El gobierno ucraniano esperaba anoche un recrudecimiento del ataque aéreo de Rusia sobre la capital y los alrededores de Kiev, por lo que instó a la población a no salir de los refugios. En tanto, la ONU confirmó que la cifra de civiles muertos desde el inicio de la invasión se amplió a 240, aunque advirtieron que puede ser aún mayor.
Según fuentes ucranianas, Rusia hizo volar un depósito de petróleo en la localidad de Vasilkova, a 30 kilómetros de la capital, dejando gruesas columnas de humo en el cielo e intenso fuego.
La batalla por Kiev es cada vez más feroz. Desde la tarde del sábado, y hasta el lunes por la mañana, un toque de queda total transformará la capital en una ciudad fantasma: podrán circular solo los militares y los civiles enrolados con la movilización general de defensa.
"Quien sea encontrado por la calle, será tratado como un enemigo", avisó el alcalde Vitalij Klitschko, ex púgil que prometió combatir y morir por la patria.
La capital permanece, en tanto, bajo asedio, entre sirenas de alarma y edificios derrumbados. Como el edificio residencial afectado por un misil en la noche entre el viernes y el sábado, que Moscú niega, pero que tomó como blanco, asegurando que apunta solo a infraestructuras militares. La lluvia de misiles y las arremetidas de artillería incluso impactaron en un hospital pediátrico matando a un niño, hiriendo a dos y a dos adultos.
El sábado, el presidente ucraniano Volodomir Zelensky mantuvo conversaciones con la presidenta de la Comisión Europea Ursula Von der Leyen; el primer ministro italiano Mario Draghi y el presidente indio Ram Nath Kovind, a quien le habló de "100 mil invasores en nuestro territorio".
También habló con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien aseguró a Zelensky que "fortalecerá la asistencia humanitaria al pueblo ucraniano" y con el papa Francisco, expresó "su más profundo dolor por los trágicos acontecimientos que están teniendo lugar" en Ucrania.
El temor concierne a las infiltraciones de saboteadores enemigos, en una ciudad inmersa en el caos de un éxodo masivo a bordo de los últimos trenes en partida. Según la ACNUR, los refugiados en los países vecinos en 3 días de guerra son más de 150.000, más de la mitad de ellos en Polonia.