aunque yo estoy convencido que será Linares -reiteró- pero el que venga, seguramente tendrá que continuar con esta tarea", sostuvo.

DE TODO Y PARA TODOS
Mientras el secretario de Cultura realizaba el balance preliminar, en el café cultural, los niños cantantes ofrecían su talento, el artista plástico Pablo Bernasconi realizaba su sabrosa charla en un abarrotado auditorio, y el filósofo Darío Sztansrajber, uno de los platos fuertes de la feria, se preparaba para cerrar el ciclo de charlas con su divertida e inteligente exposición sobre filosofía.
Si bien no hay una estadística oficial, el secretario de Cultura aseguró que en esta ocasión, en las cuatro jornadas y en los dos edificios, se superó largamente a las 30.000 que pasaron por la Feria del Libro del año pasado, tanto que se pudo haber llegado a los 40.000 visitantes.
El número puede no ser riguroso, pero no es antojadizo porque los responsables de los 90 stands que se habilitaron, entre libreros y artesanos, aseguraron que recibieron visitas y produjeron ventas por casi tres veces más que las del año pasado, oportunidad en la que también cerraron una buena experiencia no sólo en su tarea de difusión cultural, sino además en el plano comercial.

LOS PUNTOS FUERTES
Las actividades que se realizaron este año fueron importantes, y si bien se pone el acento generalmente en la calidad de los visitantes, como Víctor Hugo Morales, Miguel Rep (que dejó un mural para la ciudad en el Centro de Información Pública), Pablo Bernasconi, Ana María Bovo, Enrique Sacco, entre otros, también y sobre todo merece destacarse la participación plena de más de 150 hacedores culturales de esta ciudad y la región.
Fue así que, entre presentación de libros, danzas, talleres y otros tipos de expresión, los trabajadores culturales patagónicos pudieron mostrar lo suyo, decir presente y hacerse valer y conocer para demostrar que también se puede ser profeta en tierra propia.
Dentro de ese enorme programa de actividades, llamó positivamente la atención el espacio que este año encontró la poesía. Durante todas las jornadas tuvo su lugar y voces como las de Pablo Soto, Sergio Antonio Mera Beltrán, Mileva Nürmberg, Lola Sánchez, Esteban Pickiewicz, Silvia López, Celso Arancibia, Ezequiel Murphy, Sebstián Realini, Bárbara Himmel, Carlos Nuss, Héctor Allende, Cristian Aliaga, Titín Naves, Andrés Cursaro, Mauro Mateos, Silvia Iglesias, Gabriel Arancibia, Rubén Eduardo Gómez, entre otras.
La presentación de libros, y experiencias, como la de Natalia Salvador, en la Escuela Nómade de Ariane Mnouchkine y el Théâtre du Soleil, también protagonizaron momentos brillantes de esta Feria del Libro, que además contó con las obras que, a partir del Instituto Nacional del Teatro, brillaron en esta primavera de la cultura comodorense, esa que seguramente volverá y florecerá, con más fuerza y buenas intenciones, el año que viene.

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