La víctima de la calle El Chubut despertó por los gritos de su madre pero no pudo ayudarla

Al presentar la imputación contra Susana Bustamante, la sospechosa de ser la "viuda negra", ayer el fiscal Adrián Cabral relató que el hombre que fue víctima del robo en su vivienda de la calle El Chubut describió que tras quedar sin conocimiento producto del somnífero que le habían colocado en el vino, se despertó por los gritos de su madre, que estaba encerrada en su habitación y lo llamaba. Sin embargo, él no pudo ayudarla porque estaba atado de pies y manos.

“Yo escuché los gritos llamando”, narró la víctima quien cree que su madre de 90 años murió de un paro cardiaco por la situación. La anciana habría roto una ventana para intentar salir. Mientras tanto, el otro hombre que cayó en la telaraña de la viuda negra, en el barrio Divina Providencia, sostuvo que la mujer que lo sedujo para robarle le había puesto algo en la copa del vino porque tenía algo blanco, él lo tiró cuando ella se fue al baño. Pero después la joven lo abrazó y le insistió que tomara vino, que ella estaba tomando sola. Así, al volver a beber se quedó dormido y le llevaron de su casa todo lo que pudieron.

Durante la audiencia de control de detención de los sospechosos, Susana Bustamante y Juan Palacios, ayer se conocieron nuevos detalles del accionar criminal de la “viuda negra”.

El fiscal Adrian Cabral dio a conocer las declaraciones de las dos víctimas, H.L. quien cayó en las redes de la seducción durante la noche del sábado en una casa de la calle El Chubut al 1.900 y E.F., el habitante del barrio Divina Providencia que fue engañado en la noche del lunes.

La mujer que se hacía pasar a través del sitio de citas Badoo como Cecilia (37) en el primer caso y como Paola Bustos (37) en el segundo, les decía a sus ingenuas víctimas que era cosmetóloga, de Villa María, Córdoba y que tenía un negocio. Que había venido a Comodoro Rivadavia con una socia y que quería poner un comercio en Las Heras, Santa Cruz.

La primera víctima, dijo que hizo contacto con ella el viernes 28 de julio y que el día siguiente a las 16 volvieron a chatear. Ahí él le invitó un café, pero que ella le respondió: “¿Qué te parece si tomamos un vino?”.

La mujer le pidió en el chat al hombre que su madre no estuviera presente cuando ella llegara. Luego, H. L. le preguntó qué vino quería tomar y ella le contestó que le gustaba el vino rosado. El se cruzó a comprarlo a un supermercado cercano. A todo esto, dejó a su mamá de 90 años en su habitación descansando, con la puerta abierta.

Y a las 23 del sábado llegó “Cecilia”. El le pagó el viaje del taxi. Recuerda que era robusta, con tonada cordobesa y que tenía un escudo de fútbol tatuado en un brazo. Estaba vestida totalmente de negro. El le sirvió una copa, estuvieron hablando menos de una hora, y ella le preguntó si tenía plantas en el comedor.

H. L. le mostró el living, se sentaron allí. La víctima recuerda que tomaron una botella de vino, y que él se durmió. No sabe cuánto tiempo y que se despertó por los gritos de su madre. La anciana lo llamaba. En ese momento, la víctima recuerda que se encontraba semidesnudo, que no podía moverse, y que también tenía una cinta en la boca que no lo dejaba hablar.

Ante la desesperación de escuchar gritar a su mamá no sabe cómo hizo para sacarse la cinta, pero no pudo hacer nada para pararse por la forma que estaba atado. Ni moverse podía. No recuerda el momento en el que lo golpearon, y que estuvo así hasta el lunes a la tarde cuando llegó la empleada doméstica.

El fiscal contó que la víctima describió que su madre podía caminar sin problemas aunque utilizaba un andador, tenía marcapasos y que él cree que murió de un infarto producto de la desesperación. “Yo escuché los gritos llamando”, relató H.L. La escuchó gritar hasta que perdió la noción del tiempo.

La anciana fue hallada sin vida, encerrada en su habitación, con un pañuelo atado en una pierna, que cubría una herida que tenía. Incluso tras el relevamiento de la Policía Científica se pudo saber que la nonagenaria habría intentado salir por la ventana que da hacia el lavadero ya que tenía uno de los vidrios rotos.

Le llevo hasta el shampoo

Para su segunda aparición en público, la “viuda negra”, se cambió el perfil. Se hizo llamar “Paola Bustos, 37”.

El lunes sobre las 22 la mujer llegó en un taxi hasta la casa de E.F. en el barrio Divina Providencia. Cenaron en la cocina-comedor y se fueron al garage a tomar el vino y a charlar un poco.

En un momento dado, según lo que le relató al fiscal, la víctima notó que la copa de vino tenía algo blanco. Cuando ella se fue al baño lo tiró de la copa y se sirvió más. Pero la mujer se acercó, lo abrazó por detrás e hizo que tomara una copa más de vino.

E. F. recuerda que sobre la 1 ya del martes se durmió mientras estaba fumando. En este caso la “viuda negra”, supuestamente con la ayuda de un cómplice para cargar el botín, le robó desde la alcancía con 4 mil pesos en monedas hasta el dentífrico y el shampoo.

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