Los rugbiers pidieron chocolates y alfajores para pasar la cuarentena en la cárcel

Los ocho procesados por el brutal homicidio que conmocionó el verano, están, como desde antes de la crisis del virus, solos en un pabellón que tiene capacidad para 25 personas. En celdas de a dos y sin contacto con otros internos.

"No hablan con nadie. Ni con los guardias. Si necesitan algo se lo piden a las familias. El responsable del penal pasa a verlos, cada tanto, para supervisar", contaron desde dentro de la unidad donde están alojados los ocho rugbiers procesados por el brutal asesinato de Fernando Báez Sosa.

A la mañana temprano tienen hasta dos horas para salir al patio. Allí repiten una rutina estrecha de ejercicios y aprovechan el mínimo esparcimiento que les permite el espacio de 250 metros cuadrados, que está disponible para ellos.

Es el único momento que tienen algún contacto con un grupo de entre 5 y 10 procesados, que no siempre son los mismos. El régimen de alcaidía es de permanencia temporaria. Hasta que los jueces decidan el destino definitivo. En este caso y por la contingencia del virus, esa estadía será más prolongada.

Dos teléfonos tienen disponibles los rugbiers de Zárate que fueron detenidos a las pocas horas del asesinato de Fernando, en plena temporada alta de veraneo. Se turnan para las charlas con los íntimos y para hacer los pedidos que incluyen alfajores, chocolates, tortas y postres dulces.

“Ninguno tiene contacto con los presos de adentro”, aclararon en el Servicio Penitenciario. Los padres y los que se encargan de esos mandados tienen un permiso de circulación para recorrer los 150 kilómetros entre el oeste de La Plata y la ciudad de Zárate.

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