La investigación determinó que César Yaicuaré aprovechó el momento en que realizaba las curaciones de la joven para besarla sin su consentimiento y realizarle tocamientos por debajo de la ropa. Además, durante la atención le pidió su número de teléfono con la intención de invitarla a salir y le hizo comentarios de carácter sexual.
La víctima, una joven brasileña, rompió en llanto tras el episodio y decidió abandonar el hospital con el alta voluntaria. Luego le contó lo sucedido a su hermano, quien radicó la denuncia que dio origen a la causa.
La fiscal María Paula Asaro imputó al enfermero por abuso sexual simple y sostuvo que el acusado actuó aprovechando la situación de vulnerabilidad de la paciente y la relación de confianza propia del ámbito hospitalario. Como parte de la investigación, los peritos incorporaron conversaciones entre la joven y su hermano, además de un mensaje que el propio enfermero le envió y eliminó inmediatamente después del hecho.
Durante el juicio, Yaicuaré negó las acusaciones y aseguró que el mensaje que le envió era para hacer un seguimiento de su estado de salud. También afirmó que fue la paciente quien le realizó preguntas personales y sostuvo que ella "bajó el pantalón más de lo necesario" durante la atención médica.
Sin embargo, el juez Juan Ramos Padilla consideró acreditada la existencia de besos no consentidos y otros actos de abuso ocurridos en un contexto de vulnerabilidad y aprovechamiento de la función que desempeñaba el acusado como enfermero.
Si bien la Fiscalía había solicitado una pena superior a los tres años de prisión y la inhabilitación para ejercer la profesión, el magistrado resolvió condenarlo a 10 meses de prisión en suspenso y rechazó el pedido de inhabilitación al considerar, entre otros aspectos, que no registraba antecedentes penales ni sanciones disciplinarias previas.