Durante 2024, la mortalidad infantil en Argentina se incrementó en un 6.25 por ciento en relación a 2023. Con ello, se interrumpe la tendencia de descenso que se sostenía desde hace más de 20 años. Un nuevo informe realizado por la Fundación Soberanía Sanitaria pone en evidencia los números que al gobierno no le gusta mostrar. El marco económico, el recorte de programas dedicados al cuidado perinatal y el alejamiento del Estado en la gestión de la salud pública ya provocan efectos en las poblaciones más vulnerables. Consecuencias que no se contemplan en el Excel del ministro de Economía y compañía, pero que afectan de manera determinante.
El informe recoge datos públicos oficiales que son provistos por la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud del Ministerio de Salud de la Nación. En concreto, la tasa de mortalidad infantil llegó a 8.5 muertes por cada 1.000 niños nacidos vivos. Ello se traduce en un aumento del orden del 6.25 por ciento en comparación con el registro de 2023, cuando el indicador era de 8 muertes por cada 1.000.
Pablo Yedlin, médico y diputado nacional de Unión por la Patria, indicó a Página 12: “La mortalidad infantil es un indicador duro de la situación social, económica, educativa, cultural y sanitaria de un país. Por eso se usa en comparaciones internacionales. El medio punto de la media nacional es un valor de preocupación porque además corta la tendencia de muchos años de descenso”.
A su turno, Nicolás Kreplak, ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, destacó: “Mortalidad infantil es uno de los indicadores principales del desarrollo de las sociedades. Habla de la desigualdad y de la inequidad en salud. De Latinoamérica, después de Cuba, Argentina siempre fue el país con mejor tasa y hoy es superada por Chile y Costa Rica. Si se tienen en cuenta países de Europa o Japón, la mortalidad está por debajo de 2 y nosotros la tenemos en 8.5”.