Al iniciar la semana del 27 de marzo de 2017 desde distintos organismos se emitía un alerta por lluvias fuertes para el fin de semana en Comodoro Rivadavia, por lo que se comenzaron a realizar trabajos preventivos como la limpieza de los desagües y se solicitó a los vecinos limpiar canaletas y patios.
Este alerta pasó desapercibido para gran parte de la población que hasta ese momento ni siquiera en sus peores pesadillas podía imaginar lo que iba a suceder. El 29 de marzo amaneció con una neblina que hizo desaparecer el Cerro Chenque de la vista de todos.
A las 18:00 de ese mismo miércoles comenzó a llover y la lluvia que comenzó abruptamente terminó de igual manera dejando a barrios enteros sin luz. Cuando los 20 minutos de furia finalizaron, los celulares comenzaron a recibir imágenes de lo sucedido.
Autos flotando y amontonándose, gente corriendo, animales desorientados y la tierra que comenzaba a agrietarse, abrirse para dejar pasar el agua que no podía absorber el suelo árido de Comodoro.
El transporte público de pasajeros canceló todos los recorridos, los taxis y remises desaparecían de la postal céntrica de la ciudad y las familias comenzaban a desesperarse por querer llegar a sitios que estaban tapados de agua y barro.
El jueves 30 de marzo comenzó con una tensa calma, los vecinos intentaban sacar el agua de adentro de sus casas, el canal evacuador de avenida Roca seguía desbordado y se empezaba a dimensionar el impacto de los 30 minutos de lluvia. Pocos sabían que la lluvia del miércoles era apenas el comienzo. Ese mismo jueves a la noche una fina lluvia, pero persistente, arreciaba y volvía a generar preocupación.
Los cortes de luz eran esporádicos, cargar el celular para estar comunicados era vital en esos momentos, la lluvia siguió, se acumuló, el lodo comenzó a bajar, tapar casas, autos, enterrando animales vivos y generando caos por donde pasaba.
Durante una semana las familias intentaron limpiar sus hogares, sacar el barro de sus patios y ayudar a amigos y familia que habían sufrido la intensidad del temporal. Mientras tanto desde los organismos oficiales se quitaba el barro de las calles y se acumulaban en las esquinas.
Cuando todo parecía haber pasado, el jueves 6 de abril a la noche lo peor que podía pasar pasó, comenzó a llover y no paró durante varias horas, los milímetros se acumularon, el barro abarrotado en las esquinas comenzó a entrar a las casas, el agua ahora no solo llegaba a la mitad de la puerta de las casas, tapaba las entradas y cientos de familia pasaban la noche en el techo a la espera del rescate.
Tanques militares, kayaks y camionetas 4x4 comenzaron a desfilar en una cruda noche donde la desesperación y la desolación se unieron para generar una angustia que hasta el día de hoy no se puede sacar ningún habitante que haya sufrido el temporal. Dos años pasaron de aquella catástrofe que quedó marcada en la historia y el recuerdo de los comodorenses. Fueron 320,4 milímetros (mm) en menos de 14 días, superando ampliamente el récord de 1946, cuando llovieron 140,6 mm. En Comodoro Rivadavia llovió en dos semanas lo que en condiciones normales llueve en tres años.