Astra: un barrio de herencia petrolera

Carlos Kalpactchieff, hijo del primer buzo de Astra y dueño del bar donde recientemente YPF filmó su último spot publicitario, recordó la época en que la vida del barrio dependía de la empresa Astra, la cual se inició en 1912 y siguió su actividad hasta 1960, con una exploración total de 1.149 pozos.

Astra es un barrio de herencia petrolera, que nació por la creación de una compañía y un campamento, la cual se instaló fuera de la zona de exclusión, delimitada por el gobierno. Allí en 1912 se montó el primer pozo de petróleo del sector, el cual dio lugar a esta historia.
Ayer, el barrio cumplió 100 años, es que hace un siglo nació Marta Egle, la primera mujer oriunda del sector. Hoy Astra está lejos de ser la máquina industrial de principios del siglo XIX, donde se asentaban poblaciones completas de inmigrantes que vivían en las gamelas.
En la actualidad sólo quedan viejos edificios con estructura antigua, alturas exorbitantes, y fachadas extrañas que alejan aún más los 20 kilómetros de distancia que separan al sector del centro de Comodoro Rivadavia.
Queda poco de la vida pasada, ya que cuando la compañía petrolera cambió de dueños en la década del 60, muchos trabajadores migraron a la zona urbana. Otros decidieron quedarse, como Carlos Kalpactchieff, el dueño del bar donde recientemente YPF, ahora renacionalizada, filmó su último spot publicitario.
Carlos es un vecino de la viaje guardia, hijo del primer buzo que tuvo la empresa Astra y que fue uno de los referentes del sector por su contribución a su desarrollo.  "Nací acá pero hace 46 años que estoy en el barrio. Antes estudiaba y me tocó hacer la colimba en Ushuaia. Después me vine a vivir acá, estaba mi familia y cuando mi viejo se fue al petróleo de nuevo yo me quedé, hasta hoy”, cuenta.
“Mi viejo vino a los 18 años de Bulgaria fue el primer buzo de Comodoro. El bajaba en el puerto de Caleta Córdova, trabajaba con caños. Fue el primero pero una vez tuvo un problema, lo atacó un tiburón, y no quiso bajar más hasta que le pusieran algo con que comunicarse a la superficie, narró.
El cantinero de ojos claros es un hombre de pocas palabras. Cuando habla se nota el orgullo de los recuerdos y la tranquilidad con que vive su presente. Su viejo, Pedro, hace 46 años fue el primero que atendió el bar que fundó la compañía, la cual tenía como política generar espacios de diversión para los trabajadores que vivían en el campamento.

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