La fuga se registró alrededor de las 3:40 y lo insólito fue que salieron corriendo por la puerta principal de la comisaría luego de que uno de ellos abriera la puerta del calabozo donde se encontraban con otros reos.
Fuentes consultadas revelaron a El Patagónico que sobre ambos pesan causas por asaltos con armas de fuego e incluso están implicados en un homicidio.
Uno de ellos tiene brazos muy delgados y largos, por lo aprovechó esa condición física para introducir una mano por la mirilla del calabozo y levantar el pestillo de la puerta metálica y abrirla.
De inmediato ambos avanzaron a paso ligero por un pasillo, pasaron por delante de la oficina de guardia y abrieron la puerta que da a la avenida Néstor Kirchner, para comenzar a correr en diferentes direcciones, procurando buscar calles con poca iluminación.
Antes de ello hubo gritos de los policías de guardia que fueron tomados de sorpresa y de inmediato varios de ellos comenzaron a perseguirlos, otros dieron la alerta de la fuga a otras unidades por equipos de radio y dos más corrieron hacia la puerta del calabozo para cerrarla de inmediato, evitando que otros presos pudieran escapar.
Patrulleros de otras comisarías y del Comando Radioeléctrico iniciaron de inmediato un operativo de búsqueda logrando atrapar en pocos minutos y a pocas cuadras de la Comisaría Primera -en la esquina de las calles Muratore y Mitre- a uno de los fugitivos.
El restante fue hallado poco después de una hora oculto en el patio de un taller mecánico en una zona más alejada, en la calle Aristizábal. Quedó en evidencia que la fuga fue espontánea y no estuvo planificada con tiempo ya que los delincuentes no contaban con ayuda exterior.