Un accidente dejó en evidencia la falta de controles en la seguridad de los yacimientos dentro del ejido urbano

Un chico de once años que en la tarde del 8 de marzo jugaba con un amigo en un descampado, se electrocutó con un transformador de alta tensión. Fue en un equipo de bombeo en una locación de Patagonia Petrolera SRL. En noviembre la firma suspendió su producción luego de cinco de años de nulas inversiones, dejando dos áreas completamente inactivas con el peligro que representan por estar en medio de los barrios Manantial Rosales y Laprida.

Manuel, el niño que el martes 8 de marzo se electrocutó con un transformador en las inmediaciones de un yacimiento petrolero situado en proximidades del ejido urbano de barrio Laprida, fue llevado el último miércoles por cuarta vez al quirófano por las secuelas que le dejó el accidente. El objetivo de los médicos es poder salvarle el cien por ciento de la mano que tiene comprometida y que recupere la movilidad.
Fue un accidente que se podría haber evitado si tanto si los organismos estatales y la empresa Patagonia Petrolera SRL, adjudicataria del pozo donde ocurrió, hubieran tomado las medidas de seguridad que impone este tipo de actividad en el medio de un ejido urbano como el de Comodoro Rivadavia.
Manuel aún continúa internado y mientras tanto su padre, César Quinteros, que paradójicamente trabaja para esa empresa; y su abuelo Mario, titular del Centro de Jubilados del Petróleo y Gas Privado de Chubut, esperan respuestas del Estado, pero también de la Justicia.
Es que el último jueves, es decir más de una semana después de ocurrido el incidente, el Ministerio Público Fiscal recién recibió las actuaciones del caso, que tomó estado público luego de que fueran enviadas desde la Comisaría de Laprida.
Así lo confirmó el abogado Gustavo Menna, quien asesora al padre de Manuel, quien se presentó como querellante en la causa con el objetivo de deslindar responsabilidades y saber quién fue el culpable de que esto ocurriera, luego de que se denunciara un vaciamiento de la empresa, nulas inversiones en los últimos cinco años, e irrisorias medidas de seguridad.

UNA EMPRESA
SIN DIRECCION
Según pudo confirmar El Patagónico, Patagonia Petrolera es propiedad del empresario italiano Andrea Cattaneo con acciones de Zenith Energy Limited, una compañía internacional de exploración y explotación de origen canadiense.
En Comodoro Rivadavia opera principalmente en la zona de Manantial Rosales y Laprida, en los yacimientos Don Ernesto y Don Alberto. Allí según confirmaron fuentes extraoficiales llegaron a operar más de 25 pozos, pero en los últimos meses de 2015 solo funcionaban cuatro con una producción de ocho metros cúbicos que eran vendidos a la operadora YPF, la cual dejó de comprarle el hidrocarburo por su escasa calidad.
En noviembre la empresa fue inspeccionada por el Ministerio de Hidrocarburos de Chubut que en ese entonces paró su producción y suspendió sus actividades. De esa forma, los seis empleados que tiene la firma y aún mantiene, debieron abandonar sus labores habituales de producción y comenzar a realizar tareas generales, las cuales se mantuvieron hasta el 9 de marzo, ya que tras el accidente, en la planta que la empresa tiene en Manantial Rosales se suspendieron todas las tareas.
Esto motivó que ese día el Ministerio de Hidrocarburos, al tomar conocimiento de lo ocurrido y al realizarse una nueva inspección, no encontrara nada, según confirmó el ministro Sergio Bohe al ser consultado por El Patagónico.
"No se encontró nada. Se hizo un relevamiento muy detallado del estado de las instalaciones, pero no pudimos dar con nadie, ni en el domicilio legal que tiene en Comodoro Rivadavia ni con el que la empresa tienen en Buenos Aires", afirmó el funcionario provincial.
"Entonces se hicieron observaciones en campo del estado de situación, pero ya veníamos notificando a esta gente; habíamos tenido reunión con el encargado en enero porque no es la mejor situación la que tiene respecto al estado de avance de inversión, la relación con el gremio, el atraso en pago de salarios, y reclamos de pymes y regionales que no han cobrado", enumeró al confirmar que el crudo que producía había sido rechazado por YPF.
Por el momento, según explicó Bohe, se está compilando información y analizando los incumplimientos que la empresa presenta en otras áreas con respecto a la falta de inversión, la producción y el desarrollo. "Hemos emitido notas y resoluciones, pero se acabaron las notas y ahora lo están siguiendo los abogados. Estamos esperando tener reuniones con otras autoridades de los gobiernos provincial y nacionales. No descartamos nada, pero no nos precipitamos", aseguró al ser consultado por una posible expropiación del área ante las irregularidades y deficiencias detectadas.

UN ACCIDENTE EVITABLE
Más allá de la falta de inversiones y el incumplimiento de sus obligaciones laborales con sus trabajadores, Patagonia Petrolera SRL abandonó por lo menos 20 pozos que se encuentran en las proximidades de Laprida y Manantial Rosales y se desconoce el estado de las medidas de seguridad. La situación es preocupante, ya que estas zonas son lugares frecuentes donde deambulan niños, cazando lagartijas y escalando cerros, sin ser conscientes del peligro que representa.
Para tener magnitud basta con recordar el accidente de Manuel, quien esa tarde, cerca de las 19, estaba entrenando en el polideportivo del barrio, en la zona conocida como "Las Latas" de Manantial Rosales, cuando se le ocurrió junto a su amigo Alan ir a jugar a unos 80 metros, donde se encuentra el pozo 1001 del yacimiento Don Ernesto.
Así treparon la pequeña loma y llegaron a este pozo que se encuentra fuera de producción. Corriendo entraron a una de las jaulas, donde había un extraño artefacto que terminó siendo un transformador de alta tensión. El golpe fue inmediato y apenas Manuel lo tocó sufrió la descarga y salió despedido hacia atrás ante la temerosa mirada de su amigo.
Quedó seminconsciente y el dolor le impedía moverse. Como pudo le pidió ayuda a Alan quien atinó a arrastrarlo del brazo izquierdo, ya que el derecho le dolía mucho a Manuel, y así lo llevó hasta la ladera de la lomada.
Desde allí, desesperado, Alan comenzó a pedir ayuda y por fortuna su madre, que se encontraba en el patio de su vivienda alcanzó a escuchar su voz. La mujer llevó al niño herido hasta su casa y llamó a su padre, quien decidió trasladar a su hijo por sus propios medios.
Así llegó al Hospital Alvear donde intentaron gestionar su traslado al Hospital Regional, ya que no contaban con un especialista para este tipo de casos. Sin embargo, fue en vano, ya que el centro asistencial no tenía camas disponibles, por lo que Manuel luego de una hora fue trasladado a la Clínica del Valle donde se recupera de las lesiones que sufrió, luego de que se analizó su posible traslado a Buenos Aires, lo cual fue desestimado por la imperiosa necesidad de intervenirlo quirúrgicamente.
Es que la descarga, según explicó su abuelo, le ingresó por el brazo derecho, con el cual se tomó del transformador, y tras recorrer parte del lado derecho de su cuerpo salió por la planta de su pie, causándoles lesiones en mano, antebrazo, axila, tórax, abdomen y pie derecho.
Un equipo de El Patagónico visitó el pozo 1001. Si bien el equipo de bombeo estaba cercado y fuera de producción era posible ingresar al mismo con un poco de esfuerzo, ya que no contaba con un candado y el cerco estaba roto.
En el lugar llama la atención la falta de señalización y el hecho de que el cerco donde estaba enjaulado el transformador tenía un candado nuevo, lo que hace presumir que el día del accidente, tal como dijo Manuel, estaba la puerta abierta. A esto se suma que el transformador que alimenta exclusivamente a ese pozo, estaba en funcionamiento, cuando no debería estarlo.
El preocupante panorama del pozo 1001 es similar a la situación que se pudo apreciar en las otras locaciones de la empresa, donde hay cercos y equipos de bombeo rotos, sin señalización ni cartelería que advierta el peligro que representa en plena zona urbana y a baja altura.
"Es una vergüenza todo lo que está pasando", afirmó César Quinteros al ser consultado por esta situación que le toca atravesar a su hijo. "Me indigna mucho como padre lo que estoy sufriendo y está sufriendo Manuel".
"Yo esto lo manifesté, que eso no podía estar así, que había que poner en condiciones esas cosas y algún día le podía pasar algo a alguien. Lamentablemente, le pasó a mi hijo y estaba con otro amigo que también le podría haber pasado, u a otro nene porque siempre andan un montón de chicos. Lo único que quiero es que se haga algo", manifestó optando por no brindar más declaraciones sobre lo sucedido.
El Patagónico intentó contactarse con autoridades del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Chubut. Sin embargo, no brindaron declaraciones sobre la situación de esta empresa y de las condiciones en que se encuentran estos y otros yacimientos situados dentro del ejido urbano.
Es que la situación no solo tiene como escenario a Laprida y Manantial Rosales, sino que también se da en otros barrios como Mosconi, Restinga Alí, Kilómetro 5, los cuales ahora serían inspeccionados a través de una dirección que creará el Ministerio de Hidrocarburos para inspeccionar la seguridad en los yacimientos y otras instalaciones. Lo lamentable es que hubo que esperar a que se produjera un accidente como el que tuvo como víctima a Manuel para que se tomaran medidas.

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