Para Lucas Busdrago, el rugby fue (es) parte de su vida, se inició cuando por el trabajo de su padre llegó a Comodoro Rivadavia, sus amigos del secundario lo invitaron a sumarse a Chenque Rugby Club con doce años. Y lejos del estereotipo del rugbier, el joven no caía en las frases trilladas como “este es un deporte de valores”, él vivía el deporte como un punto de encuentro con amigos. Incluso con ellos se escapaba a la preceptoría por unos mates durante la jornada extendida de clases.
“Todos mis compañeros de Chenque iban a mi curso, entonces hablar de rugby era algo común de todos los días, porque nadie jugaba otro deporte. A eso sumale el apoyo incondicional de nuestras compañeras que nos iban a ver siempre. Entonces lunes, martes y miércoles hablábamos del partido que había pasado. Y jueves y viernes de lo que iba a ser el fin de semana”, comenta Lucas a El Patagónico.
Un curso unido, ese era el mundo de Lucas y varios de ellos que la continuaban el fin de semana en El Trébol, donde en lo particular el joven fue haciendo un camino progresivo.
“A mí me tocó ser capitán de mi club en Chenque, desde que comencé en las categorías competitivas hasta que me fui (M18). Y el sur tiene la particularidad que en el rugby es muy sufrido. Entrás con 15 jugadores y 14 de ellos entrenando durante la semana. Entonces yo creo que el rugby comenzó a ser significativo para mí, cuando en mi rol de capitán le insistía a todos (incluso a muchos de ellos los pasaba a buscar) para que vayamos a entrenar durante la semana”, sostiene.
El ser capitán le implicaba una preocupación extra, en especial los martes y jueves que eran los días de entrenamiento. Después comenzó a centrarse en las condiciones que tenía dentro del campo de juego.
“Las condiciones físicas y el entrenamiento van muy de la mano. Yo no soy ningún habilidoso, eso lo tengo claro. Pero sabía que era ‘grandote’ y tenía velocidad. Además que siempre me entrené ‘al palo’. Entonces fui dándome cuenta que era muy disciplinado a la hora de entrenar. Ya sea en Chenque, con el Seleccionado Austral o el Patagónico. Y si yo seguía con esa cuota de actitud y disciplina sabía que se podía llegar a algo más”, recuerda.
UN CAMBIO DE PARADIGMAS
Egresado del Colegio Bilingüe Abraham Lincoln, Lucas retornó a Córdoba para estudiar medicina. Y continuar con el rugby, aunque tuvo la duda si podría dedicarle la misma responsabilidad al deporte y al estudio.
“En Córdoba me di cuenta que hay más ‘ventanas’ para mostrarse. Por ahí en el sur en esa época costaba más. Me encontré con un club más grande, donde incluso pasé a jugar en un puesto que no jugaba (en Chenque era Centro y en Jockey Club es wing). Hasta en eso aprendí muchísimo de gente muy buena”, rescata.
Las convocatorias comenzaron con Los Pumitas en 2015, Lucas iba superando escollo a escollo pero una lesión en su tobillo le truncó los sueños. Fue el peor año de Busdrago, pero no dimitió, siguió metiendo materias y horas de entrenamiento. El 4 de diciembre tuvo su premio con Los Pumas 7, el sueño de Lucas ya era una realidad.