Un espacio verde de Ciudadela lleva el nombre del vecino que lo plantó

Manuel Juan Serafín quien vivió en Astra y al jubilarse se mudó a Ciudadela, fue el impulsor del espacio verde que ayer fue bautizado con su nombre.
Hace más de 30 años, junto a sus nietos plantó más de una decena de árboles que hoy le dan color y vida a ese sector. "Es un enorme placer tener este espacio verde. Prometo por parte de mi familia y mis hijas, cuidarlo y que esto sea para los hijos de mis hijos", afirmó su nieto, Gabriel Barrera.
Manuel Juan Serafín nació en Portugal, emigró a Argentina en 1950 y ahora tiene un bulevar que lleva su nombre, en homenaje al trabajo que realizó sobre ese trozo de tierra que convirtió en un espacio verde, el cual hoy adorna el paisaje de Ciudadela entre las calles Constitución y 1 de Mayo.
La iniciativa para homenajearlo surgió de su hija, Catalina, quien ayer estuvo presente en el acto donde el intendente, Néstor Di Pierro, descubrió la placa que lleva el nombre de este inmigrante, que supo trabajar en Astra y que tras jubilarse se mudó al barrio gaucho.
Es que la mujer durante el año pasado realizó una campaña de recolección de firmas para presentar el proyecto al municipio y luego buscar su sanción a través del Concejo Deliberante lo que finalmente logró a través de la ordenanza N° 11.644/14.
En ese momento, la iniciativa recibió el apoyo de más de 750 vecinos, quienes avalaron la petición en homenaje a Manuel Juan, quien plantó los arboles del lugar junto a nietos, entre ellos Gabriel Barrera que ayer no pudo ocultar su emoción.
"Esto es un regalo grande, lo sabemos. Yo era chiquitito como mis hijas, tenía 8 o 10 años, 35 años atrás y recién plantábamos los árboles, y hoy después de mucho tiempo gracias a la gestión de Martínez y de la gestión del señor intendente, es un enorme placer tener este espacio verde. Prometo por parte de mi familia y mis hijas, cuidarlo y que esto sea para los hijos de mis hijos", señaló el hombre ante el aplauso de los presentes que acompañaron la ceremonia.
Catalina, en tanto, prefirió no hablar frente al público, pero sí se animó ante la consulta de El Patagónico, y recordó aquellos años de la década del 80, cuando su padre comenzó con el plantado de árboles.
"Era todo descampado y como buen portugués que le gusta el verde con los nietos empezó a zanjear, y a medida que iban consiguiendo arboles él iba poniéndolos", recordó.
"Hay de toda clase y después regaba. A él le gustaba el verde, entonces empezó a hacer esto, incluso el Centro Tradicionalista tenía todos los árboles plantados por él, realmente es muy emocionante todo esto", agregó la mujer, emocionada por este eterno reconocimiento a una labor que debería ser imitada en diferentes barrios.

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