“Me enojé, no controlé ni mi ansiedad ni mi bronca. Agarré el arma y disparé, no medí las consecuencias”. Así, Luis Abel Guzmán confesaba el homicidio del estilista Germán Gabriel Medina, ocurrido en la peluquería Verdini, situada en el barrio porteño de Recoleta, en marzo de 2024. Víctima y victimario eran compañeros de trabajo.
Guzmán, de 45 años, comenzó a ser juzgado este miércoles por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) porteño N°24. Está acusado de los delitos de homicidio agravado por haber sido cometido con alevosía (por el crimen de Medina) y por la privación ilegítima de la libertad agravada (por haber mantenido encerradas a la víctima y a otras cuatro personas en la peluquería, minutos antes de la ejecución del homicidio). Después de confesar el crimen, Guzmán huyó y estuvo 70 días prófugo hasta que fue detenido por detectives de la Policía de la Ciudad en el partido bonaerense de Moreno.
“Me escapé, tenía miedo de quedar preso y me angustié por todo lo que hice”, dijo hoy ante los jueces Javier de la Fuente, Maximiliano Dialeva Balmaceda y Marcelo Alvero, según informó el sitio de noticias de la Procuración General de la Nación, www.fiscales.gob.ar.
En el debate, el Ministerio Público está representado por la fiscal general Ana Helena Díaz Cano y el auxiliar fiscal Nicolás Tecchi. Guzmán es defendido por los abogados Claudio Severino y Ricardo Sanetti. El letrado Juan Manuel Dragani interviene en representación de la familia de la víctima.
En la primera audiencia del juicio se leyó el requerimiento de elevación a juicio presentado, en su momento, por el fiscal Patricio Lugones.
El homicidio ocurrió el 20 de marzo del año pasado en la peluquería Verdini, situada en Beruti 3017. Esa noche, Guzmán le disparó a Medina, de 33 años, mientras se encontraba en el local comercial con otros compañeros de trabajo luego de haber terminado la jornada laboral.
“En ese contexto, Guzmán extrajo un arma de fuego de la cintura, le quitó el seguro, apuntó directo a la cabeza de la víctima y le disparó, provocando su fallecimiento unos instantes después”, se explicó en el citado requerimiento.
Según logró reconstruir en el expediente judicial, Guzmán tenía conflictos con sus compañeros, principalmente, por sus trabajos de alisado utilizando formol, sustancia prohibida por sus efectos tóxicos y que no dejó de utilizar pese a las advertencias de sus pares y de su jefe.
Hoy, el acusado recordó que había conocido al dueño de la peluquería, Facundo Verdini, en 2006, cuando ambos compartían horas de estudio. Luego, cuando Verdini decidió abrir su propio negocio, le ofreció trabajar para él.
Guzmán sostuvo que comenzó a tener problemas con el dueño cuando se decidió a cambiar la calidad del producto con el que se trabajaba, aunque aseguró que nunca le prohibieron usar formol y que solo le dijeron que debía utilizar menos cantidad.
“Ante las preguntas de su defensa, indicó que manejaba un sueldo de 3.000.000 de pesos, lo que supuestamente también le generaba roces con su empleador. En ese marco, dijo que habían hablado de una indemnización pero que nunca se concretaba ya que él le pedía unos 55 millones de pesos. Con respecto al motivo por el que tenía un arma de fuego, dijo que lo habían asaltado dos veces volviendo a su casa en Merlo y que si bien no había hecho la denuncia, desde ese momento se manejaba armado cuando iba con dinero”, según publicó el citado sitio de noticias oficiales.
Sobre el día del homicidio, durante su indagatoria ante los jueces, Guzmán recordó que iba a hablar con su jefe por el tema de la indemnización, pero que finalmente el dueño de la peluquería le comentó que lo hablarían con los abogados. Según relató, le escuchó decir a la víctima algo sobre él: lo iban a echar porque era “un empleado más”.
“Me enojé, no controlé ni mi ansiedad ni mi bronca. Agarré el arma y disparé, no medí las consecuencias”, afirmó Guzmán entre lágrimas.
Dijo que tenía un trato cordial con Medina y que no había tenido inconvenientes. Y relató que después del crimen tiró el arma y el teléfono celular porque “había hecho algo muy malo” y porque estaba “desahuciado”.
“Me escapé porque tenía miedo de quedar preso, me angustié por lo que hice, me arruiné la vida y la de mi familia”, sostuvo y agregó: “Quedé desempleado, sin indemnización, sin futuro, no tengo palabras para transmitir la bronca”.
Tras la indagatoria, el tribunal dispuso que las declaraciones de testigos comenzarán el próximo martes 21 de abril.
EL DIA DEL HOMICIDIO
El día del homicidio, Guzmán llegó a las 10.15 a la peluquería donde trabajaba desde hacía más de ocho años. Atendió a dos clientas que ya lo estaban esperando. A las 13 tomó su mochila y se fue sin decir nada. Volvió una hora después.
Después de atender a su última clienta se fue a la cocina del local sin hablar con ninguno de sus compañeros, “con quienes tenía conflicto, principalmente, por sus trabajos de alisado con formol, sustancia prohibida por sus efectos tóxicos, que el nombrado no dejaba de utilizar pese a las advertencias de sus pares, ocasionando malestar en el ambiente laboral”, según quedó reflejado en la resolución judicial que fijó la prisión preventiva del acusado de homicidio agravado.
A la tarde, cerca de las 17, Guzmán invitó a tomar un café a Carlos Alberto Azorín, el encargado de la peluquería. Fueron a un local situado en Austria y Juncal. “Estoy cansado, necesito paz mental, ya me da todo lo mismo, necesito terminar el tema hoy, voy a hablar con el dueño”, le dijo el asesino.
Según los testimonios incorporados a la causa durante la instrucción del caso, Guzmán iba a ser despedido en forma inminente de la peluquería Verdini, “circunstancia conocida por el acusado, que quería resolver el ‘problema’ ese mismo día”.
El peluquero y el encargado del local regresaron a la peluquería a las 18. “Guzmán se sentó en una de las sillas que da a la calle y le pidió a Azorín que le cortara el cabello. Si bien inicialmente le cortó el pelo a los costados, el imputado le pidió que lo rapara; ‘así quedo más loquito’, dijo”, según la reconstrucción plasmada en el expediente judicial.
A las 20, Guzmán comenzó con su faena criminal. Fue hasta el exhibidor de productos ubicado en la parte delantera de la peluquería, tomó las llaves del local, bajó la persiana, cerró la puerta de ingreso y se guardó las llaves.
Tres de sus compañeros de trabajo y el dueño de la peluquería charlaban y tomaban cerveza. Guzmán se acercó a Verdini y le preguntó: “¿Vos tenés algo para decirme?”. El dueño del local respondió: “No, mañana vamos a hablar”. Fue en ese momento que el peluquero asesino sacó el arma que tenía oculta en la cintura, debajo de la ropa, y les espetó: “Quédense quietos porque les vuelo la cabeza a los cuatro”.
Luego visualizó a Medina, que estaba quieto, sentado en un sillón, le apuntó directo a la cabeza y le disparó. Esa secuencia quedó grabada por una cámara de seguridad instalada en el local comercial, cuyas impactantes imágenes no solo representan una prueba contra el tirador, sino que también generaron un fuerte impacto social al viralizarse en medios y redes sociales.