Paula Hernández escribió el guión de “Lluvia” hace tres años y tuvo la suerte de ser seleccionada para perfeccionarlo durante 2005, en las clínicas del Festival de Berlín, el Festival de Amiens y la beca Equinoxe de París. Su intención era empezar a filmar en 2006, pero el proceso debió interrumpirse por problemas de financiación y el embarazo de Valeria Bertuccelli. “Es cierto: pasó mucho tiempo desde mi primer largometraje”, dice. “Pero durante ese lapso dirigí mucho: publicidades, un corto del programa ‘Mujeres en Rojo’, un capítulo de ‘Vientos de Agua’, un documental. Por eso, el aprendizaje no estuvo detenido”.
“Me da mucha felicidad haber podido concretar esta película”, añade, “porque hubo un momento en el que sentí que iba a ser un guión que se quedaría flotando en la atmósfera. Es una historia mucho más personal que ‘Herencia’, pues tiene más riesgo desde el relato y los personaje. Hay más en juego”.
“Lluvia” es un film que llega tras el estreno en el Malba, en Julio de 2007, de otro trabajo de la cineasta: el mediometraje “Los Lugones, Una Familia Maldita”, que trata acerca del linaje del escritor Leopoldo Lugones. “Es una mezcla de documental y ficción”, explicaría en su momento. “Durante un viaje al Tigre, dos personajes se encuentran con historias de la familia Lugones. Así, la ficción va dando paso al documental, que consiste en entrevistas y material de archivo”.
Paula Hernández ha declarado que para escribir el guión de “Lluvia” se inspiró en algunas situaciones personales, “pero básicamente, en ciertos estados anímicos vinculados con la soledad y un desconcierto generacional que está muy presente en los treintañeros”.
En relación a la lluvia, su presencia e importancia en el relato y la imagen del filme, Hernández señaló que “más allá de la connotación melancólica y romántica, la lluvia es una metáfora pero por otro lado incide sobre los personajes, sencillamente porque “el encierro, la incomodidad y el agobio que produce el agua, también modifica a los personajes”.
Un aspecto llamativo del film es que el personaje de Roberto tiene mucho en común con el actor que lo interpreta. Cuando tuvo que exiliarse en España durante la dictadura militar, Héctor Alterio se fue junto con su mujer y sus pequeños hijos, Ernesto y Malena. Y ahora, más de 30 años después, Ernesto hubo de regresar para personificar a un argentino, radicado desde la infancia en España, que vuelve a la Argentino al cabo de tres décadas. “Pero nuestras historias son diferentes”, aclara Alterio. “Los padres de Roberto son españoles. Se separan cuando él es pequeño: la madre se lo lleva a España y él ya no sabe más de su padre”.